
Título original: Street
Kings
País y año de producción:
Estados Unidos, 2008
Dirección: David
Ayer
Guión: James Ellroy,
Kurt Wimmer, Jamie Moss, sobre historia
de JE
Con: Keanu Reeves, Hugh
Laurie, Chris Evans, Forest Whitaker,
Jay Mohr
Duración: 109
minutos
Calificación:
No apta para menores de 18 años
Género: Drama
/ Thriller
Sitio Web: http://www.foxsearchlight.com/streetkings/
Reseña argumental: Tom
Ludlow (Keanu Reeves) es un veterano policía
de Los Ángeles que está
pasando el peor momento de su vida tras
la muerte de su mujer. Cuando unas pruebas
lo implican en la ejecución de
un compañero, se ve obligado a
ir en contra de la cultura policial a
la que ha pertenecido toda su vida, lo
que lo llevará a cuestionarse la
lealtad de todo aquel que lo rodea.
El director David Ayer estuvo en los
guiones de U-571 (Jonathan
Mostow, 2001), Rápido y
furioso (Rob Cohen, 2001) y Día
de entrenamiento (Antoine Fuqua,
2001). El libretista Kurt Wimmer estuvo
en los de Esfera (Barry
Levinson, 1998), El caso Thomas
Crown (John McTiernan, 1999)
y El discípulo (Roger
Donaldson, 2003).
Curiosidades:
Entre los libretistas figura el escritor
James Ellroy (el libro de Cop,
con James Woods, estrenada directamente
en video en Uruguay; novelas de Los
Ángeles al desnudo y
La dalia negra), asiduo colaborador
para el Departamento de Policía
de Los Ángeles, de donde salieron
amigos suyos que luego se convirtieron
en escritores, que en ocasiones tomaban
como argumentos casos reales sobre los
que habían trabajado. En el caso
de Ellroy, una de sus novelas (autobiográfica)
se disparó a partir del brutal
asesinato de su madre en 1958, cuando
tenía 10 años. La escribió
en 1996.
EN GUARDIA
El borrador de esta película ya
estaba dando vueltas desde hacía
más de una década en Hollywood
y siempre estuvo cerca de importanes directores
para ser llevado a la pantalla grande.
Cabe suponer, entre las hipótesis,
que ese guión (¿literario?)
fue objeto de cierto prejuicio, dado que
era lógico que pudiera verse como
un policial donde la violencia era más
bien usada como principal excusa para
fabricar un nuevo producto de bajo presupuesto
(en comparación a las grandes cifras
que se vienen manejando). Suponemos que
los cineastas que estuvieron cerca de
tomar las riendas de Reyes de
la calle (Spike
Lee, David Fincher, Oliver Stone) estarían
bastante ocupados en otros proyectos que
les interesaban más, porque cuando
se ven nombres como los del novelista
James Ellroy detrás de la historia
tendrían que estar un poco más
atentos.
Hubo un policial llamado Cop
(James B. Harris, 1988, sobre novela de
Ellroy) que andaba circulando por los
videoclubes uruguayos a principios de
los ´90 (y que sacó una editora
no muy conocida por ese entonces) y que
a uno le llamó bastante la atención,
no solo porque ese momento coincidió
con una etapa prolífica del siempre
notable James Woods sino, además,
por ese toque de cine negro que tenía
y que no imperaba tanto en esos otros
thrillers que se manejaban también
en ambientes bastante oscuros y violentos.
La década del ´90 fue como
un estallido, o mejor dicho una ampliación
de un tema al que se recurría bastante
y ya desde fines de los ´80 (con
Vigilantes de la calle,
de Dennis Hopper, como uno de los más
destacados) que era el racismo y el cine
de pandilleros, lejos de la etapa de vengadores
anónimos y más cerca de
cuestionamientos sociales (como en los
clásicos films de bajo presupuesto
en los ´70) donde no habían
bandos definidos de buenos y malos ni
tampoco simples casos de adulterio o problemas
muy personales que terminaran acaparando
la película.
