
Título original: Arthur
et les Minimoys
País y año de producción:
Francia, 2006
Dirección: Luc
Besson
Guión: Luc Besson,
basado en sus propios libros y sobre idea
de Céline García
Con: Freddie Highmore,
Mia Farrow, Penny Balfour, Doug Rand,
Adam LeFevre
Duración: 94 minutos
Calificación:
Apta para todo público
Género: Animación
/ Aventuras / Fantástico
Sitio Web: http://www.arthur-movie.com/
Reseña argumental: Como
cualquier niño de su edad, Arthur
(Freddie Highmore) está fascinado
por las historias que su abuela le cuenta
para irse a la cama. Sus sueños
están llenos de tribus africanas
y de increíbles invenciones de
un antiguo libro mágico que pertenecía
a su abuelo, quien desapareció
misteriosamente hace cuatro años.
Cuando empieza a leerlo con más
detalle, Arthur se da cuenta de que su
abuelo dejó numerosas pistas sobre
un tesoro escondido en la parte de atrás
de su casa. Y, todavía más
alucinante, hay aparentemente una vida
invisible debajo de la tierra, un mundo
habitado por criaturas diminutas, demasiado
pequeñas para ser vistas, que se
llaman minimoys. Para salvar la casa de
su abuela (Mia Farrow), Arthur decide
valientemente seguir los pasos de su abuelo,
entrar en el mundo de los minimoys y explorar
sus siete reinos. Pero para hacer esto
sólo hay una solución: Arthur
se tiene que encoger y ¡convertirse
también en un minimoy!
El francés Luc Besson es conocido
por haber dirigido Subway: Laberinto
de ilusiones (1985), Azul
profundo (1988) y El
Quinto Elemento (1997).
BAJO EL JARDÍN
Besson vuelve a sorprender con un microcosmos,
esta vez infantil, basado en un cuento
suyo compuesto de cuatro partes (el primero
publicado en 2002 y con gran éxito
de ventas en su país de origen)
y que en principio lo llevó a decir
que iba a ser la última película
de su carrera. Sin embargo, se anuncian
dos nuevos films basados en las aventuras
de Arthur y eso debería alegrar
a todo fan del buen cine, siempre y cuando
Besson decida volver al ruedo, al menos
para terminar la saga. Porque Arthur
y los Minimoys (2006; que nuclea
las dos primeras partes: "Arthur
y los Minimoys" más "Arthur
en la Ciudad Prohibida") ha logrado,
como pocas veces dentro de su imaginativa
obra, que ese típico trabajo de
imagen al que nos tiene acostumbrados
se uniera, haciendo un óptimo equilibrio,
con una historia por lo general ágil
(aunque a veces parece un poco atropellada,
cierto; como si Besson intentara meter
mucha cosa de golpe) donde un niño
debe internarse en un mundo escondido
bajo su casa, con el fin de hallar un
tesoro que le permita a su abuela salvar
las deudas que amenazan con quitarle el
hogar.
Este niño tiene dos padres egoístas
y dos abuelos formidables, que le brindan
todo el cariño que sus progenitores,
por naturaleza, nunca le pudieron dar.
La película intercala pasajes con
actores reales y escenas completamente
animadas, y lo hace muy bien, con un estilo
más bien nostálgico y algo
distante de su tradicional excentricidad,
vista en films como Subway: Laberinto
de ilusiones (1985) o El
quinto elemento (1997). Hay un
espíritu retro evidente (la ambientación
en la década del ´60, influencias
numerosas que van desde el Metrópolis
de Fritz Lang, pasan por la sensibilidad
de los personajes clásicos de Disney
y llegan hasta elementos de la saga Star
Wars), actores realmente notables
(Mia Farrow, como la abuela, y Freddie
Highmore, como Arthur) y por supuesto
mensajes que caen de maduros (necesarios
y bienvenidos, eso sí) y que llamaron
al francés Besson a su juego, que
era adaptar su historia infantil aplicando
su clásico sello cinematográfico,
donde predomina la extravagancia y el
esplendor visual; por ende, un camino
que marca cierta distancia respecto a
los animales parlanchines del Hollywood
del nuevo milenio (con algunas brillantes
excepciones, claro).
Besson ha sido, sí, un hombre algo
irregular. Algunos puntos flojos pudieron
verse en el libreto de Juana de
Arco (1999), que a pesar de algunas
críticas duras no estaba tan mal
hecha, y en la costosa y a la vez exitosa
El quinto elemento, un
asunto de ciencia ficción frenético
y por momentos descontrolado que terminaba
comprando al espectador con el diseño
de producción pero no tanto con
la historia en sí. En Azul
profundo (1988), una película
que tuvo buena repercusión en Francia
pero que aquí pasó casi
desapercibida, Besson haría su
película más personal (no
exenta de cierta lentitud; tampoco es
la mejor), bastante emparentada con el
posterior y excelente documental titulado
Atlantis, que dirigiría
tres años después. En la
primera el cineasta francés liquidó
una cuenta pendiente que tenía
con su deporte preferido, el buceo, que
tuvo que dejar de practicar a partir de
un accidente que tuvo a los 17 años
y que por ende le impidió incluso
estudiar para biólogo marino. La
peculiar rivalidad entre dos buceadores
en un torneo, amigos de la infancia (la
película se inspira en un caso
real), y la comprensión de una
mujer hacia un hombre obsesionado con
el mar y especialmente con los delfines
se unía a un gran despliegue fotográfico
bajo el agua, que luego haría eclosión,
entre música e imágenes
de varias especies marinas (al mejor estilo
de un episodio de Fantasía
de Disney) en Atlantis,
donde tampoco faltó el habitual
compositor de las películas de
Besson, su compatriota Eric Serra.
Si bien Luc Besson no era de ir a las
cinematecas de joven, sí leía
muchos comics y eso obviamente se nota.
Lo caricaturesco no solo vuelve a asomar
en algunos actores reales de Arthur
y los Minimoys (los padres del
niño, el abuelo, un acreedor),
sino que ya venía siendo parte
de otro mundo alternativo, como el de
su segundo largometraje Subway,
una especie de cuento milagroso donde
un ladrón se refugia junto a marginales
que viven en una estación de subte,
forma una banda de rock y termina uniéndose
a la mujer que venía extorsionando.
Locuras muy inventivas, películas
donde tanto crítica y público
han coincidido abiertamente a favor (Nikita,
El perfecto asesino),
una infancia sin televisor, un gusto por
el género policial que lo llevó
a producir y escribir varios trabajos,
reconocimientos en Europa y Estados Unidos,
la carta bajo la manga de Arthur...
y todo en menos de 50 años de vida.
A pesar de que ha trabajado muchísimo,
sería una lástima que se
retirara, por encima de cualquier tipo
de irregularidades.