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El árbol de la vida
FILOSÓFICO POEMA VISUAL


por P. M. (abril, 2012)




El film estadounidense de Terrence Malick (director de culto con destacadísimos films como La delgada línea roja, El nuevo mundo), titulado El árbol de la vida, es una postulación barroca desde el punto de vista temático y del estrato visual. Premiado en el festival de Cannes 2011 con la Palma de Oro, y por el Jurado de FIPRESCI en el mismo evento, estuvo nominado para el Oscar, y finalmente se pudo apreciar en el Trigésimo Festival Cinematográfico del Uruguay, pasando recientemente a ser estrenado en circuito comercial.

El film se abre con una cita bíblica del Antiguo Testamento, del Libro del paciente Job - "¿Dónde estabas tú cuando yo creaba la tierra?"-, y de ahí en adelante se presenta una familia texana en los años cincuenta, integrada por la pareja que forman los actores Brad Pitt y Jessica Chastain como los padres de tres niños varones, siguiendo muy particularmente y en profundidad, la relación muy conflictiva del hijo mayor con su padre.

El Sr. O´Brien, el padre, tiene una férrea formación en el disciplinamiento, es un músico frustrado, patenta sus inventos pero sin lograr el éxito, posee una educación religiosa que imparte a sus hijos con austeridad y severidad. La imagen de un Dios castigador planea a lo largo del devenir fílmico, y la de los caminos inescrutables, impredecibles de lo divino, se resuelve en varias interrogantes que Pitt se plantea y que abarcan las reflexiones de su hijo mayor y del espectador.

La pérdida fatal en la guerra de Vietnam de uno de sus hijos, hace transitar a la familia por el camino del dolor, y agudiza aún más las tensiones de O´Brien con su esposa, y con el entorno de sus descendientes a quienes somete a una disciplina rigurosa, por momentos perversa, "adiestrándolos" físicamente para enfrentar a un mundo hostil, catequizándolos en el temor de Dios. En este plano "humano", hay escenas brillantes donde la ira y el amor se enfrentan en sus vehementes y dialécticos contrastes. La narratividad no sigue los cánones de la linealidad, en este misterioso opus.

Además Malick aspira y logra plasmar un poema o sinfonía cósmica, mágica, épica, llevando a sus agonistas y al espectador a un estrato metafísico, para relacionarlos con los orígenes del universo, en el cual el ser humano (en su vida y muerte), deviene en una partícula invisible, insignificante dentro del Todo sideral. Las imágenes visuales son impactantes en ese sentido.

Jack O´Brien (encarnado por Hunter McCracken), el hijo mayor, un pre-adolescente contestatario, por momentos violento, formará parte de los poderes inmensos de la creación y destrucción del cosmos, asimilado como está con el polvo galáctico, con el "corazón" de las estrellas. La relación del adolescente con su padre, oscila entre el amor y el odio, es muy "freudiana" la concreción fílmica de su Edipo.

Crecerá (gran flashforward), y será un arquitecto exitoso, que se interroga acerca de su pasado, sobre los conflictos con la fe, sobre las injusticias y pruebas de la divinidad, sobre la "gracia", el sentido de la existencia o su sin-sentido.

Sean Penn va así tras sus recuerdos, donde la figura de su madre la vivencia con amor angélico, pero siempre marcado por la iracunda y autoritaria figura paterna, que fuera en cierta forma, víctima del castigo divino. En la presentación de Jack, predomina el blanco aséptico de los rascacielos, que contrasta con la casa de su niñez que rememora, una residencia texana muy vidriada, en contacto directo con la naturaleza, y en la cual otrora, el padre plantara en el jardín, el árbol de la vida que adquirirá un alcance metafórico dentro del contexto del film.

Para el esoterismo de la Cábala Judaica, es un modelo o mapa de la creación, del destino espiritual del ser humano. Las peripecias estarán relacionadas con el polvo de las estrellas.

Para mostrar en imágenes la belleza esteticista de este fresco cósmico acerca del hombre y del universo, Malick apeló a una técnica mixta, en la cual se mezclaron los efectos tradicionales de la pintura y el agua, a los que se fotografiaron con cámaras de alta velocidad, unidas a las más recientes técnicas digitales. Así la formación de la tierra a partir de una nebulosa, la muerte del sol, son experiencias visuales muy estremecedoras y de un logro cinematográfico mayor.

La dirección de fotografía, en manos de Emmanuel Lubezki es fantástica, porque en medio del caos universal están las vidas de los seres humanos, los únicos seres conscientes de la creación, y de la muerte, poseedores de la luz del raciocinio, de aquí su mayor tragicidad. De ahí tal vez la misteriosa luz del comienzo y del final, y las muchas preguntas que los agonistas plantean en off.

El director ha entregado al espectador un recargado, simbólico, religioso poema filosófico-visual, que transmite al receptor lo que otro poeta expresara en uno de sus nocturnos más famosos. Quizás sólo de cara a la eternidad, la búsqueda de respuestas cese: "el horror de sentirse pasajero, el horror / de ir a tientas, en intermitentes espantos, / hacia lo irreversible, desconocido, y la / pesadilla brutal de este dormir de llantos /; de la cual no hay más que Ella que nos despertará!".




OTRA RESEÑA DE EL ÁRBOL DE LA VIDA


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