El tema del control, el negocio de las
drogas, los grandes casos de corrupción
entre las autoridades, la propia marginación
y el consecuente resentimiento fueron
vistos en varios films aislados (Abuso
de poder, Los Ángeles
al desnudo; este último
sobre otra novela de Ellroy, al igual
que la reciente La dalia negra)
que evocaban inquietudes y hasta estilos
de cineastas como Sidney Lumet, Larry
Cohen, William Lustig, Scorsese o Abel
Ferrara, que además se hicieron
eco, con toque blaxploitation
de por medio gracias a su director Tarantino,
en Jackie Brown (1997),
sobre novela de Elmore Leonard. También
en otros casos que sirvieron como pretexto
para formar una nueva camada de películas
hechas por directores negros, donde se
destacaron Spike Lee, Carl Franklin, John
Singleton, Bill Duke, Ernest Dickerson
y los Hermanos Hughes, entre otros importantes
y actualmente olvidados realizadores;
todos dejando bien claras sus posturas
y hasta sus métodos; Singleton
en Los dueños de la calle
(1991) bregaba por la paz, mientras Spike
Lee tomó
el caso de Malcom X con claro objetivo
de movilización y de hacer algo
más que solo quejarse ante tantas
injusticias.
Muchos pueden llevarse una sorpresa con
Reyes de la calle (2008),
y no solo por el trabajo de Keanu Reeves,
que puede parecer una repetición
del personaje de Al Pacino en Sérpico
(1973; de hecho en un momento se nombra
a la película de Lumet) o por alguna
de las vueltas de tuerca (especialmente
el del final), ya que Ellroy y compañía
plantean aquí un thriller violento,
con muy buenos diálogos, descarnados
en ocasiones, realistas, mientras el director
David Ayer (lejísimos de los vehículos
hechos para Denzel Washington y Ethan
Hawke en Día de entrenamiento)
le imprime al thriller una intensidad
y un nerviosismo permanente, con un buen
ojo para las escenas de acción
en lugares totalmente sórdidos.
La ambición y la sed de poder lleva
a los personajes a cruzar una y otra vez
la barrera entre el bien y el mal; también
a la película a seguirlos minuciosamente
sin caer en las tradicionales tragedias
del pasado (o sea golpes bajos), que aquí
sí disparan el violento proceder
del policía interpretado por Reeves,
un hombre por momentos bastante frío
y metódico (como Harry, el sucio)
que no tiene problema de ir en cualquier
momento y a cualquier lugar con tal de
aclarar esta vez el caso de un compañero
asesinado, con el que él mismo
no se llevaba bien. Lo que va descubriendo
es algo casi aterrador y eso lo convierte
en una máquina de enfrentar situaciones
cada vez más peligrosas y sin necesidad
de pensarlo dos veces.
Ellroy siempre se inspira dentro de sus
relatos de ficción en casos reales
que él mismo ha visto en el Departamento
de Policía de Los Ángeles
(para el cual sigue colaborando), dotando
a sus personajes de un moralismo y una
honestidad que sí o sí deben
guardar muy dentro de ellos, ya que por
donde transitan no hay ningún tipo
de valores ni ética que valga entre
la gran mayoría de quienes los
rodean. En Reyes de la calle
el grado de alerta es mayor aún,
dado que a la lucha a muerte contra los
traficantes se suman las sospechas que
hay sobre sus propios compañeros,
el odio y el prejuicio de la gente hacia
los policías, y el peculiar racismo
del personaje de Reeves que se va diluyendo
a medida que entra a descubrir otras cosas
que le indican que siempre se van a ver
las dos caras de la moneda dentro de cualquier
bando o grupo étnico. También
hay alguna crítica que se vuelca
muy tímidamente hacia los retiros
policiales, es decir en qué condiciones
quedan aquellos que optan por pasar a
una vida más tranquila luego de
años y años de esfuerzo,
jugándose la vida prácticamente
todos los días. Por otro lado,
hay un intento de reflejar, con cierto
humor de paso, la locura y los casos insólitos
que padecen algunas personas que viven
en contextos peligrosos, cuando Reeves
las tiene que escuchar en el Departamento
de Quejas al que en un momento es trasladado.
Esta película ha sido tildada de
"muy violenta" y se
le aplicó una calificación
de no apta para menores de 18 años,
y la verdad que parece un poco exagerada,
no solo teniendo en cuenta lo que los
menores están viendo por la televisión
abierta hoy día, sino también
porque ya hubo casos de films mucho más
fuertes que terminaron siendo calificados
no aptos para menores de 12 o de 15. Nosotros,
insistimos, no somos quiénes para
meternos en temas que no dominamos pero
al menos queremos dejar constancia al
respecto.