
Título original: Walk
the Line
País y año de producción:
Estados Unidos, 2005
Dirección: James
Mangold
Guión: Gill Dennis,
James Mangold, basada en el libro escrito
por Johnny Cash y en otro de JC y Patrick
Carr
Con: Joaquin Phoenix,
Reese Witherspoon, Ginnifer Goodwin, Robert
Patrick, Dallas Robert
Duración: 136
minutos
Calificación:
Apta para todo público
Género: Biográfico
/ Drama / Musical / Romance
Sitio Web: http://www.walkthelinethemovie.com/
Reseña argumental: Crónica
de la leyenda de la música country
Johnny Cash. Desde sus tempranos inicios
en un establecimiento algodonero de Arkansas
hasta la cúspide de su éxito
con Sun Records en Memphis donde grabó
junto a estrellas como Elvis Presley,
Jerry Lee Lewis y Carl Perkins. La historia
de Johnny Cash. Uno de los pocos artistas
en la historia de la música que
llegó a vender más de 50
millones de discos. Un testamento sobre
el arte, la música y la juventud.
El film explora el mundo del que vino
y sus experiencias al iniciar una carrera
durante el nacimiento del rock & roll.
Es también una de las más
maravillosas historias de amor, la de
Johnny Cash y June Carter.
El director James Mangold es conocido
por trabajos como Tierra de policías
(1997), Inocencia interrumpida
(1999) e Identidad
(2003).
UN CAMINO DE CONTENCIÓN
Hay veces que uno se pregunta cómo
grandes temas que son llevados al cine,
en este caso la vida de Johnny Cash o
más recientemente la de Ray Charles,
caen en manos de directores (y guionistas)
sin mucha inspiración y con antecedentes
a veces alarmantes. Puede que un tema
de derechos y a la vez de ganas y gustos
por ciertos artistas lleve a otros (productores
mediante) a querer rendirles un homenaje.
El problema es ver qué tan capaz
es esa persona en llevar a buen puerto
un proyecto que quizá en manos
de un realizador realmente talentoso es
desde el vamos garantía de calidad.
Los temores por el resultado final pueden
estar a la orden del día, cuando
uno se dispone a ver Johnny &
June: Pasión y locura,
más teniendo en cuenta que viene
de James Mangold, conocido por labores
bastante discretas (Tierra de
policías, Kate
& Leopold) y otras un poco
más regulares (Inocencia
interrumpida, Identidad).
Es peligroso, por cierto, contar una
biografía a los saltos a través
de los años, porque se pueden perder
detalles, de esos que parecen mínimos
pero que a la larga inciden y mucho. Aquí
los pasajes de un tiempo a otro no son
tan abruptos (cosa que sí ocurrió
en Ray, que terminó
siendo un mamarracho más de Taylor
Hackford) sino que son dosificados por
una selección representativa de
los que fueron los momentos más
significantes de la vida de Johnny Cash,
basada en dos libros (ambos escritos por
él, uno junto a Patrick Carr) y
siempre enganchando estados anímicos
y situaciones que van dando forma al retrato
a través de una narración
estable y generalmente fluida.
Los grandes pesos de esta película,
sin embargo, están en sus dos actores
principales, que hasta se dieron el lujo
de cantar ellos mismos las canciones y
de muy buena manera. La composición
del puertorriqueño Joaquin Phoenix
(hermano del fallecido River Phoenix)
es admirable. Entre las dudas, los desconciertos
y la explosión, entre sus culpas,
el dolor e intensas expresiones, Phoenix
vuelve a confirmar que es un estupendo
intérprete, por encima de una vida
real algo convulsionada y que incluye
un reciente tratamiento para vencer su
adicción al alcoholismo, un accidente
automovilístico que casi lo mata,
pero también el hecho de convertirse
en un estricto vegeteriano, a tal punto
que las prendas de cuero que luce en la
película son sintéticas.
La sorpresa, tal vez, venga por el lado
de Reese Witherspoon, de la cual se ha
visto últimamente una lluvia de
películas, más bien tiradas
a la comedia, y que aquí carga
con un rol de peso dramático tal
que incluso la contiene de sus habituales
desbordes actorales y la posiciona, definitivamente,
como una actriz a tener en cuenta.
Como curiosidad, también aparece
Robert Patrick, haciendo de padre algo
incomprensible (y pasado de kilos) de
Johnny Cash y rindiendo de paso tributo
a la villanía que aplicara contra
Schwarzenegger en Terminator 2
(James Cameron, 1991), sin dudas el rol
por el que hasta ahora sigue siendo recordado.