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BOURNE: EL ULTIMÁTUM


Título original
: The Bourne Ultimatum
País y año de producción: Estados Unidos, 2007
Dirección: Paul Greengrass
Guión: George Nolfi, Tony Gilroy, Scott Z. Burns, basado en los caracteres creados por Robert Ludlum para su novela
Con: Matt Damon, Julia Stiles, Joan Allen, David Strathairn, Scott Glenn
Duración: 112 minutos
Calificación: No apta para menores de 15 años
Género: Acción / Thriller
Sitio Web: http://www.thebourneultimatum.com/


Reseña argumental: Treadstone, el programa de operaciones secretas que creó a Jason Bourne (Matt Damon), ya no existe. Ha sido absorbido por el programa Blackbriar, del Departamento de Defensa, que ha lanzado a la calle una nueva generación de asesinos profesionales a disposición del gobierno y cuya existencia es desconocida. Para ellos, Bourne debe ser eliminado; para él, ellos son el único eslabón que le une a una vida que se ha esforzado en olvidar. Bourne ha llegado al final del camino. Esta vez no le bastarán las promesas vacías de sus antiguos amos; tampoco se detendrá al matar a los que le persiguen sin tregua. No le queda nada que perder y se servirá de todo lo que le han enseñado, de todos sus instintos para llegar hasta sus creadores y acabar de una vez por todas.

El inglés Paul Greengrass había dirigido Vuelo en busca del amor (1998) y Vuelo 93 (2006), además de la primera secuela de la saga Bourne (La supremacía de Bourne, 2004). El coguionista Tony Gilroy había estado en los libretos de Eclipse total (1995; estrenada directamente en video en Uruguay), Medidas extremas (Michael Apted, 1996) y Prueba de vida (Taylor Hackford, 2000), además de en los de las primeras dos partes de Bourne. Su colega George Nolfi estuvo en los de Rescate en el tiempo (Richard Donner, 2003), La nueva gran estafa (Steven Soderbergh, 2004) y El centinela (Clark Johnson, 2006).




EN BUSCA DE UNA IDENTIDAD


Bourne: El ultimátum cuenta las desventuras de Jason Bourne, agente secreto surgido en las novelas de Robert Ludlum. La buena noticia es que esta tercera entrega cinematográfica es mejor que las dos primeras (Identidad desconocida, Dir: Doug Liman; La supremacía de Bourne, Dir: Paul Greengrass), en parte porque se busca revelar el origen oscuro de nuestro héroe, en parte porque el vértigo en pantalla deja exhausto al espectador, o quizá debido a que las dos razones anteriores se combinan con una vistosa textura de show mediático contemporáneo, aquel que nos devuelve el reflejo de nosotros como consumidores de ese show. O quizá es sólo más divertida. Lo que nos deja espacio para la levemente problemática, aunque no particularmente mala, noticia: Bourne es un personaje elaborado, un agente secreto o un arma asesina casi indestructible, pero como ser humano es un personaje inconsistente.


Las tres películas, envasadas como productos de diversión liviana, coquetean con el tema de la identidad personal en un mundo alienado, asolado y controlado por corporaciones gubernamentales. Este affair sólo se potencia en esta entrega cuando el protagonista (Matt Damon) viaja por medio mundo (Moscú, Londres, Turín, Madrid, Nueva York, etc.) en busca de una imagen a su semejanza, para encontrar que la maquinaria que lo creó ahora lo considera caduco y reemplazable. Una charla final con quien puede ser entendido (en términos freudianos) como el padre de Bourne, deja al descubierto las tácticas del entrenamiento militar de una nación que transforma a sus hijos en autómatas del exterminio.


¿Alguna conexión con las tropas enviadas a Afganistán? ¿Algún indicio de productos cinematográficos de reclutamiento patrocinados por el Pentágono? La película, dirigida una vez más por Paul Greengrass, no cuenta con soluciones pragmáticas o de cualquier otra índole frente a cuestiones políticas (o económicas, que al día de hoy parecen ser lo mismo), pero tal vez esto sea pedirle al film que se transmute en realidad. En el 2006 el director demostró con Vuelo 93 ser suficientemente talentoso para mantener el frenesí y la claustrofobia al recrear (¿discutir?) el secuestro del avión el 11 de septiembre de 2001, mientras esquivaba las implicancias de cualquier bando.


Con Bourne, repite su adoración por la fragmentación de la imagen en el cuarto de montaje, pero también encuentra tiempo para llevar al máximo su visión de la acción física. La secuencia sobre los techos marroquíes que deriva en un cuerpo a cuerpo es exuberante por su concentración y su ritmo coreográfico: como en un musical de la vieja escuela de Hollywood, en donde Damon es un Fred Astaire contemporáneo, sustituyendo el romance y el encanto de Sombrero de copa (1935, Dir: Mark Sandrich) por la angustia de un ser socialmente excluido, violento e indestructible. Una vez más y a pesar de la inconsistencia, eso es precisamente lo que nos atrae de Bourne: él no parece humano por ser casi indestructible, pero es un paria humano. Y como varios parias (o al menos los cinematográficos), él lo acepta (en el final) pero contradiciéndose a sí mismo. Es uno de los dogmas del individuo contemporáneo.


Danilo S

NOMINACIONES AL OSCAR: Mejor edición, Mejor sonido, Mejor edición de sonido.


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