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PUNTO Y RAYA


Título original
: Punto y raya
País y año de producción: Chile / España / Uruguay / Venezuela, 2004
Dirección: Elia Schneider
Guión: Henry Herrera
Con: Roque Valero, Edgar Ramírez, Ramiro Meneses, Daniela Alvarado, Pedro Lander
Duración: 105 minutos
Calificación: No determinada, a la fecha de estreno
Género: Drama





Reseña argumental
: Cheito y Pedro, uno venezolano y otro colombiano, se encuentran en la frontera que separa los dos países, en tiempos de exacerbados nacionalismos. Uno viene a defender la patria, el otro tiene una firme vocación: la deserción. Al principio es el enfrentamiento, ambos enemigos a priori por cuestiones de nacionalidad. Entablan una pequeña pero brutal batalla. La agreste geografía humana los enfrenta a zonas en poder de la guerrilla, campamentos narcotraficantes, etnias indígenas y pueblo sin ley, donde la única posibilidad de sobrevivir es uniéndose. Así terminan consolidando la mas hermosa amistad entre ambos. Pero una vez que el fraterno se hace cuerpo y alma, sobreviene la traición. Cada uno se vuelve a su lado de la frontera, se arman y se apuntan de nuevo. Ahora con la más grande amistad, pero esta vez a muerte.




NOTABLE FILM VENEZOLANO

José Ramón Novoa es un uruguayo de los tantos que andan por el mundo, en este caso, uno más que hace y produce cine fuera del país. Hace un tiempo atrás había estado en nuestra capital presentando una de sus películas y pudimos dialogar personalmente con él. Ahora se edita este filme venezolano en video y DVD, siendo suya la producción y el montaje.

La lista (que se agranda día a día) de galardones que ha recibido Punto y raya (San Francisco, Biarritz, Bogotá, Montreal, San Pablo, Los Ángeles, entre tantos otros, premia tanto a la película, como la dirección (Elia K. Schneider), y la actuación de los dos principales protagonistas: Roque Valero y Edgar Ramírez.

La anécdota (escrita por Henry Herrera) es lo suficientemente simple como difícil de llevar a la pantalla sin caer en simplismos, caricaturas o el panfleto. Dos soldados, uno que se enrola por decisión propia para defender a su patria, Colombia, Pedro, y otro que es enrolado a la fuerza por ser un pícaro traficante de lo que venga, en Venezuela, Cheíto, tienen valores distintos de la vida, del honor, de los políticos, la guerra, la guerrilla, lo que está bien y lo que está mal, las mujeres…


Un día sus vidas se entrelazan a través de la frontera custodiada militarmente. El venezolano cruza para traficar unas botas y unas revistas eróticas a un soldado colombiano. Cuando avanza en su precaria canoa, una inocente iguana lo hace caer al agua y llega a la orilla. Cerca, el ejército colombiano sufre una emboscada de los guerrilleros y todos los integrantes de la patrulla mueren, menos uno, Pedro. Cheíto se hace pasar por desertor y Pedro lo querrá entregar. Pero entre medio aparecen guerrilleros, traficantes, ambos ejércitos enemigos que los hacen usar técnicas de supervivencia.

Jugada a un tono burlón, a pesar de la constante tragedia que subyace en todo lo que pasa con ellos y a su alrededor, la película asume una actitud muy crítica hacia la estupidez humana.

No son los pueblos los enemigos unos de otros, lo son los poderosos (los zares de la droga, los cabecillas de la guerrilla, los gobernantes, los militares de alto rango) que desde la prehistoria llevan a las masas a la destrucción por intereses personales.

Este mensaje, esbozado por Cheíto cerca del final, y antes de la tragedia, marca la filosofía de quienes realizaron la película. Todo es una verdadera tontería. Los militares de ambos bandos disputan a unas prostitutas y juegan un partido de fútbol cerca de una de las orillas, para ver cuáles terminarán acostándose primero con ellas; el jefe guerrillero no ve más que enemigos de la CIA y de la DEA mientras está en una hamaca paraguaya con una mujer, los muy machos terminan deseando a un supuesto homosexual, la noviecita que espera a Pedro se excita con las cartas que escribe Cheíto, con propuestas explícitas y luego cumple con lo ofertado, los políticos de ambos países buscan héroes y por unos días ellos son Pedro y Cheíto, aunque después siga todo como siempre…

Como en las viejas películas italianas de Sordi, Gassman y Tognazzi donde sus personajes navegaban, sin saber muy bien por qué, en medio de guerras absurdas y ajenas, Punto y raya es un canto a la verdad.

Narrada con un lenguaje simple, eléctrico, con una cámara al hombro permanentemente que le da dinamismo y sentido de noticiero, un humor que se desprende de los actos de Cheíto, este filme que es una coproducción venezolana, española, chilena y uruguaya debe verse como una de las mejores películas estrenadas en este 2005.

Conspira enormemente la casi imposibilidad de poder entender la mayor parte del dialogado, básicamente por ese hablar tan cerrado de sus actores (merecería tener subtítulos).

Roque Valero es el entrañable Cheíto, un ser que realmente no tiene moral, un individuo que lo que busca es su propia supervivencia y está dispuesto, para salir de cada trance, de mentir, traicionar, robar a los muertos y prender fuego a una choza con la mujer con la que acababa de tener una relación sexual, sin movérsele una pestaña. Pero a medida que avanza la película el personaje va tomando otro vuelo de conciencia y en los minutos finales, sus ojos develan su incredulidad frente a lo que está ocurriendo, en tanto Edgar Ramírez está excelente en un Pedro muy difícil de interpretar sin caer en la caricatura. Su personaje tiene el convencimiento de que el mundo tiene que ser mejor, y que él debe luchar para eso. Darle a las nuevas generaciones una vida mejor.

La Historia de la Humanidad siempre resulta aleccionante en cuanto a quienes ganan. Ganan los representantes de las Instituciones. Quienes pierden siempre son los hombres comunes, los pueblos que ven morir a sus hijos, que por culpa de las guerras llenas de intereses ocultos, pierden sus cultivos, sus valores, sus futuros. Con un dejo anarquista, Punto y raya aporta un mensaje donde se prioriza lo personal, que está en contra de lo que las autoridades proclaman y mandan hacer.

Es una excelente película que lo mantendrá en todo su metraje al borde del asiento, lo hará reír y pensar, y le permitirá finalmente reflexionar sobre lo que nos llega a través de las agencias y lo que verdaderamente ocurre.


Andrés Caro Berta


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