
Título original: King
Arthur
País y año de producción:
Estados Unidos / Irlanda, 2004
Dirección: Antoine
Fuqua
Guión: David Franzoni
Con: Clive Owen, Ioan
Gruffudd, Mads Mikelsen
Duración: 126
minutos
Calificación:
No apta para menores de 9 años
Género: Acción
/ Aventuras
Sitio Web: http://www.kingarthurmovie.co.uk/
Reseña argumental: Durante
siglos, los historiadores pensaron que
el Rey Arturo era sólo un mito,
pero la leyenda se basó en un héroe
real, en la disyuntiva entre sus ambiciones
personales y el sentido público
del deber. Como reticente líder,
Arturo (Clive Owen) sólo desea
abandonar Bretaña y regresar a
la paz y la estabilidad de Roma. Antes
de poder hacerlo, una última misión
lo lleva a él y a sus Caballeros
de la Mesa Redonda - Lancelot, Galahad,
Bors, Tristan y Gawain - a la conclusión
de que cuando Roma abandone Bretaña,
se necesitará a un líder
que ocupe el vacío dejado por los
Romanos, alguien que no solo defienda
a Bretaña de la amenaza de los
Sajones, sino que pueda conducir a la
Isla hacia una nueva era. Bajo la guía
de Merlín, un ex - enemigo, y con
la bella y valiente Ginebra (Keira Knightley)
a su lado, Arturo deberá hallar
en sí mismo la fortaleza para cambiar
el curso de la Historia.
El director Antoine Fuqua viene de los
videoclips y también de haber dirigido
Asesinos sustitutos (1998),
Día de entrenamiento
(2001) y Lágrimas del sol
(2003), mientras que el guionista David
Franzoni había participado en los
libretos de la muy buena Ciudadano
Cohn (hecha para la televisión
norteamericana en 1992 y estrenada directamente
en video aquí en Uruguay), Amistad
(Steven Spielberg, 1997) y Gladiador
(Ridley Scott, 2000).
UN REY TRUCHO
El Rey Arturo es bien conocido por los
occidentales. A partir de la leyenda inicial
fueron construyéndose otras historias
que la enriquecieron. Los orígenes
están en la presencia de las tribus
indoeuropeas, los romanos y sus enemigos
temidos, llamados por ellos mismos "Bárbaros",
la resistencia que opusieron los pueblos
celtas, las invasiones sajonas, entre
tantas otras historias que conformaron
un abanico que dio paso a las mitologías
de esa parte del mundo.
En 1967, Ciryla Fleetwood, arqueóloga
de la Universidad de Gales, paseaba con
su novio por las colinas de Cadbury, en
el Condado de Somerset, en Gales, cuando
sintió curiosidad por algo que
vio. Era una rosa roja aflorando de la
tierra. Tenía nervaduras en amarillo.
Parece que dijo: "Esta flor es
de barro… un prodigio de alta alfarería.
Además, esta rosa era uno de los
símbolos que adornaban los escudos
y estandartes de Artus y de sus seguidores
de la Mesa Redonda. Algo me dice que estamos
en el mismo sitio, en la misma colina,
en la misma cúspide donde se erguía
el castillo de la corte de Camelot".
Meses después se encontraban en
el lugar los restos de un templo, de murallas,
vasijas y otros rastros de lo que habría
sido la corte del Rey Arturo y sus caballeros.
Este descubrimiento inició el acercamiento
de este personaje a la realidad.
El tema de si existió o no el Rey
Arturo es difícil de dilucidar.
Arturo, como tantos (Edipo incluido) es
un compendio de distintas historias y
leyendas agrupadas en una persona. Artus,
Arthur, Arturo, rey de los siluros que
habitaban el país de Gales cuando
el Imperio Romano estaba terminando y
Europa ingresaba a la Edad Media, a principios
del siglo VI es muy posible que haya sido
un ser real. Lo que hoy es Inglaterra
estaba divida en dos; el occidente; todo
lo que es ahora Gales se había
convertido en colona romana y era cristiana.
El oriente, en tanto, con Inglaterra incluida,
pagana, salvo por la pequeña corte
de Leeds con reyes siempre dispuestos
a conquistar Gales. Para complicar más,
los piratas del Mar del Norte se establecieron
en Kent, la isla de Wigth y en el valle
del Meon, en Hampshire; los anglos avanzaban
desde la bahía de Heligoland y
los temidos sajones que procedían
de la desembocadura del Elba arrasaban
todo lo que tenían a su paso, y
eran los más numerosos.
Allí es que surge el galés,
"penteyrs" de los siluros, Artus,
a quien algunos consideran hijo de Igerne,
esposa de Gerloes, duque de Cornuales,
y otros (la mayoría) primogénito
de un bretón puro, Uther Pendrayon,
que significa Cabeza de Dragón.
Se dice que Arturo además de su
hermosura tenía la fuerza y el
valor de los héroes mitológicos.
Siendo niño y empujado por su fe
cristiana, ya adolescente, dirigió
los clanes siluros y atacó a los
paganos, los invasores, y especialmente
a los Sajones que llegaban de Alemania,
por el Elba, instalándose en el
Támesis.
Arturo luchó hasta la batalla
final en Badon Hill que ganó, logrando
prestigio. Funda la corte de Camelot,
la Liga de los Caballeros de la Mesa Redonda
y conoce a Guanhumara, hija del duque
de Cornualles, de la que se enamora perdidamente.
Con ese estímulo derrota a los
Sajones, conquista Escocia, Irlanda, Noruega,
Dinamarca, Islandia y Groenlandia.
Pero su amada, abandonada por Arturo
en interminables viajes encuentra consuelo
en un sobrino Adonis que la corteja y
le propone huir bien lejos de Camelot
a tierra bretona. Eso lo destroza al rey,
que muere en una batalla de segundo orden.
Su cuerpo es llevado y sepultado en un
castillo de la isla de Avalón en
el año 542, con nueve hadas a su
alrededor para que cuiden su sueño
hasta que se despierte para vengar a los
bretones.
Los estudios afirman que en realidad
el Rey Arturo no es más que una
corporización del dios galo Mercurio
Artorius que reinaba el fantástico
país de Oberón, en la isla
de Avalón, quien entre tantas hazañas
había derrotado al abominable jabalí
de Trorch Trwyth, al demonio Gato de Lausanne
y al gigante del monte San Miguel. Otros
creen que Arturo, al morir, fue transformado
en cuervo por Merlín hasta que
pudiera volver a encarnar como hombre
para vencer a los enemigos bretones.
Y la historia que cuenta esta película
es ridícula, denigrante contra
las leyendas del Rey Arturo. Lo trata
como un pelele de los romanos, hasta que
el amor le hace ver quienes son los malos.
Lo matan antes de que todo lo contado
anteriormente sucediera. Lancelot y otros
caballeros viven y mueren también
antes de formar parte de sus leyendas
respectivas; otros integrantes de la Mesa
Redonda no existen para los libretistas
y todo es un conjunto de tonterías
que van a ofender mucho a los seguidores
de ese legendario y respetado rey Arturo,
símbolo que el filme se encarga
de destruir burdamente.