
Título original: The Wrestler
País y año de producción:
Estados Unidos / Francia, 2008
Dirección: Darren
Aronofsky
Guión: Robert
D. Siegel
Con: Mickey Rourke, Marisa
Tomei, Evan Rachel Wood, Mark Margolis,
Todd Barry
Duración: 115
minutos
Calificación:
No determinada a la fecha de estreno (en
Inglaterra: No apta para menores de 15)
Género: Drama
Sitio Web: http://www.foxsearchlight.com/thewrestler/
Reseña argumental:
Randy "The Ram" Robinson (Mickey
Rourke) es un luchador profesional de
la década de los 80. Tras sufrir
un ataque al corazón durante un
combate, los médicos le dicen que
podría morir si sigue luchando.
Robinson decide reconstruir su vida trabajando
en un comercio, intentando acercarse en
la relación con su hijo, y también
con una stripper (Marisa Tomei).
Pero le surge una revancha con su gran
rival, una oportunidad difícil
de rechazar, hasta el punto de arriesgar
su vida.
El director Darren Aronofsky había
dirigido Pi (1998) y
Réquiem por un sueño
(2000).
GIGANTE
Habría que preguntarse qué
pasaría si en esta película
no hubiera actuado Mickey Rourke y sí
un luchador profesional de los tantos
conocidos que hay en Estados Unidos, Canadá
y México (Hulk Hogan, Roddy Pipper,
Mil Máscaras, todos con trabajos
en cine); seguramente el film de Aronofsky
no tendría el mismo impacto que
al final tuvo. Porque si bien podría
ser una de las películas menos
personales de su director, El
luchador (2008) es prácticamente
toda de Mickey Rourke y obviamente pesa
considerablemente lo que ha pasado a lo
largo de su tormentosa vida, algo en la
misma línea de lo que vive este
personaje en la ficción, un luchador
que deja de pelear en los ´80 y
que vuelve a combatir, a pesar de las
advertencias médicas y con todos
los problemas personales y familiares
que padece, años después.
La relación con una stripper
(como siempre, muy bien Marisa Tomei)
y hasta con una hija a la que había
abandonado por momentos no toman tanta
importancia como lo que pasa por la cabeza
del protagonista, como los grises, fríos
y desolados lugares por donde transita,
los diálogos con sus colegas y
demás personas con las que habla,
ya sea antes y después de las peleas,
dentro y fuera del ring. Durante las casi
dos horas de película siempre está
Rourke y esa mano discreta (por no decir
fiel y descarnada) de Aronofsky, que parece
hasta condescendiente para con ese hombre
que busca volver a una de las pocas cosas
buenas que pudo disfrutar, y que a la
vez reniega y con bronca de todo aquello
que lo pueda alejar de los escenarios
y de las pocas cosas que le quedan en
la vida. Filmar a "The Ram"
podría haber sido lo mismo que
filmar a Mickey Rourke en la vida real,
y a Rourke seguramente no le haya costado
tanto meterse en la piel de este personaje,
uno de los mejores que ha hecho y el que
más le ha gustado, según
sus propias declaraciones.
Mickey Rourke es un muy buen actor (no
solo lo ha demostrado aquí) cuyas
excentricidades lo han llevado a estar
en varias listas negras. Y en todos estos
años ha sufrido pérdidas
familiares irreparables, fue condenado
por decir lo que pensaba de la industria
(y tenía razón), y tuvo
que sufrir traumas desde su infancia y
adolescencia que sin dudas lo afectaron,
lo hicieron reaccionar y, lamentablemente,
también lo hicieron caer presa
de esa máquina de picar carne que
es Hollywood. La resurrección de
la que se ha hablado con esta nominación
al Oscar y el Globo de Oro que ha ganado
como Mejor Actor está mucho más
relacionada con el exitismo que la industria
demanda que con su propia forma de ser,
un hombre que sigue siendo el mismo, de
pocos buenos amigos, y que es objeto de
admiración por parte de aquellos
que han logrado estar muy cerca de él,
incluyendo al ya fallecido boxeador Carlos
Monzón.
Más que una sorpresa, fue algo
sumamente agradable el hecho de verlo
de vuelta en acción a Mickey Rourke,
y luego de su "cuarto de hora",
que comenzó a desaparecer después
de haber actuado en Arenas blancas
(1992) de Roger Donaldson y luego de estar
bajo las órdenes de directores
como Walter Hill (en Un rostro
sin pasado, otra película
que tiene algunos puntos en común
con su propia vida y que aquí pasó
casi desapercibida), Lawrence Kasdan (Cuerpos
ardientes, 1981), Francis Coppola
(La ley de la calle,
1983 ), Alan Parker (Corazón
satánico, 1987) y Barbet
Schroeder (Mariposas de la noche,
valioso film que se estrenó directamente
en video en Uruguay), entre otros como
Steven Spielberg (1941;
film en el que debutó como actor).
Su trayectoria profesional, antes de esta
película que le ha vuelto a abrir
nuevas puertas, pudo trascender las burlas
de las que siempre fue objeto en los programas
de chismes, y sin dudas que ha durado
mucho más que nueve semanas y media.