
Título original: Hostel,
part II
País y año de producción:
Estados Unidos, 2007
Dirección: Eli
Roth
Guión: Eli Roth,
basado en sus propios caracteres creados
para Hostal (ER, 2006)
Con: Lauren German, Roger
Bart, Heather Matarazzo, Bijou Phillips,
Richard Burgi
Duración: 93 minutos
Calificación:
No apta para menores de 18 años
Género: Gore /
Mayhem / Terror
Sitio Web: http://www.hostel2.com/
Reseña argumental: Esta
secuela narra el fatídico viaje
de Beth (Lauren German), Whitney (Bijou
Phillips) y Lorna (Heather Matarazzo),
tres mujeres americanas con relativamente
poca experiencia que viajan por Italia.
Cuando deciden hacer un viaje de fin de
semana, son atraídas a un rincón
remoto de Eslovaquia (supuestamente un
spa) por una hermosa modelo que conocen
en el camino, y descubren que su idílica
aventura se convierte en una lucha por
sobrevivir.
Eli Roth, aparte de haber dirigido la
primera parte, también había
realizado Cabin Fever
(2002).
Curiosidades:
El equipo completo de la primera parte
se dispuso a trabajar para esta secuela.
La actriz Bijou
Phillips, luego de filmar una larga escena
de tortura, quedó afectada emocionalmente
y declaró no querer filmar nunca
más en su carrera algo así.
Advertimos que
la película contiene escenas que
pueden herir la sensibilidad del espectador.
Hostal,
parte 2 fue censurada en Alemania.
Del montaje final para el film que se
está viendo en Estados Unidos y
otros países como Uruguay, en su
estreno mundial simultáneo, se
sacaron escenas que podían comprometer
aún más la calificación
de la película.
Las autoridades eslovacas volvieron a
incomodarse ante la aparición de
esta secuela, que toma lugar precisamente
en el país europeo.
El director italiano
de culto, Ruggero Deodato (conocido por
Holocausto Caníbal)
tiene un pequeño papel de torturador.
También aparece la actriz argelina
Edwige Fenech, que supo trabajar para
directores como el maestro Mario Bava
(Cinco muñecas para la
luna de agosto), Sergio Martino
(La perversa Señora Ward,
Todos los colores de la oscuridad)
y Andrea Bianchi (Desnuda para
el asesino), entre otros.
Las prótesis
necesitaron de efectos computarizados
para dar suficiente credibilidad y que
no hubiese ningún tipo de fisura
en los maquillajes.
MÁS PROVOCACIÓN, NUEVOS
RESULTADOS
Se ha hablado tanto de las fuertes escenas
que se dan durante la segunda mitad de
la película que lamentablemente
no solo esta secuela está quedando
estigmatizada sino también la labor
de su director Eli Roth. Quien no haya
visto Cabin Fever (2002),
la hasta el momento mejor película
de Roth, quizás menos quiera verla
ahora. Y ni qué hablar de lo que
el realizador norteamericano pueda hacer
en el futuro, que por ahora no va a ser
una tercera parte de Hostal
y sí una adaptación de una
novela de Stephen King.
Claro; estamos hablando de ese espectador
curioso, y no tanto del incondicional;
alguien que quizás se vea obnubilado
por la violencia y no vea que Roth también
es un director que no solo es un buen
narrador sino que además maneja
muy bien el lenguaje cinematográfico.
Si a eso le sumamos algunas estrategias
de publicidad dedicadas más bien
a causar polémica o a desafiar
a alguien a que vea una película
de torturas donde el diseño de
uno de los afiches apuesta solamente a
cubrirlo con sangre e intestinos se va
a hacer más difícil todavía
acercarlo.
Roth está en su total derecho a
fabricar escenas gore y mayhem. Más
que aterrorizar el objetivo pasa por perturbar.
Mostrar algo lo más gráficamente
para acercarse a una realidad hipotética
que sí conmueve y asusta. Que no
lo sugiera puede que sea molesto y hasta
que le quite puntos al balance en general,
aunque no es un defecto. Sabido es que
Roth es un conocedor del cine de terror
y aquí quiso rendir tributo a directores
italianos como Ruggero Deodato y Lucio
Fulci. Holocausto Caníbal
(1980) era un falso documental de Deodato
que no solo se refleja en la inscripción
de la remera de Roth durante algunos momentos
en que filma sino también en una
escena de canibalismo que se da en esta
secuela de Hostal. Un
asesinato similar (o un corte, literamente
hablando) al empleado por El destripador
de Nueva York (1982) de Fulci
se da al comienzo, durante el sueño
que padece el protagonista de la primera
parte, que aquí vuelve a aparecer.
