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El romance de Astrea y Celadón
FILM DE ROHMER EN EL BAFICI

por Germán Cáceres (desde Buenos Aires)




Para ubicarse en este peculiar filme, es necesario saber que el escritor Honoré d´Urfé (1568-1625) escribió La Astrea, la que tiene más de cinco mil páginas y está considerada la primera novela-río de la literatura francesa (otras grandes de esa lengua fueron En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, Los Thibaut, de Roger Martin du Gard, y Los hombres de buena voluntad, de Jules Romains).


Como aclara el comienzo de la película, la acción transcurre en la zona de Forez, donde vivió d´Urfé con su familia, y durante el siglo V, pero la obra fue escrita en el XVII de acuerdo a la representación que se tenía en esa época de los galos y su entorno. O sea que según Rohmer, se conjugan dos miradas, pero no nos advierte de que hay una tercera, la suya como cineasta del año 2007.


Astrea y Celadón son dos pastores que se aman pura e incondicionalmente y elevan la fidelidad a un pedestal superior. Sin embargo, un error inducido por otro pretendiente hace creer a Astrea que Celadón la engaña, y entonces lo echa de su lado y le ordena no volverla a ver. Celadón, desesperado, intenta suicidarse arrojándose a un río, pero lo rescatan unas hermosas ninfas. Y entonces se agudizan las desventuras de la pareja.


Se sabe que Rohmer busca la exquisitez y el preciosismo y lo logra captando paisajes bucólicos, cuyo tenue colorido provoca la impresión de que los fotogramas estuvieran pintados con acuarela (como siempre, tiene de colaboradora a la notable iluminadora Diane Baratier). Además, utiliza la banda sonora para registrar el murmullo de un río, el canto de los pájaros o el chillido de algún animal. Su sensibilidad para captar los tenues movimientos de la naturaleza -como las oscilaciones del follaje o la luz del sol que se desplaza por la llanura- es asombrosa. Y en los interiores se ven bellos cuadros en una habitación, y Celadón cree estar en el mismo paraíso terrenal. Apoya este esplendor un montaje sobrio, suave, que evita cualquier corte abrupto de la imagen (aquí lo secunda otra fiel seguidora, la montajista Mary Stephen).

Los diálogos, aunque ingenuos, son, como en todos los filmes de Rohmer -especialmente Mi noche con Maud, 1969-, muy inteligentes y portadores de razonamientos implacables (por ejemplo, la argumentación del druida sobre la invasión de los dioses romanos y las explicaciones que da Celadón para justificar su conducta pasiva frente a Astrea).


Pero a un espectador contemporáneo le va a costar disfrutar este filme. Las citadas tres visiones de distintos siglos (el V, el XVII y el XXI) crean un clima artificial que ya de por sí contiene la novela original. Aunque un juglar alocado afirma que él no quiere amar a una sola mujer sino poseerlas a todas, el filme muestra puritanismo en las relaciones de los amantes, los cuales, además, se tratan con demasiado respeto. Reconocemos que no es fácil aceptar esta convención, pero, si el espectador lo hace, no sólo podrá gratificarse con un prodigio de estupendas imágenes, sino que accederá a las escenas finales, en las cuales tanta represión explota y finalmente Astrea y Celadón vuelven a encontrar su amor a través de otra equivocación que los lleva a bordear la homosexualidad, en unas secuencias que, pese a su erotismo emocionante, exhiben un tratamiento refinado, como si esos cuadros que se gozaron anteriormente estuvieran cobrando vida.





EL ROMANCE DE ASTREA Y CELADÓN - (Les amours d´Astrée et de Céladon) - Francia / Italia / España, 2007 - Dirección: Eric Rohmer. Guión: Eric Rohmer, basado en el capítulo central de la novela L´Astrée, de Honoré d´Urfé. Con Stéphanie de Crayencour, Andy Gillet, Cécile Cassel, Véronique Reymond. Duración: 109 minutos.


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