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MAL DÍA PARA PESCAR


Título original
: Mal día para pescar
País y año de producción: España / Uruguay, 2009
Dirección: Álvaro Brechner
Guión: AB, Gary Piquer, basado en el cuento de Juan Carlos Onetti
Con: GP, Jouko Ahola, Antonella Costa, César Troncoso, Bruno Aldecosea
Duración: 102 minutos
Calificación: Apta para todo público
Género: Comedia / Drama
Sitio Web: http://www.expressofilms.com/maldiaparapescar/index.html





Reseña argumental
: Dos peculiares buscavidas viajan por Latinoamérica: Orsini, un empresario pícaro, cínico e ingenioso, que se autodenomina "Príncipe"; y su representado, Jacob van Oppen, un forzudo, envejecido e incontrolable ex campeón Mundial de Lucha Libre, a quien su manager sólo consigue apaciguar al arrullo de Lili Marlene.

Al llegar a Santa María, buscando atraer la curiosidad del pueblo, el manager hace público un desafío por este inaudito espectáculo: 1.000 dólares a quien sea capaz de resistir tres minutos en el ring con el campeón.

Los acontecimientos toman un rumbo inesperado cuando una ambiciosa y pequeña muchacha empuja a su novio -un almacenero joven y gigante apodado "el Turco" por su largo bigote- a aceptar el desafío.

"NARRAR DESDE LA MUERTE"


Esta producción cinematográfica (Uruguay - España, 2009), cuyo director Álvaro Brechner es uruguayo y vive en España, está basada en un cuento largo o "nouvelle" del universal narrador montevideano Juan Carlos Onetti, titulado "Jacob y el otro" (1961). Mal día para pescar, es una ópera prima que recibiera el premio de la Crítica en Cannes, film que respira y recrea la atmósfera onettiana, con un inteligente decantamiento, que se resuelve en un film mayor y diferente.


La inventada, mítica ciudad de Santa María del escritor uruguayo, es el espacio en el cual se desarrollarán los sucesos, y esa pequeña, monótona, ciudad junto al río quieto, surge con magisterio sin igual en sus imágenes. Brechner muestra sus lugareños, sus callecitas neblinosas, su taberna, su hotel, su periódico, sus crepúsculos, sus barcazas, sus grisuras, sus rutinas.


Alguna crítica ha visto el film como un "western crepuscular", aunque tal vez lo trascienda, si bien la "pareja viril" llega a Santa María, cumple con su destino y desaparece, explicitando a la perfección la técnica onettiana de la ambigüedad. La historia de dos forasteros, de dos perdedores, que se crean ficticias identidades, - un campeón mundial de lucha libre y su "manager" - transitan por pueblos latinoamericanos, ofreciendo y desafiando a los lugareños con el espectáculo de la lucha libre, juego tramposo que les ha permitido sobrevivir ilusoriamente, hasta que en Santa María, la aparición de una joven que empuja a su joven novio a desafiar al campeón, hace que los hechos den una vuelta de tuerca inesperada.


El realizador va contando sus vidas con detalle, pero a partir de un código que no se logra descifrar en su totalidad. El epílogo es el prólogo del film; de ahí que la película se estructure como una suerte de flashback. Orsini (magistral actuación de Gary Piquer), va mostrando al espectador, diferentes aspectos de su ilusoria personalidad. Se presenta como príncipe de Siena; tal vez la vida lo arruinó, pero es lo suficientemente astuto, pues ha sabido moverse con su compañero de vida, un "monstruo de feria", campeón mundial de todos los pesos, de origen alemán, Jacob van Oppen, que ha sido estafado por la Federación Internacional de Lucha Libre, pero a quien muy pronto se le restituirá su título y rectificará su "dossier". El álbum con los recortes periodísticos de su trayectoria mundial, así lo avala. Siente miedo en ocasiones por los desajustes psicológicos del Campeón, a quien maneja con una canción de cuna emblemática. Es operístico en su actuar, locuaz, envolvente, carismático. Es un "pícaro".


Jacob hace demostraciones de su fuerza en el teatro Apolo y se desplaza haciendo largas caminatas por las calles de Santa María. Los guiños al espectador están presentes en la corona que se le ofrenda al prócer de la ciudad. En tanto Orsini consigue arreglar una pelea con un boxeador que luego será descalificado por borracho, el Campeón se escapa de la pieza de su hotel y se le encuentra en la Iglesia, rezando. La oración en el devenir fílmico a un dios desconocido, formará parte de su extraña e introvertida personalidad. Mario, el almacenero bruto, robusto, pero joven, instigado por su novia, será quien aceptará el desafío. Los mil dólares que ofrece Orsini, les permitará casarse.


La constante onettiana, el enfrentamiento entre jóvenes y adultos, está planteada desde el "vamos". También la idea de que el campeón mundial es un viejo, es reiterada por la novia de Mario, apodado el Turco, el Matador. Toda una leyenda de pueblo chico, que es contada al "manager" por el jefe del periódico local (César Troncoso) de "El Liberal", quien desconfía de estos aventureros.


La clave del film estará en lo que medita en voz alta Orsini en el cuento: "Hacerse viejo es un buen oficio para mí. Pero él nació para tener veinte años y ahora los tiene ese gigante, hijo de perra que gira alrededor del meñique de ese feto encinta". La tragedia está ahí, el combate que se desarrolla entre Jacob y su fuerza corporal de juventud, deteriorada, desmayada por el corrosivo paso del tiempo. Y esa idea matriz es la que está desarrollada prodigiosamente en el film.


El miedo que intenta imponer Orsini al contendiente turco, no servirá de nada, puesto que su joven novia (fantástica composición de Antonella Costa), tejerá como una parca griega los hilos de la fatalidad hasta el final. Orsini tampoco podrá persuadir al Campeón, de fugarse, de que Jacob no acepte el desafío, en aras de futuras luchas de "calidad", en los EE.UU., lejos de este "agujero del mundo". Su ilusión será cancelada por la reacción del Campeón, en ese clima de asfixia, de tensión que reina en la habitación del hotel. La fuerza, la reivindicación del afán, "su juventud recuperada por honor, para hacer frente al combate con Mario", pueden ser una versión crepuscular pero luminosa de Jacob van Oppen, en la composición magnífica del actor finlandés Jouko Ahola.


Onetti-Brechner fijan todo su interés en el "reducido horizonte que espera a las criaturas del otro lado de sus empeños, y tendrá un signo positivo en Jacob". Si la breve resurrección de Jacob, es posible que no tenga un mañana venturoso, sí tendrá una vuelta a la pureza que lo invadió en su ayer juvenil. Y el príncipe terminará claudicando a las muchas formas de la piedad, respecto de la novia encinta.


El encuadre de una maleta pronta para partir, la cámara enfocando las piernas y los pies del Campeón la noche del desafío, o desde arriba registrando a Adriana, la novia, escupiendo y pateando al hombre que había perdido en el ring, son imágenes de una elocuencia desesperada. No hay duda de que Brechner ha puesto en escena, la historia apenas "entrevista de dos forasteros" y la ha "narrado desde la muerte".


P. M.


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