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A propósito de El cadáver de la novia, de Tim Burton
QUIROGA EN "SÍNCOPE DE AMOR" Y UNA "NOVIA CADÁVER"

por Isabel Cocorel (junio, 2006)




El cadáver de la novia


Montevideo se viste de otoño y va transformándose en la metáfora de algo, depende de quien la mire. El otoño, además de una estación del año, se puede entender como el período de la vida humana en que ésta declina de la plenitud hacia la vejez. Tiene su relación con la muerte, puesto que anuncia el invierno y tiene algo de magia con sus hojas de colores ocres que acolchonan las calles. Por acá ya empezamos a esconder la cabeza en los abrigos, anticipando el gris del invierno, sin embargo hay tradiciones de otras culturas que festejan el otoño. Los mejicanos celebran en dicha estación "El día de los muertos" con papel picado, comidas típicas, golosinas con forma de calavera, canciones donde el novio busca a su amada en la sepultura. El festejo de la muerte es muy colorido y alegre.

Esta tradición habría inspirado a Tim Burton para presentar el mundo de ultratumba en El cadáver de la novia (2005), donde tanto los personajes como el ambiente son festivos y contrastan con los del mundo de los vivos, donde todo es gris y lúgubre. En esta película, Víctor, joven comprometido en casamiento por arreglo con una mujer de la que, no obstante, se enamora, termina encontrándose con la tumba de una novia asesinada tiempo atrás. Había salido a caminar y estaba ensayando sus votos nupciales, cuando al colocar el anillo en lo que él suponía era una rama, termina pidiéndole matrimonio a la muerta, puesto que se trataba del dedo de Emily, que así se llama, quien se lo lleva con ella al reino de los muertos y le pide que cumpla la supuesta promesa.

Este esquema donde el amor aparece en el inframundo, ya sea que los enamorados estén los dos muertos o sólo uno de ellos, se repite largamente en las distintas tradiciones mitológicas y en la literatura en general. Basta con pensar en ejemplos como los de Orfeo y Eurídice, o Dante y Beatriz. Existe, además, en la mitología griega, un caso como el de Hades y Perséfone. El dios de las mansiones infernales se enamora de la joven Perséfone, la rapta y la lleva con él al reino de los muertos. Démeter, la madre de la muchacha, siente una pena tan grande que produce la esterilidad y el agotamiento de los campos. Ante la intervención de Zeus, Hades acepta dejar que Perséfone durante una época al año, regrese a la tierra junto a su madre, devolviendo así, por ese período, la vida a la naturaleza. La primavera era un reflejo de la alegría de Démeter al ver nuevamente a su hija.

El hombre pone en movimiento la imaginación ante un objeto que aparece como maravilloso o intrigante. De ahí nace el mito, pero también la creación artística. Ya se trate de un escritor, un pintor,... o un director de cine, la muerte y el amor le generan muchas interrogantes y en esos espacios vacíos es donde se erige la obra de arte. Además, el artista que tiene en sus manos la creación de un pequeño mundo se ve tentado a romper los límites, sean del tiempo, del espacio o de la muerte, para encontrar en otras dimensiones lo que en el mundo natural no puede.

Tal es el caso de Horacio Quiroga que presenta, en una parte importante de su obra, al hombre debatiéndose denodadamente para salvar su vida ("A la deriva", entre muchos otros); pero en otra, quizá no tan conocida, la muerte es una posibilidad para alcanzar lo que la vida no da ("Más allá", por ejemplo). Es esta última parte la que le debe mucho al cine ("Miss Dorothy Phillips, mi esposa" centra su historia en torno a un guión de cine), de quien el escritor era aficionado, o el cine le debe mucho a Quiroga, porque se han realizado películas inspiradas en cuentos del autor uruguayo. No sólo se puede mencionar la fiel o libre representación de algunos de sus cuentos ("El hijo", "El almohadón de plumas", "La gallina degollada"), sino también, filmes que repiten sus recursos, por simple coincidencia o por inspiración en ellos. La rosa púrpura del Cairo (Woody Allen,1985), una de las películas más aclamadas del director neoyorquino, muestra cómo en una función de cine uno de los personajes se sale de la pantalla para tener un romance con una espectadora, algo muy similar a lo que sucede en el cuento "El espectro" de Quiroga. En la mayoría de estos cuentos relacionados con el cine, donde campea el elemento fantástico, lo que se busca y se logra a veces, trastocando los límites del tiempo, del espacio o de la muerte, es el amor. Curiosamente, y volviendo otra vez a Woody Allen, en su más reciente película Match Point (2005) se da un caso sobrenatural; dos personajes femeninos vuelven del más allá para recriminar por lo que les había sucedido.

