El film estadounidense de Terrence Malick
(director de culto con destacadísimos
films como La delgada línea
roja, El nuevo mundo),
titulado El árbol de la
vida, es una postulación
barroca desde el punto de vista temático
y del estrato visual. Premiado en el festival
de Cannes 2011 con la Palma de Oro, y
por el Jurado de FIPRESCI en el mismo
evento, estuvo nominado para el Oscar,
y finalmente se pudo apreciar en el Trigésimo
Festival Cinematográfico del Uruguay,
pasando recientemente a ser estrenado
en circuito comercial.
El film se abre con una cita bíblica
del Antiguo Testamento, del Libro del
paciente Job - "¿Dónde
estabas tú cuando yo creaba la
tierra?"-, y de ahí en
adelante se presenta una familia texana
en los años cincuenta, integrada
por la pareja que forman los actores Brad
Pitt y Jessica Chastain como los padres
de tres niños varones, siguiendo
muy particularmente y en profundidad,
la relación muy conflictiva del
hijo mayor con su padre.
El Sr. O´Brien, el padre, tiene
una férrea formación en
el disciplinamiento, es un músico
frustrado, patenta sus inventos pero sin
lograr el éxito, posee una educación
religiosa que imparte a sus hijos con
austeridad y severidad. La imagen de un
Dios castigador planea a lo largo del
devenir fílmico, y la de los caminos
inescrutables, impredecibles de lo divino,
se resuelve en varias interrogantes que
Pitt se plantea y que abarcan las reflexiones
de su hijo mayor y del espectador.
La pérdida fatal en la guerra
de Vietnam de uno de sus hijos, hace transitar
a la familia por el camino del dolor,
y agudiza aún más las tensiones
de O´Brien con su esposa, y con
el entorno de sus descendientes a quienes
somete a una disciplina rigurosa, por
momentos perversa, "adiestrándolos"
físicamente para enfrentar a un
mundo hostil, catequizándolos en
el temor de Dios. En este plano "humano",
hay escenas brillantes donde la ira y
el amor se enfrentan en sus vehementes
y dialécticos contrastes. La narratividad
no sigue los cánones de la linealidad,
en este misterioso opus.
Además Malick aspira y logra plasmar
un poema o sinfonía cósmica,
mágica, épica, llevando
a sus agonistas y al espectador a un estrato
metafísico, para relacionarlos
con los orígenes del universo,
en el cual el ser humano (en su vida y
muerte), deviene en una partícula
invisible, insignificante dentro del Todo
sideral. Las imágenes visuales
son impactantes en ese sentido.
Jack O´Brien (encarnado por Hunter
McCracken), el hijo mayor, un pre-adolescente
contestatario, por momentos violento,
formará parte de los poderes inmensos
de la creación y destrucción
del cosmos, asimilado como está
con el polvo galáctico, con el
"corazón" de las estrellas.
La relación del adolescente con
su padre, oscila entre el amor y el odio,
es muy "freudiana" la concreción
fílmica de su Edipo.
Crecerá (gran flashforward),
y será un arquitecto exitoso, que
se interroga acerca de su pasado, sobre
los conflictos con la fe, sobre las injusticias
y pruebas de la divinidad, sobre la "gracia",
el sentido de la existencia o su sin-sentido.
Sean Penn va así tras sus recuerdos,
donde la figura de su madre la vivencia
con amor angélico, pero siempre
marcado por la iracunda y autoritaria
figura paterna, que fuera en cierta forma,
víctima del castigo divino. En
la presentación de Jack, predomina
el blanco aséptico de los rascacielos,
que contrasta con la casa de su niñez
que rememora, una residencia texana muy
vidriada, en contacto directo con la naturaleza,
y en la cual otrora, el padre plantara
en el jardín, el árbol de
la vida que adquirirá un alcance
metafórico dentro del contexto
del film.
Para el esoterismo de la Cábala
Judaica, es un modelo o mapa de la creación,
del destino espiritual del ser humano.
Las peripecias estarán relacionadas
con el polvo de las estrellas.
Para mostrar en imágenes la belleza
esteticista de este fresco cósmico
acerca del hombre y del universo, Malick
apeló a una técnica mixta,
en la cual se mezclaron los efectos tradicionales
de la pintura y el agua, a los que se
fotografiaron con cámaras de alta
velocidad, unidas a las más recientes
técnicas digitales. Así
la formación de la tierra a partir
de una nebulosa, la muerte del sol, son
experiencias visuales muy estremecedoras
y de un logro cinematográfico mayor.
La dirección de fotografía,
en manos de Emmanuel Lubezki es fantástica,
porque en medio del caos universal están
las vidas de los seres humanos, los únicos
seres conscientes de la creación,
y de la muerte, poseedores de la luz del
raciocinio, de aquí su mayor tragicidad.
De ahí tal vez la misteriosa luz
del comienzo y del final, y las muchas
preguntas que los agonistas plantean en
off.
El director ha entregado al espectador
un recargado, simbólico, religioso
poema filosófico-visual, que transmite
al receptor lo que otro poeta expresara
en uno de sus nocturnos más famosos.
Quizás sólo de cara a la
eternidad, la búsqueda de respuestas
cese: "el horror de sentirse
pasajero, el horror / de ir a tientas,
en intermitentes espantos, / hacia lo
irreversible, desconocido, y la / pesadilla
brutal de este dormir de llantos /; de
la cual no hay más que Ella que
nos despertará!".