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PREGÚNTALE AL VIENTO


Título original
: Ask the Dust
País y año de producción: Estados Unidos, 2006
Dirección: Robert Towne
Guión: RT, basado en la novela de John Fante
Con: Colin Farrell, Salma Hayek, Eileen Atkins, Justin Kirk, Donald Sutherland
Duración: 117 minutos
Calificación: Pendiente (en Argentina: No apta para menores de 13)
Género: Drama / Romance
Sitio Web: http://www.eneccine.com/preguntalealviento






Reseña argumental
: Los Ángeles, 1933. Un pueblo rodeado de palmeras y pobreza, los ricos, los famosos y los jóvenes esperanzados en su diario recorrido a la felicidad. Uno de estos, es Arturo Bandini, un escritor que se encuentra a sí mismo en la ciudad de Los Ángeles armado solamente con su deseo de ser un famoso novelista.

Un hombre conflictivo, Bandini es en parte desconfiado y en parte arrogante, ninguna de las dos características serán buenas para sobrevivir en la ciudad. Él es ese tipo de hombre quien su violencia y sus lágrimas viven en la misma esfera. Viviendo en un hotel, acompañado por Hellfrick, su borracho vecino, y la señora Hargraves su racista propietaria, Bandini pronto se queda corto de dinero y sin una sola palabra escrita aun.

Con su último centavo va a un bar, donde la hermosa Camilla, le sirve una horrible taza de café. Camilla es una joven mexicana que espera casarse con un anglosajón para esconderse de las malas vivencias que ha vivido. Muy molesto por su café, Bandini cruelmente culpa a Camilla y así marca el principio de una relación tormentosa, basada en el sex, celos, violencia y muchos insultos.

Bandini no sabe como lidiar con la vida, especialmente cuando se trata de mujeres y especialmente de Camilla. Él escribe sobre sus sentimientos a su mentor, Hackmouth, un editor de revistas, quien esta tan impresionado por su carta que la pública, dando a Bandini algo de respiro financiero.

Después de recibir el dinero lo primero que hace Bandini es probar e impresionar a Camilla. Desafortunadamente, la combinación de sus confrontaciones naturales, la rudeza y crueldad verbal de Bandini, crea una difícil situación, está celoso de Sammy, un amigo y compañero de trabajo de Camilla, lo que hace que termine su relación antes que ésta empiece.

Mientras trata de decidir su próxima movida, Bandini conoce a Vera, una mujer muy acosadora y desesperada que siente que solo Bandini, como un artista, puede encontrar en sus ocultas deformidades físicas un objeto del deseo.

La tragedia aparece cuando Los Ángeles se ve sacudida por un terremoto, matando a Vera en el proceso. Sin Camilla, Vera o dinero, Bandini se pone a trabajar en una novela, basada en sus experiencias personales en Los Ángeles y el montón de inolvidables personajes que lo rodean, como inspiración de la pieza.

El director Robert Towne había dirigido Traición al amanecer (1988) y también había estado en los libretos de La tumba de Ligeia (Roger Corman, 1964), Barrio Chino (Roman Polanski, 1974) y Fachada (Sydney Pollack, 1993), entre tantos otros.






ROBERT TOWNE, CANSADO


El director Robert Towne fue el mejor libretista de Hollywood hace unos treinta años, con El último deber, dirigida por Hal Ashby y con un juvenil Jack Nicholson; Shampoo, dirigida por el mismo Ashby y con Warren Beatty; y especialmente con Chinatown / Barrio Chino, dirigida por Roman Polansky y con Nicholson, Faye Dunaway y John Houston. Era una gran época del cine estadounidense, que había asimilado la revolución en la elocuencia cinematográfica de la Nouvelle Vague, poniéndola al servicio de un gran tema nuevo: el amargo descubrimiento de que la prosperidad capitalista yanqui estaba sirviendo ahora para imponer, como objetivo totalitario de vida, un consumismo compulsivo, y sirviendo también para acosar a pueblos más débiles, como el de Vietnam, contra el que se pretendía forzar a combatir a la juventud. El "sueño americano" se había vuelto una estafa y una trampa que se debían denunciar, y el nuevo cine estadounidense lo hizo con una vitalidad admirable.

Las películas libretadas por Towne lo lograron mejor que cualesquiera otras de entonces, con la posible excepción de la mítica Easy Rider / Busco mi destino de Dennis Hopper. Chinatown le dio a Towne el Oscar al mejor libreto y lo dejó en condiciones privilegiadas para proponerse cualquier otro film: las condiciones del mejor cine industrial de Hollywood en un período donde grandes éxitos comerciales podían ser también grandes éxitos artísticos, impulsados por un público juvenil devoto del nuevo cine, alzado contra la rapiña imperialista y también, aunque un poco ingenuamente, contra el consumismo rampante.

Justo en ese momento, Towne vaciló. Greystoke - el caso de un "Tarzán" llevado desde la selva virgen a la Inglaterra victoriana - fue una propuesta moralmente generosa pero más retórica que dramáticamente verosímil. Y afuera del mundo cinematográfico, en la sociedad estadounidense real, la rebelión juvenil de los hippies fue "recuperada" por el poder industrial consumista y el desaliento pronto cundió (como los finales desencantados de los films de Towne ya habían adelantado que podría ocurrir).

Las décadas corrieron y ni los proyectos de vida de la juventud yanqui, ni el cine estadounidense, ni Towne, se recuperaron nunca plenamente. Como libretista-director Towne logró cierto éxito con la historia de amor de Tequila Sunrise / Traición al amanecer, entre Michelle Pfeiffer y Mel Gibson, pero el hecho de que el film se haya visto mucho más a través de la televisión que del cine delata ya como cambiaban los tiempos.

Pregúntale al viento (como especifican sus títulos de presentación: "escrita para el cine y dirigida por Robert Towne", o sea… "cine de autor") intenta ser otra historia de amor, ahora surgida en el Los Ángeles de los años treinta, entre una camarera mexicana y un descendiente de italianos que quiere ser escritor. Pero aunque las fórmulas se repitan, la magia de los viejos tiempos ya no funciona. El galán Colin Farrell, en particular, es penosamente incapaz de comunicar la agitada vida interior que reclamaba su personaje. La mexicana Salma Hayek está mejor, y la reconstrucción de época y de atmósfera son convincentes (pese a que Towne se fue a filmar a Sudáfrica para reconstruir el Los Ángeles de 1933). Simplemente, ello no alcanza.

La historia pretende crecer dramáticamente y acumula peleas, y reconciliaciones, y escenas de sexo a contraluz, pero todo transcurre ante la indiferencia resignada del espectador. El tiempo de Towne parece haber pasado y Towne fue quizá de los últimos cineastas lúcidos y comprometidos del cine estadounidense. Es de preguntarse -con un poco de audacia-- cuanto se mantendrá la hegemonía mundial del propio Hollywood, sumido en una rutina de consumismo miope mechado de violencia ritual. Cualquier día de un no lejano futuro podríamos encontrarnos asistiendo a películas chinas o hindúes como experiencias audiovisuales novedosas frente a la neurastenia, los ruidos y choques y el morboso sadismo de un Hollywood incapaz de renovarse.


Raúl Gadea


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