
Título original: Saw IV
País y año de producción:
Estados Unidos, 2007
Dirección: Darren
Lynn Bousman
Guión: Patrick
Melton, Marcus Dunstan, sobre historia
de los dos y Thomas Fenton, basado en
los caracteres creados por Leigh Whannell
para El juego del miedo (James Wan, 2004)
Con: Tobin Bell, Costas
Mandylor, Scott Patterson, Betsy Russell,
Lyriq Bent
Duración: 95 minutos
Calificación:
No apta para menores de 18 años,
con reservas
Género: Mayhem
/ Terror
Sitio Web: http://www.saw4.com/
Reseña argumental:
Jigsaw (Tobin Bell) y su aprendiz están
muertos. Tras conocer la muerte del detective
Kerry, dos avezados criminólogos
del FBI, el agente Strahm (Scott Patterson)
y la agente Pérez (Athena Karkanis),
llegan a la destartalada comisaría
de policía para ayudar al veterano
detective Hoffman (Costas Mandylor) a
investigar el último y sanguinario
juego de Jigsaw. El objetivo es dar sentido
a las piezas del malévolo puzzle.
Pero de repente, el comandante Rigg del
SWAT (Lyriq Bent), el único oficial
al que Jigsaw aún no había
tocado, es secuestrado y obligado a formar
parte del terrorífico juego de
este psicópata. El oficial sólo
tiene noventa minutos para superar una
serie de trampas conectadas entre sí...
o de lo contrario su vida estará
en peligro. La búsqueda de Rigg
por toda la ciudad deja tras de sí
una macabra estela de cadáveres,
lo que permite al detective Hoffman y
al FBI descubrir pistas que han estado
ocultas durante mucho tiempo y que les
llevan hasta Jill (Betsy Russell), la
ex esposa de Jigsaw.
Darren Lynn Bousman había dirigido
las primeras dos secuelas de la saga.
Habrá una quinta parte para el
año que viene pero probablemente
no sea dirigida por Bousman. Tanto el
director de la primera parte, el malayo
James Wan, como el guionista de las tres
anteriores, el australiano Leigh Whannell,
no aparecen en esta ocasión.
INGENIERÍA
LETAL
Ni en las mejores épocas de las
sagas Martes 13, Pesadilla
o Noche de brujas uno
podía llegar a pensar que en el
futuro otra saga "terrorífica"
iba a tener tantas secuelas en camino,
como ésta, con algunas sorpresivamente
aprobadas por ejecutivos de estudio antes
del estreno de la respectiva predecesora.
El juego del miedo ya
va por su cuarta parte y hay otra más
en camino; y en algunos países,
como Uruguay, pueden llegar a verse dos
secuelas en un mismo y en circuito comercial.
Esto porque el cine de torturas ha captado
a un público incondicional que
consume este tipo de trabajos y que a
la vez lo ha convertido en un subgénero
capaz de desplazar al propio cine de terror,
no tanto en la taquilla sino más
bien dentro
de lo que el producto en sí se
dispone a ofrecer, más bien en
base a reglas de mercado.
Las tres partes que dirigió Darren
Lynn Bousman (ésta sería
la última que hace) han apuntado
a explotar los más creativamente
posible los rasgos de ese asesino original,
llamativo, muy inteligente aunque bastante
enojado con todos aquellos dispuestos
a desperdiciar su vida e incluso con los
que se la han quitado a otros o han hecho
algún tipo de mal. El personaje
de Tobin Bell, finalmente víctima
de un cáncer terminal, decidió
emplear sus conocimientos de ingeniería
para ponerlos al servicio de dos grandes
trampas (los contextos de la segunda y
tercera parte) y, para esta ocasión,
otro juego, más amplio y elaborado,
apuntando a un policía obsesionado
con su trabajo y por querer resolver siempre
todo, y que esta vez tendrá que
ayudar a un compañero al que le
queda muy poco tiempo de vida.
De los laberintos con una pizca de digno
suspenso, como en la segunda parte, que
intentaba emular el éxito de la
primera pero que no se la puede comparar
en lo más mínimo, Bousman
realizó una tercera donde el sadismo
y la tortura pasaron a ocupar la plana
mayor de un depósito verdaderamente
espeluznante y con giros argumentales
(sin virtudes narrativas) que pretendían
formar un rompecabezas, ya no solo con
la película sino con toda la saga.
El director intentó darle un sentido
a todo, gracias a un libreto que enfatizaba
el papel de Shawnee Smith como aprendiz,
"rango" que se ganó por
haber superado la prueba mortal como inminente
víctima de la primera parte, y
que también agregaba otros personajes,
cómplices involuntarios de Jigsaw,
a los que no les quedaba otra que seguir
caprichosas y perversas instrucciones,
con un enofque moralista cada vez menos
visible, para poder salvar las vidas de
sus seres queridos.
En El juego del miedo IV (2007)
el guión se vio un poco más
nutrido y no desistió a su vez
de mantenerse en línea con todo
lo anterior, tratando de hacer creíble
algo que una mente humana casi no sería
capaz de fabricar, si se piensa en el
villano principal, ni tampoco de creer,
si se piensa en un espectador más
o menos escéptico y no tan dispuesto
a entrar en el juego. Los resultados igual
son válidos; incluso podria hablarse
de ésta como la mejor de las tres
secuelas que se han hecho hasta el momento.
Aquí se destapan algunas cosas
importantes del pasado de Jigsaw, como
una antigua relación amorosa, la
razón real por la cual decidió
convertirse en un asesino implacable,
y hasta una vuelta de tuerca (siempre
tan buscada en la saga) que finalmente
tuvo sus frutos. Por supuesto que el gore
y las torturas no faltan a la cita, aunque
el resultado final es más película,
si se quiere, está mejor armado
en su guión, y hasta parece evocar
un poco la filosofía de aquel asesino
de Pecados capitales
(David Fincher, 1995), como ocurrió
en la primera parte. O sea, un personaje
principal más moldeado y no tanto
una excusa para seguir fabricando masacres
gratuitamente. En todo caso las mismas
aquí asoman un poco más
justificadas.
¿Qué va a pasar con la saga
de aquí en más, sin los
creadores originales y sin el abanderado
de las secuelas (Lynn Bousman). Sin dudas,
un verdadero desafío para los futuros
creadores de la quinta parte y todas las
demás secuelas que seguirán
apareciendo hasta que la saga finalmente
se agote y se quede sin más jugo
para dar.
AY