.: Novedades :..: Películas :..: Informes :..: Entrevistas :..: Videogames :..: Festival Montevideo Fantástico :..: Twitter :..: Facebook :..: Home :..: E-mail :..: Imprimir Documento :.


Google
 

El casamiento de Raquel, de Jonathan Demme
LA CASA DE CRISTAL


por AY




Una ex adicta a las drogas va dispuesta a pasar el fin de semana con su familia, ante el inminente casamiento de su hermana, para luego volver al centro de rehabilitación donde estaba. Varios parientes y amigos ayudan con los preparativos de la gran fiesta, y todo parece ir sobre ruedas, salvo por las reacciones que produce la llegada de esta joven (Anne Hathaway, nominada al Oscar como Mejor Actriz por este papel), que es vista con ciertos temores y prejuicios, no sólo por su vieja adicción sino también porque había sido partícipe de una tragedia que partió a su familia en pedazos.

Buena parte de la prensa especializada ha dicho que se trata de lo mejor que ha hecho Jonathan Demme hasta el momento, aunque seguramente vaya a ser más recordado por la oscarizada El silencio de los inocentes (1991) y también por el éxito de Filadelfia (1993). Demme había debutado como realizador bajo la batuta de su maestro Roger Corman (que tiene una fugaz aparición en El casamiento de Raquel) con el drama carcelario de mujeres Caged Heat (1974; nunca estrenado en cines uruguayos) y no es de extrañar que aquí haya apostado por una filmación bastante económica y que algo le debe no sólo a la practicidad, escasos recursos para manejarse y rapidez que Corman solía inculcarle a sus discípulos, sino también a la famosa corriente fílmica danesa del "Dogma", que surgió en 1995 tratando de reinventar el cine (permanente uso de cámara en mano, música y sonido solamente presentes en escena, entre otras reglas). De hecho, al ver esta película es inevitable no pensar en La celebración (1998) de Thomas Vinterberg.

Un punto a tener en cuenta es que el film presenta una visión bastante femenina; la hija del talentoso cineasta Sidney Lumet, Jenny, debuta aquí como guionista y lo hace con mucha puntería, sacando todo lo mejor de Anne Hathaway para enfrentarla a un duro contexto que tan solo pretende disimular un pasado cuyas cicatrices no han cerrado en absoluto. A esto hay que agregarle la autenticidad, en realidad cierta intimidad buscada por Demme, dado que en varias escenas los actores no sabían, entre tantas cámaras, cuál era la que los estaba filmando ni tampoco en qué momento lo hacían.

La película es un drama en ocasiones muy agudo, intenso, y que tan solo se desprende de las distintas expresiones de sus personajes, de la visión individual de cada uno, de momentos silenciosos y reflexivos, y hasta de todos ellos como grupo, visto desde afuera por el espectador, ya sea en reuniones para los preparativos de la boda, en brindis y comidas, y por supuesto en la fiesta del final. Entre hipocresía y discriminación, celos, dilemas y súbitas reacciones, Lumet parece decirnos que estamos ante otra de las tantas familias que vienen en paquete: un padre que trata de que no se pierda el equilibrio y manteniendo cierta diplomacia en el conflicto entre sus dos hijas, una madre separada y con su propia vida (Debra Winger, que regresa al cine luego de varios años) que piensa más en ella misma que en lo que quedó de su familia, una hermana que luce inflexible ante una tragedia, y otros familiares que hacen lo que pueden para animar la cuestión pero que en las que duelen ofician tan solo de figuras decorativas.

Aquí es donde entra a gravitar otra cosa, más bien en la segunda mitad de la película, y es la marginada protagonista como impensado catalizador de una familia que también tiene sus defectos. El personaje de Hathaway (sin dudas en su mejor película) demuestra una personalidad abierta y frontal, y a pesar de cierta inestabilidad comienza a establecer nexos, rompiendo tabúes pero con resultados desiguales, fallando donde menos pensaba y sintiéndose hasta impotente por no poder resolver problemas que en realidad no dependen tan solo de ella misma y que a veces la desconciertan.

Hay, además, un innegable gusto de Demme por lo que es la música, aunque a veces abusa bastante de las canciones (si hasta se puede ver a Hathaway bailando - como puede - a ritmo de samba) y eso lleva a que se pierda el interés de lo que está pasando por algunos minutos. Claro que la música es un elemento clave de distensión en todo este asunto, un gran drama familiar donde no hay celebración que lo pueda tapar.





EL CASAMIENTO DE RAQUEL (Rachel Getting Married) - Estados Unidos, 2008 - Dirección: Jonathan Demme. Guión: Jenny Lumet. Con Anne Hathaway, Rosemarie De Witt, Mather Zickel, Bill Irwin, Debra Winger. Duración: 113 minutos.


.: Derechos Reservados :.