
Título original: El método
País y año de producción:
Argentina / España / Italia, 2005
Dirección: Marcelo
Piñeyro
Guión: MP, Mateo
Gil, basado en la obra de Jordi Galcerán
Con: Eduardo Noriega,
Najwa Nimri, Eduard Fernández,
Pablo Echarri, Ernesto Alterio
Duración: 115
minutos
Calificación:
No apta para menores de 12 años
Género: Drama
Reseña argumental:
Madrid. Paseo de la Castellana. Manifestación
de miles de personas. Fuerzas de seguridad
anti-disturbios en las calles.
Siete aspirantes a un alto puesto ejecutivo
se presentan a una prueba de selección
de personal para una empresa multinacional
en un rascacielos de oficinas del complejo
Azca. Entre ellos, las personalidades
más dispares: el triunfador, el
agresivo, la mujer insegura, el crítico,
el indeciso...
Tras un laberinto de formularios, acreditaciones
y demás burocracia empresarial,
los siete participantes se encuentran
juntos en una fría sala a la que
les ha conducido una secretaria, esperando
a que dé comienzo el proceso de
selección...
Desde ese instante, y en un clima de
tensa competitividad, la inseguridad de
los participantes se convertirá
en miedo y dudas y estos a su vez en un
estado de paranoia general. Tras presentarse
con recelo los unos a los otros, se preguntarán
si están siendo observados por
cámaras o por qué la Compañía
ha infiltrado un psicólogo entre
ellos que les está ya examinando.
A partir de ese momento, los siete aspirantes
al puesto serán sometidos a una
serie de pruebas psicológicas con
las que se pretende deducir cual de ellos
posee el perfil que mejor encaja con los
requisitos del voraz mundo empresarial.
A lo largo de un día, los aspirantes
pasarán de las bromas y el juego
inocente a las agitadas discusiones y
las supuestas hipótesis y situaciones,
donde se pondrá a prueba la personalidad
de cada uno y la manera en que se relacionan
con los demás.
En este claustrofóbico clima de
máxima desconfianza y absoluta
falta de escrúpulos, se crearán
alianzas, se producirán disputas,
se revelarán secretos, se destaparán
pasados...
Y así, poco a poco, se irán
eliminando participantes en lo que pasará
a ser una mera y fría lucha por
la supervivencia, nítido espejo
del desalmado panorama laboral fuera de
esas paredes de cristal y hormigón,
en cualquier país capitalista partícipe
en esta, nuestra economía global.
El director argentino Marcelo Piñeyro
es conocido por labores como Tango
feroz (1993), Cenizas
del paraíso (1997) y Kamchatka
(2002). El español Mateo Gil se
ha desempeñado como libretista
de varios trabajos del chileno Alejandro
Amenábar (Tesis,
Abre los ojos, Mar
adentro).
La idea en El
método (2005) se insinúa
desde el vamos; manifestantes antiglobalización
se enfrentan con la policía en
las calles. Pero la sustancia, la disección
se mete de lleno en un edificio de Madrid,
más precisamente dentro de un grupo
de personas que buscan su trabajo en una
empresa transnacional, y para eso deben
competir unos con otros dejando de lado
prácticamente todos sus valores
(humanos) para apelar al instinto básico
de supervivencia, donde no falta el engaño,
la mentira, la manipulación psicológica
y la traición, y hasta con los
supuestamente imbatibles y más
fuertes viéndose acechados por
la inseguridad y la paranoia de un sistema
voraz, desalmado e implacable que los
vigila como el Gran Hermano de Orwell
y que siempre les hará ver que
es más poderoso que ellos mismos.
El género documental ya se ha encargado
de examinar y reflejar muy bien estos
tiempos que corren de economía
global y capitalista (el mejor ejemplo,
La Corporación: ¿Instituciones
o psicópatas?; El
futuro de la comida, colateralmente),
además de casos recientes dentro
de la ficción (La corporación,
otra con el mismo nombre, en tono más
irónico, pero del griego Costa-Gavras).
Y en El método
también se deschavan (a partir
de una obra teatral del español
Jordi Galcerán, que no quedó
conforme con el enfoque global que se
ve en la película). Las intenciones
son las mismas, aunque hay algún
reparo en el desarrollo dramático
que se intenta retratar, donde el libreto
no se muestra tan sólido y algunas
actuaciones como que tampoco ayudan mucho.
De todas maneras, se dejan ver ciertas
dosis de humanismo, cuando se toma distancia
(cerca del final), y que siempre son necesarias
para con ese sistema cuyas armas pasan
por la competencia desleal, la explotación,
el cinismo y la infelicidad del hombre
a partir de la imagen que intenta proyectar
y los bienes materiales a los que desea
acceder, sin importar qué hace
y a quién daña. AY