
Título original: People
I Know
País y año de producción:
Alemania / Estados Unidos, 2002
Dirección: Daniel
Algrant
Guión: Jon Robin
Baitz
Con: Al Pacino, Kim Basinger,
Téa Leoni
Duración: 100
minutos
Calificación:
No apta para menores de 12 años
Género: Comedia
/ Drama / Romance
Reseña argumental: Eli
Wurman (Al Pacino) está envejeciendo.
Fue un requerido y respetado hombre de
prensa de Nueva York y sus días
de gloria han terminado. En su memoria
se confunden los nombres de celebridades
y políticos a los que durante treinta
años, con su gestión, ayudó
a alcanzar la cumbre de la fama o los
cargos a los que aspiraban. Paralelamente,
las fuertes dosis de alcohol y medicamentos
entorpecen por momentos sus sentidos,
pero nadie puede dejar de reconocer que
ha sido una persona importante en el mundo
de las relaciones públicas y el
poder.
Una noche, a pedido de Carl Launer (Ryan
O´Neal), Eli accede a dar la fianza
para que Jilli Hopper (Téa Leoni),
una joven estrella de cine, temperamental
y drogadicta, quede fuera de la prisión.
Carl Launer, último cliente importante
de Eli, es un mundialmente famoso actor
de cine que ha decidido comenzar una carrera
política, postulándose como
senador y teme que si se hace pública
su relación con Jilli quede seriamente
comprometida su posibilidad de ganar la
elección. Pero en la huída,
Jilli arrastra a Eli a un lujoso prostíbulo
y fumadero de opio en Wall Street, donde
le revela tener filmadas escenas comprometedoras
que implican a políticos y dirigentes
de derechos humanos.
En medio de la febril actividad de Eli,
Victoria Gray (Kim Basinger), la viuda
de su hermano, llega para sugerirle un
escape del absurdo mundo en que vive.
Y en las horas que siguen Eli, envuelto
en una sombría confusión
que le impide recordar con exactitud los
hechos y las personas, se ve enredado
en una conspiración política
y un homicidio perpetrado por oscuros
poderes.
El director Daniel Algrant es conocido
aquí por Desnudos en Nueva
York (estrenada directamente
en video en Uruguay hace unos diez años)
y por haber participado como director
de algunos capítulos en la primera
temporada (1998) de la popular miniserie
Sexo en la ciudad. Por
su parte, el libretista Jon Robin Baitz
viene del teatro, donde obtuvo reconocimientos
como dramaturgo.
No estamos ante una excelente película
pero sí ante algo que no convendría
dejar pasar de largo como si fuera un
ejercicio que apenas saca la cabeza a
flote, respecto a los productos adocenados
que llegan con frecuencia a circuito comercial.
La noche del crimen (título
que no pega mucho con el original "People
I Know" - Gente que conozco) no fue
concebida bajo las garras de un estudio
(dictatorial) trasnacional ni tampoco
intervenida por egresados expertos en
contaduría y marketing de la Universidad
de Harvard.
Hay gente como Robert Redford que aparece
en la producción y un par de hombres
muy ligados al ambiente neoyorquino y
en especial al teatro: el realizador Daniel
Algrant (de quien se puede ver en video,
aquí en Uruguay, Desnudos
en Nueva York) y el experimentado
dramaturgo Jon Robin Baitz.
El film es como una de esas tantas películas
enamoradas de la "Gran Manzana",
pero a la que, sin embargo, se le señalan
sus defectos; en este caso son los gusanos
de la alta sociedad, del glamour, del
espectáculo y la política,
del éxito y la demagogia, del tanto
tienes tanto vales; un signo típico
de los tiempos que corren, cada vez más
globalizados y menos autóctonos.
Como es habitual, reconforta y mucho cuando
se ven a reconocidas figuras (Al Pacino,
Kim Basinger, por ejemplo) accediendo
a trabajar en proyectos serios, en obras
con fines más artísticos
que económicos, en cintas más
parecidas a películas que a celuloide
impulsado por la mercadotecnia.
Los méritos de esta cinta de Algrant
radican en la forma que aborda su tema,
haciendo pasear a su protagonista (está
bien Al Pacino), un periodista alcohólico,
venido a menos y con tendencias depresivas,
por una galería de ambientes e
individuos contaminados, a darse cuenta
que las cosas ya no son como antes, que
los "amigos" prácticamente
están para la suya. En definitiva,
que los viejos y lustrosos tiempos ya
no son los mismos, y que el hombre en
sí no es tan dueño de las
cosas que le depara el destino, por más
personalidad, seguridad y contactos que
tenga.
A medida que la película se va
internando en ese atmósfera particular,
hay un tiempo para la reflexión,
para la preocupación del personaje
principal, sus dudas, sus replanteos,
sus visiones, el sentir de un pasado pisado,
el no reconocimiento a ciertas cosas (favores,
sacrificios); incluso hasta para su preocupación
por los demás en medio de panoramas
nada alentadores, salvo por algunos personajes
(notable el de Téa Leoni como artista
drogadicta) que intentan ayudarlo a recapacitar
(la viuda de su hermano), a salir del
shock o bien de la apatía y la
crueldad que respira.
Una ciudad colorida aunque con un sentir
muy gris es el que aporta esta obra, con
mucha puntería (está muy
bien el plano que cierra la película
antes de que desfilen los créditos
finales), sin grandes ambiciones, elegante
y a la vez frontal, ficticia pero que
bebe de una realidad innegable. Vale la
pena verla.