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TIERRA DE SUEÑOS


Título original
: In America
País y año de producción: Inglaterra / Irlanda, 2002
Dirección: Jim Sheridan
Guión: Jim Sheridan, Kirsten Sheridan, Naomi Sheridan
Con: Djimon Hounsou, Samantha Morton, Paddy Considine
Duración: 107 minutos
Calificación: Apta para todo público
Género: Drama
Sitio Web: http://www2.foxsearchlight.com/inamerica/



Reseña argumental: Para comenzar de nuevo, nada mejor que un clásico sueño estadounidense... pero es extraordinariamente difícil de lograr, como lo descubren los inmigrantes irlandeses Johnny y Sarah (Paddy Considine y Samantha Morton) cuando arriban a las calles del Manhattan moderno, seguidos de sus dos valerosas hijas, y emergen en un territorio tan cómico y lleno de aventuras, como extraño y aterrador. La familia se enfrenta a un futuro nuevo e incierto, pero primero deben hacer frente a los fantasmas del pasado que traen consigo.

Sin dinero a la mano, Johnny y Sarah se establecen en un vecindario neoyorquino habitado por drogadictos, travestis y un pintoresco surtido de personajes -un intento por convertir una locación de una película gótica de terror en un hogar verdadero. Desde jalar un aire acondicionado de aspecto inseguro por todo Manhattan hasta encontrar trabajos provisionales, nada resulta fácil para la pareja. Y, no obstante, mientras consideran que Estados Unidos es un lugar lleno de retos, peligros y rarezas, sus hijas lo ven como un lugar mágico donde cualquier cosa puede suceder, un lugar que los podrá redimir a todos de la angustia de su pasado. Más tarde, durante la Noche de Brujas, Christy y Ariel (las hermanas Sarah y Emma Bolger) osan tocar a la puerta del "hombre gritón", un vecino misterioso llamado Mateo (Djimon Hounsou), y todo cambia. Cuando la familia se enfila hacia una crisis, Mateo se convierte en su inesperado aliado en el ámbito de la esperanza, la fe e incluso la magia.

El irlandés Jim Sheridan, que también participa en el guión de esta película junto a sus hijas y en clave netamente autobiográfica, había dirigido Mi pie izquierdo (1989), Esta tierra es mía (1990) y En el nombre del padre (1993).






PASADO Y DOLOR


Un evidente matiz autobiográfico es el que recorre esta historia de familia irlandesa que se traslada a Estados Unidos, en busca de un mejor porvenir. Y no tendría que ser visto como algo casual dentro de las pocas películas realizadas por Jim Sheridan; en sus trabajos se han visto enfermedades crónicas (Mi pie izquierdo), mucha lucha y sacrificio (la excelente Esta tierra es mía, la más floja Boxer: Golpe a la vida), y también un sentido de justicia que trasciende un sistema legal no siempre con buena puntería (En el nombre del padre).


La oportunidad de plasmar las vivencias y el sentir de un grupo humano en un contexto lejano y diferente deja muy abierto el camino a otro tema, que a veces se adueña y con mucha fuerza de Tierra de sueños, y es la pérdida de un ser querido; en especial un niño, el hermano en la vida real de Jim Sheridan (pensábamos que era el hijo, pero no es así). Y este hecho quizá haya sido el más fuerte, uno de los motores principales para llevar a cabo Tierra de sueños, por la insistencia en que se lo alude y por la forma en que se lo trata durante el metraje.


Hay también una dosis de fantasía, cuyo broche de oro es el cierre mismo de la película y que, a pesar de no gravitar tanto dramáticamente, deja ver la intención de la familia Sheridan (en el guión participa el padre y sus dos hijas), conmovedora por cierto, y que termina de envolver un universo donde lo opaco brilla a través de los ojos de dos niñas (en especial los de la pequeña Emma Bolger; formidable) y en el que a veces hay que poner buena cara ante mucha circunstancia adversa. Los riesgos no son pocos y no hay mucho tiempo para pensar en uno mismo; el esfuerzo de uno es el esfuerzo de todos.


Ese rasgo de unión familiar se ve condimentado por situaciones de comedia, algunos personajes extravagantes (más otros peligrosos) y un equilibrio impulsado por los propios padres, enfrentados a enfermades e hipotéticos trastornos, peleando contra la inseguridad física y económica, trabajando convencidos, a pesar de todo.


Un párrafo aparte merece Samantha Morton, una actriz impresionante, absolutamente compenetrada en su papel de madre, ejercitando un perfecto control de gestos, temple y actitud; una profesional que vuelve a confirmar su talento, luego de A flor de piel (Carine Adler, 1997), El viaje de Morvern (Lynne Ramsay, 2002) y su reciente (y merecidísima) nominación al Oscar.


Alejandro Yamgotchian


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