
Las fallas del sistema educativo también
se dan en países del Primer Mundo,
y en Estados Unidos el asunto es mucho
peor de lo que uno pueda imaginar; esa
parece ser la consigna de este trabajo
documental dirigido y coescrito por Davis
Guggenheim, en conjunto con un egresado
de Harvard, Billy Kimball, y en el mismo
estilo de la premiada La verdad
incómoda (2006), donde
Al Gore manifestaba públicamente
su inquietud por el calentamiento global
y el deterioro progresivo que le está
causando a nuestro planeta.
Esperando a Superman
(2010) no fue considerada por la Academia
de Hollywood en su momento, algo que llamó
bastante la atención, por lo promocionada
que estuvo y también por su buena
acogida en algunos festivales.
El ya famoso Profesor Geoffrey Canada,
que se la jugó por ir a dar clases
en una escuela del Bronx, con el fin de
poder educar en un lugar que parecía
irrecuperable, tampoco podía creer
de niño que Superman no existiese
y que nadie por aquel entonces fuera capaz
de salvarlo de la difícil niñez
que tuvo.
Sus testimonios son contundentes y fue,
sin dudas, uno de los entrevistados más
interesantes de un documental que sigue
al mismo tiempo a cinco niños en
sus distintos entornos, con el fin de
ver qué chances tienen de poder
salir sorteados para ingresar a estudiar.
Otro de los testimonios expuestos es
el de Bill Gates, que estudió en
una escuela pública y que colaboró
con este trabajo. Gates señala
que es importante que los estudiantes
tengan buen nivel en matemáticas,
ciencias e ingeniería, para poder
estar a la altura de otros países
desarrollados con mejor nivel de educación;
la formación humanística
poco parece importarle…
El director Guggenheim y el coguionista
Kimball, mientras tanto, tratan de buscar
explicaciones a una crisis educativa donde
la responsabilidad se le atribuye principalmente
a la falta de voluntad política,
al hecho de que nunca se lleguen a acuerdos
unitarios, y por supuesto a los malos
resultados de los estudiantes, que en
varias ocasiones son vinculados al bajo
desempeño de algunos docentes…
Esperando por Superman
también presenta gráficas
y datos estadísticos muy prolijos,
con algo de humor y hasta filtrando algunos
bloopers metafóricos y fragmentos
de graciosos programas de televisión,
pero la muestra que toma no es representativa,
o quizás sí para lo que
este trabajo quiere imponer. Es como una
confirmación de que el cine puede
ser una peligrosa herramienta para manipular
al espectador cuando se lo propone.
Con el paso de los minutos vemos que
lo que más va pesando no es solo
el sistema disfuncional que se critica,
sino también los maestros y docentes,
que en realidad constituyen un porcentaje
minoritario en todo este asunto.
En un momento se puede apreciar cómo
un profesor lee tranquilamente el diario
en horario de clase, mientras los estudiantes
hacen lo que se les da la gana. La cámara
toma el hecho en sí, pero los guionistas
no se detienen en las causas del por qué
se llegó a eso (clases superpobladas,
bajos sueldos, el gran estrés en
sí de la profesión), ni
tampoco en cómo los alumnos terminan
tan desmotivados (no se ahonda en sus
familias ni en lo que pasa dentro de los
hogares). Es muy difícil que el
futuro de Estados Unidos se determine
en un salón de clases bajo estas
condiciones, parafraseando la frase que
se puede leer en el afiche del documental
("El destino de nuestro país
no se gana en un campo de batalla; se
determina en un salón de clases").
Explorar un tema tan vasto y complejo
como el de la educación merecía
una investigación mucho más
objetiva y profunda, y no una que sólo
se detiene en hechos aislados, habiendo
otras tantas aristas para analizar.
Lo que omite esta mirada personal, más
que objetiva, es que esos docentes están
sobrecargados física y mentalmente.
Por eso es que no reaccionan. El sistema
los saturó.
Y esto lleva a uno a preguntarse, ¿fueron
bien seleccionados los entrevistados?
¿Son confiables en su mayoría?
Varios de los políticos que aparecen,
¿han tenido experiencia en la enseñanza
pública? ¿Son conscientes
de que hay alumnos que vienen con problemas
desde sus hogares y que el docente no
tiene la obligación de asumir el
rol de psicólogo, sociólogo
o asistente?
Llama mucho la atención que no
se hable debidamente de la influencia
del contexto social y económico
del Estados Unidos de los últimos
años. Ni tampoco de las universidades
ni de los resultados en instituciones
privadas. Al haber tantas omisiones, este
trabajo va desinformando cada vez más,
por no decir que su resultado es periodísticamente
fallido.
En la comparación que se hace
con Finlandia omiten decir algunas cosas
importantes: la sociedad allí no
lidia con problemas de salud ni de alimentación,
algo que sí reside en numerosos
hogares de alumnos norteamericanos. También
que los profesores son muy bien pagos
(casi como un bancario) y respetados,
y que las escuelas públicas llegan
a contar hasta con clases de entre no
más de 15 a 20 alumnos promedio
y hasta dos docentes en un mismo salón.
Otra cosa que no se dice es que las denominadas
"charter schools" (escuelas
alternativas) de Estados Unidos, si bien
reciben dinero de fondos públicos,
también expulsan a aquellos alumnos
con notas bajas, lo que llevaría
a una estadística redonda si sólo
se toman en cuenta los altos rendimientos.
Tampoco se ven las causas de esas malas
notas. El profesor es señalado
como el principal responsable y nada se
dice del entorno familiar del que provienen
algunos alumnos, siempre dejando de lado
a los cinco estratégicamente seleccionados
por este trabajo.
La educación en Estados Unidos
se está privatizando cada vez más,
pero cabría preguntarse si al pagar
un dinero mensual ese alumno tiene garantizado
un buen aprendizaje que supuestamente
muchas escuelas públicas no le
dan; Guggenheim tampoco muestra datos
estadísticos de colegios privados.
Esperando a Superman
igual tiene sus puntos a favor, en el
seguimiento que hace a esos cinco niños
y la preocupación de sus respectivos
padres, pero no alcanza para abordar a
fondo el tema que se propone retratar.
Las altas notas, que tanto alegran al
corporativismo, no son tan buena garantía
si los egresados luego no están
bien capacitados para llevar a cabo distintas
profesiones, y eso sí se menciona,
lo cual es otro punto más a favor.
En esta ola de documentales estadounidenses,
por lo general muy buenos e interesantes,
que se han producido en los últimos
diez o doce años, hay algunos que
toman la bandera por un tema, trabajan
sutilmente una postura y, respaldados
por dinero que le garantizan una buena
distribución, terminan siendo muy
peligrosos, debido a que no hay una rigurosidad
periodística que le garantice al
espectador poder apreciar las dos caras
de la moneda.
Esperando a Superman es
un ejemplo de esto último. De un
trabajo que en buena parte desinforma.
Y aunque sólo sea por eso, vale
la pena verlo, incluso para los superhéroes,
quienes antes de lanzarse precipitadamente
a "salvarnos" tendrían
que tomar real consciencia del enemigo
al que se tienen que enfrentar.
ESPERANDO A SUPERMAN (Waiting
for Superman) - Estados Unidos,
2010 - Dirección: Davis Guggenheim.
Guión: DG, Billy Kimball. Duración:
111 minutos.