
Título original: Tulpan
País y año de producción:
Alemania / Kazakistán / Polonia
/ Rusia / Suiza, 2008
Dirección: Sergei
Dvortsevoy
Guión: SD, Gennadi
Ostrovsky
Con: Tolepbergen Baisakalov,
Ondas Besikbasov, Samal Esljamova, Askhat
Kuchencherekov, Bereke Turganbayev
Duración: 100
minutos
Calificación:
No determinada a la fecha de estreno (en
Argentina: Apta para todo público)
Género: Comedia
/ Drama
Reseña argumental: Tras
culminar el servicio militar, el joven
protagonista regresa a Betpak Dala (la
estepa del hambre), al sur de Kazajistán,
donde habitan su hermana con su marido
y sus hijos. La familia se dedica al pastoreo
de ovejas. El muchacho quiere tener su
propio rebaño, pero para ello deberá
encontrar una esposa. La única
candidata posible en la zona es Tulpan,
la chica cuyo nombre da título
al film, pero ella tiene otros planes.
CON HUMOR Y SACRIFICIO
Parte ficción, parte documental,
esta obra de Sergei Dvortsevoy es por
demás llamativa; la historia de
un ex-marino al servicio de los rusos
que pretende tener su rebaño de
ovejas para poder establecerse en la estepa
sureña de Kazakistán y junto
a la familia de su hermana, en realidad
no es más que un pretexto para
el verdadero objetivo de Tulpan
(2008), que es el de reflejar una cultura
poco conocida en Occidente y de forma
poderosa, vívida e íntima,
una historia de esas que casi no suelen
verse en cartelera comercial, tan curiosa
y atrapante como el cine que se hace por
esas zonas de Asia y que aquí llega
muy esporádicamente.
Más que aludir a la polémica
Borat (Larry Charles,
2006), el antecedente que viene a la mente
de uno es La leyenda del perro
amarillo (Byambasuren Davaa,
2005), también con una familia
nómade como protagonista pero de
Mongolia. Aquí el grupo está
a 500 kilómetros de la ciudad más
cercana y cuenta con una radio como único
contacto con la civilización, mientras
las canciones que una niña entona
permanentemente le dan al film un vuelo
con cierta calidéz y serenidad,
como para que el espectador pueda contemplar
y hasta sentir ese diario vivir de esfuerzo
y constante dedicación por la tierra,
los animales y, por supuesto, la familia.
Aquí es cuando entra a operar ese
joven protagonista que para lograr su
objetivo deberá casarse con la
única joven del lugar, la hija
de unos vecinos que lo rechaza por "tener
las orejas muy grandes". Y eso lo
lleva a tener un conflicto cada vez mayor
con la familia de ella y especialmente
con la de su querida hermana, ya que el
joven no sabe lo que hacer, ante la inesperada
actitud de Tulpan por un lado y ante la
exigencia de su cuñado por el otro,
que si bien lo ayuda al principio luego
entran en conflicto por el fuerte carácter
que tiene ese hombre mayor. Aquí
es cuando Tulpan (la mujer del título)
pasa a un segundo plano, mientras el director
Dvortsevoy aprovecha al máximo
la naturalidad de sus actores no profesionales
para registrarlos en sus labores, en el
cuidado que tienen para con los animales,
en ese clima extremo y variable que tienen
que padecer, en sus momentos más
íntimos, en las charlas con sus
vecinos, amigos y conocidos, algunos bastante
exóticos.
De ahí que el humor también
esté presente y que en ocasiones
se convierta en algo desopilante, desde
las anécdotas que cuenta el protagonista
de cuando estuvo al servicio de la marina
rusa (que no se sabe bien hasta dónde
fueron ciertas), hasta el personaje del
veterinario que llega para llevarse a
un pequeño camello herido en su
moto pero que debe hacerlo a escondidas
de una madre que muerde a todo aquel que
se le acerca y que luego lo sigue sin
parar.
Pero a su vez también hay animales
que mueren misteriosamente, y esas escenas,
con mucha preocupación de por medio,
ya denotan un esfuerzo de supervivencia
en conjunto de todos los seres vivos que
allí habitan. El nacimiento de
una oveja, así, se convierte en
una prueba simbólica y fundamental
para ese joven, desilusionado por las
condiciones en que vive, por el panorama
con que se encuentra, y que hasta se ve
tentado por su amigo para irse a la ciudad,
donde las noticias que llegan con cierta
desinformación ya son una ironía
en sí.
Tulpan es un trabajo
sumamente delicado y transparente, un
sensible y atento registro de la vida
y las antiguas costumbres de los habitantes
de las estepas, y en ocasiones de lo que
es y también de todo lo que implica
la libertad, en conjunto con toda la naturaleza.
En realidad es más abarcador de
lo que parece.
AY