"El síncope blanco" es otro cuento de Quiroga y en él, hay una "Novia-Muerta". Así, exactamente, la nombra el narrador. Un hombre, en una tarde de otoño, ha entrado en síncope por inspirar cloroformo en una operación que le practicaban y haber perdido el sentido. En ese estado, muy cercano a la muerte, se enamora de una mujer que "ve" en una sala sentada en un banco al lado de él. Ella, como él, está esperando para entrar en el lugar que le corresponda según la clasifique el encargado. Él no entiende mucho lo que ocurre y le pregunta al guardián, que le explica que existen dos "edificios" a los que van los que en una operación con cloroformo han caído en síncope. Uno es el del "síncope blanco", allí van los que mueren en la operación, y otro es el del "síncope azul", donde van los que tienen la posibilidad de recuperarse, aunque el hilo que les une con la vida es mínimo. Cuando el protagonista recupera la conciencia se da cuenta que la muchacha de la que se enamoró había caído en síncope blanco y la había perdido; se lamenta por ello. La muerte le había posibilitado sentir el amor, pero ahora que estaba vivo ella había desaparecido y piensa en la manera de volver a ese estado para poder recuperarla; cierra los ojos pero no logrará volver a verla. El escritor ensaya una explicación científica para ese encuentro en los filos de la muerte, inspirado quizás en el maestro del horror y lo fantástico Edgar Allan Poe.

Este autor dice en el cuento "El entierro prematuro": "Los límites que separan a la vida de la muerte son muy vagos y oscuros... Sabemos que hay enfermedades que producen el cese total de todas las aparentes funciones de vitalidad, y aun así este cese no es más que una simple suspensión. Solamente son pausas temporales en el incomprensible mecanismo. Cesa cierto período y se pone en movimiento cierto principio misterioso como si fuese mágico piñón de una rueda embrujada. El cordón de plata no se aflojó para siempre ni tampoco se quebró irreparablemente el jarrón de oro. Pero mientras tanto, ¿dónde estaba el alma?"

Los griegos tenían, también para esto, una explicación mitológica. Según los helenos, sobre los hombres actúan dos hermanos de formas muy parecidas, sin embargo de consecuencias muy diferentes. Uno de ellos es Hipno, el Sueño; y Tánato, la Muerte, que era el encargado de llevar al mundo subterráneo al mortal del que se apoderaba.

Así como sólo en la muerte el personaje de Quiroga podía encontrar la felicidad, en El cadáver de la novia es el mundo de ultratumba donde se encuentra el color y la alegría. Es en la otra dimensión en la que se trastocan las leyes naturales y de la realidad donde se encuentra lo especial, el verdadero sentimiento. Sin embargo uno de los dos enamorados tiene un pie fuera de esa dimensión y termina saliendo de ella y en ambos casos, el cuento de Quiroga y la película de Burton, es el personaje masculino. Por eso nos encontramos con una "Novia-Muerta", o con una "Novia Cadáver".

Como bien se sabe, Quiroga no tuvo mucha fortuna en sus relaciones amorosas, sufrió un amor frustrado, una primera esposa que se suicida y una segunda que lo abandona. En su cuento "Una estación de amor" expresa esa frustración y a medida que transcurren las estaciones el amor se muere y va adquiriendo un triste patetismo. Todo se desarrolla en este mundo, y el contexto es el de la sociedad de su época. Allí no hay lugar fértil para el amor, porque es corrompido por los vicios del hombre. Aunque sólo sea por el título, uno se ve tentado a relacionar este cuento y el tema que venimos tratando con una película surcoreana (de Kim Ki-duk) para quedarse con otra sensación, más esperanzadora: Primavera, verano, otoño, invierno... y otra vez primavera.

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