Fulci vuelve a ser evocado con una de
las películas que más incomodó
a la Iglesia Católica: El
extraño secreto del bosque de las
sombras (1972). Antes que el
famoso asesinato de una niña en
Asalto al Precinto 13 (1976)
de John Carpenter y con mucha más
violencia que la del famoso vampiro negro
de Fritz Lang o el de Román Viñoly
Barreto, en Hostal, parte 2
se asesina a un niño a sangre fría
al mejor estilo de aquel cura asesino
de la película de Fulci.
La verdadera cuestión está
en los caminos que Roth elige para poner
su sello, inspirado en estos dos directores
a quienes les agradece en los créditos
finales. Y es el de poner quinta y acelerar
a fondo, a tal punto que en muchos años
jamás se ha visto tal grado de
violencia en una pantalla grande de circuito
comercial. Se lo puede ver como algo exploitation
aunque no conviene descartar que esto
también forme parte de su estilo.
El resultado de esta segunda parte de
Hostal es algo distinto
al de su predecesora, hasta un poco superior,
porque mientras en la primera resaltaba
la novedad, la sorpresa, la aventura juvenil,
los climas, acá ya se trabaja sobre
una base armada y que da para pensar,
más cuando el propio Roth moldea
a algunos de sus personajes secundarios
en base a "radiografías"
sacadas a gente de buen nivel social que
llamaba a la "hot line" donde
él trabajaba para Penthouse. Causa
pavor la manera en cómo se elige
a la víctima para luego torturar
y asesinar. Una foto de ésta se
pasea por las computadoras de distintos
usarios adinerados, quienes entran a ofertar
como en un remate, mientras llevan a cabo
distintas actividades familiares, de tiempo
libre y laborales. Uno de los planos más
escabrosos quizás radique en uno
de los clientes, que mientras oferta el
espectador es testigo del arribo de un
ómnibus escolar a la distancia
esperando por sus hijos, que justo terminaban
de desayunar y estaban listos para ir
al colegio.
Hombres de negocio que ocultan un gigantesco
monstruo, en medio de familias "perfectas".
Gente que tiene la vida asegurada y cuya
mayor preocupación está
en cómo dar rienda suelta a su
morbo. Individuos que se valen del dinero
para hacer lo que quieren. Uno de los
principales encargados en la fábrica
de tortura viste con una elegancia típica
de gran ejecutivo, otros afectados por
notorios problemas psicológicos
que pasan a ser desahogos cuando tienen
enfrente a las desafortunadas víctimas...
La frialdad y la naturalidad con que todo
se maneja, siendo el dinero lo único
que los puede llegar a conmover, a pasar
de blanco a negro en escasos segundos,
es lo que realmente asusta, mientras sus
actos termina siendo lo que shockea. Dichos
actos también abarcan el caso de
una pandilla de niños exigiendo
un "peaje" a los desconcertados
turistas que recorren Eslovaquia.
Se sabe que a Roth le gusta el terror
fuerte, pero no hace de su obra algo netamente
exploitation; por ahí
sí de algunas escenas aunque no
de su película o de esta saga,
donde moldea con mucha puntería
el perfil de esos personajes nombrados
anteriormente. Ahí está
su mayor acierto, como lo estaba en Cabin
Fever (2002) cuando se ponía
a prueba la lealtad y el apoyo entre ese
grupo de supuestos "amigos del alma"
contagiados por una misteriosa bacteria
asesina. Y su próximo trabajo,
justamente, vuelve a ironizar sobre la
naturaleza humana en tiempos modernos,
cuando a través de los celulares
se expande una onda que convierte a los
usuarios en zombies asesinos, que terminan
destruyendo todo.
Tarantino llegó a aconsejar a Eli
Roth telefónicamente, mientras
este último trataba de terminar
el libreto de la primera parte de Hostal.
El famoso director ha dicho que Roth tiene
gran futuro en el género del terror.
Y a esto habría que agregar que
su forma de comunicar quizás no
sea para estómagos delicados ni
tampoco para visiones que se dejen enceguecer
solamente por las escenas de tortura y
se pierdan otras cosas que corren de fondo.