LA CASA DE CRISTAL

Una ex adicta a las drogas va dispuesta
a pasar el fin de semana con su familia,
ante el inminente casamiento de su hermana,
para luego volver al centro de rehabilitación
donde estaba. Varios parientes y amigos
ayudan con los preparativos de la gran
fiesta, y todo parece ir sobre ruedas,
salvo por las reacciones que produce la
llegada de esta joven (Anne Hathaway,
nominada al Oscar como Mejor Actriz por
este papel), que es vista con ciertos
temores y prejuicios, no sólo por
su vieja adicción sino también
porque había sido partícipe
de una tragedia que partió a su
familia en pedazos.
Buena parte de la prensa especializada
ha dicho que se trata de lo mejor que
ha hecho Jonathan Demme hasta el momento,
aunque seguramente vaya a ser más
recordado por la oscarizada El
silencio de los inocentes (1991)
y también por el éxito de
Filadelfia (1993). Demme
había debutado como realizador
bajo la batuta de su maestro Roger Corman
(que tiene una fugaz aparición
en El casamiento de Raquel)
con el drama carcelario de mujeres Caged
Heat (1974; nunca estrenado en
cines uruguayos) y no es de extrañar
que aquí haya apostado por una
filmación bastante económica
y que algo le debe no sólo a la
practicidad, escasos recursos para manejarse
y rapidez que Corman solía inculcarle
a sus discípulos, sino también
a la famosa corriente fílmica danesa
del "Dogma", que surgió
en 1995 tratando de reinventar el cine
(permanente uso de cámara en mano,
música y sonido solamente presentes
en escena, entre otras reglas). De hecho,
al ver esta película es inevitable
no pensar en La celebración
(1998) de Thomas Vinterberg.
Un punto a tener en cuenta es que el
film presenta una visión bastante
femenina; la hija del talentoso cineasta
Sidney Lumet, Jenny, debuta aquí
como guionista y lo hace con mucha puntería,
sacando todo lo mejor de Anne Hathaway
para enfrentarla a un duro contexto que
tan solo pretende disimular un pasado
cuyas cicatrices no han cerrado en absoluto.
A esto hay que agregarle la autenticidad,
en realidad cierta intimidad buscada por
Demme, dado que en varias escenas los
actores no sabían, entre tantas
cámaras, cuál era la que
los estaba filmando ni tampoco en qué
momento lo hacían.
La película es un drama en ocasiones
muy agudo, intenso, y que tan solo se
desprende de las distintas expresiones
de sus personajes, de la visión
individual de cada uno, de momentos silenciosos
y reflexivos, y hasta de todos ellos como
grupo, visto desde afuera por el espectador,
ya sea en reuniones para los preparativos
de la boda, en brindis y comidas, y por
supuesto en la fiesta del final. Entre
hipocresía y discriminación,
celos, dilemas y súbitas reacciones,
Lumet parece decirnos que estamos ante
otra de las tantas familias que vienen
en paquete: un padre que trata de que
no se pierda el equilibrio y manteniendo
cierta diplomacia en el conflicto entre
sus dos hijas, una madre separada y con
su propia vida (Debra Winger, que regresa
al cine luego de varios años) que
piensa más en ella misma que en
lo que quedó de su familia, una
hermana que luce inflexible ante una tragedia,
y otros familiares que hacen lo que pueden
para animar la cuestión pero que
en las que duelen ofician tan solo de
figuras decorativas.
Aquí es donde entra a gravitar
otra cosa, más bien en la segunda
mitad de la película, y es la marginada
protagonista como impensado catalizador
de una familia que también tiene
sus defectos. El personaje de Hathaway
(sin dudas en su mejor película)
demuestra una personalidad abierta y frontal,
y a pesar de cierta inestabilidad comienza
a establecer nexos, rompiendo tabúes
pero con resultados desiguales, fallando
donde menos pensaba y sintiéndose
hasta impotente por no poder resolver
problemas que en realidad no dependen
tan solo de ella misma y que a veces la
desconciertan.
Hay, además, un innegable gusto
de Demme por lo que es la música,
aunque a veces abusa bastante de las canciones
(si hasta se puede ver a Hathaway bailando
- como puede - a ritmo de samba) y eso
lleva a que se pierda el interés
de lo que está pasando por algunos
minutos. Claro que la música es
un elemento clave de distensión
en todo este asunto, un gran drama familiar
donde no hay celebración que lo
pueda tapar.
EL CASAMIENTO DE RAQUEL
(Rachel Getting Married) - Estados
Unidos, 2008 - Dirección: Jonathan
Demme. Guión: Jenny Lumet. Con
Anne Hathaway, Rosemarie De Witt, Mather
Zickel, Bill Irwin, Debra Winger. Duración:
113 minutos.