
Título original: The Polar
Express
País y año de producción:
Estados Unidos, 2004
Dirección: Robert
Zemeckis
Guión: RZ, William
Broyles Jr, basado en el cuento de Chris
Van Allsburg
Duración: A confirmar
Calificación:
Apta para todo público
Género: Animación
/ Aventuras / Fantasía / Infantil
Sitio Web: http://polarexpressmovie.warnerbros.com/
Reseña argumental:
Una nevosa noche antes de Navidad, un
niño yace en su cama, muy despierto
y alerta. Respira silenciosamente, sin
moverse, y espera y espera… Espera
escuchar el ruido de las campanas del
trineo de Santa Claus. Teme no escucharlo
nunca. Faltan cinco minutos para la medianoche.
De repente, un ruido atronador lo sobresalta.
El niño salta de su cama y desempaña
el vidrio de la ventana de su dormitorio,
para mirar afuera. Lo que ve lo azora:
un reluciente tren negro, viene a través
del cielo de la noche y frena estrepitosamente
frente a su casa. El humo de su poderosa
y silbante locomotora, se pierde en el
cielo, entre los copos de nieve. El niño
corre afuera en pijama y chancletas, y
se encuentra con el maquinista de la locomotora,
que curiosamente, pareciera estar esperándolo
a él... para ir al Polo Norte.
El director Robert Zemeckis había
dirigido la espectacular trilogía
Volver al futuro (1985-1990),
Forrest Gump (1994) y
Náufrago (2000),
entre otras.
Llegó con
mucho ruido esta El expreso polar
(2004), animación digitalizada
de Robert Zemeckis y no precisamente por
el de la locomotora. Esto debe de estar
entre lo peor que se la ha visto a un
director que ha dado muestras de sobrado
talento. Una historia casi insulsa, que
compra al espectador en materia visual
pero que no mueve un pelo, que sólo
se dedica a cultivar la espectacularidad
de algunas escenas y prácticamente
nada dentro del relato, con personajes
inoperantes, sin gracia, en ocasiones
empalagosos, casi inexistentes. Este es
uno de los trabajos donde más se
nota lo que los efectos especiales computarizados
aún no han podido emular con precisión
en materia de animación: las expresiones
en las miradas de los seres humanos, para
el caso específico, los ojos de
los niños; parecen muñecos
reanimados. Eso en la animación
tradicional (hecha a mano) no pasaba.
AY