
Título original: Ninja
Assassin
País y año de producción:
Alemania / Estados Unidos, 2009
Dirección: James
McTeigue
Guión: Matthew
Sand, J. Michael Straczynski, sobre historia
de MS
Con: Bi Rain, Naomie
Harris, Rick Yune, Sung Kang, Randall
Duk Kim
Duración: 99 minutos
Calificación:
No apta para menores de 18 años
Género: Acción
/ Thriller
Sitio Web: http://www.ninja-assassin-movie.com/
Reseña argumental: La
historia habla de Raizo, uno de los más
mortíferos asesinos del mundo.
Recogido en las calles cuando era sólo
un niño, fue introducido en el
clan asesino de Ozunu, una sociedad secreta
que cuenta con una gran antigüedad,
y que para muchos es considerada como
un mito. Su mejor amigo es asesinado por
el clan, entonces Raizo decide salir de
allí y preparar su venganza.
El realizador James McTeigue estuvo en
la dirección de V de venganza
(2006).
EL REGRESO DE LA MUERTE SILENCIOSA
Los ninjas vuelven a la industria, o
a la gran industria, gracias a la masiva
distribución que la Warner hiciera
de Asesino Ninja (2009),
coproducida por los hermanos Andy y Larry
Wachowski (además del conocido
Joel Silver), filmada en Alemania, y con
el cantante surcoreano Rain como protagonista,
quien tuvo que prepararse medio año
para un papel sumamente exigente en lo
que respecta al físico y las artes
marciales.
Por si fuera poco, en el rol del villano
está nada menos que el legendario
Sho Kosugi; los nostálgicos que
hayan visto aquellas clásicas películas
con ninjas de los ´80, en especial
las de la famosa productora Cannon, seguramente
recuerden films como La furia
de los ninjas (1981) de Menahem
Golan (viejo aprendiz de Roger Corman),
Ninja 2: La venganza
(1983) y Ninja 3: La dominación
(1984), ambas de Sam Firstenberg.
Golan ha sido un incansable productor,
que ha hecho de todo, realmente, que se
movió en los más diversos
géneros (desde una de las últimas
secuelas de Emmanuelle
hasta la notable Powaqqatsi)
y siempre pensando en el público,
con el sólo fin de entretenerlo
y hacerlo pasar un buen rato. De ahí
que en muchísimas ocasiones los
trabajos de la Cannon hayan sido vapuleados
por la crítica elitista, y a la
vez admirados a más no poder (muchos
ya son de culto) por aquellos que iban
al cine, a los bonos escolares o a los
videoclubes para alquilar esos otros clásicos,
aquellos donde también aparecían
Charles Bronson, Chuck Norris, Michael
Dudikoff (con la saga de El guerrero
americano) e incluso algunos
casos perdidos, fuera de la Cannon, que
llegaron a Uruguay, como la producción
taiwanesa Ninja: La muerta negra
(Robert Tai, 1985) de la Golden Sun.
Por suerte, Canal 4 rescató algunos
clásicos asiáticos absolutamente
desconocidos por aquel entonces, dentro
de otro gran ciclo que se llamó
"Cine Ninja" y donde pudo verse
alguna vez a otro legendario actor japonés
(y uno de los ídolos de Tarantino),
Sonny Chiba.
Sin embargo, la gran mayoría de
estas películas eran de bajo presupuesto
y tenían mucho más éxito
en video que al momento de estrenarse
en cines. Quizás pueda pasarle
lo mismo a Asesino Ninja,
que no tuvo tan buena recaudación.
Se trata sin dudas de una de las películas
más sangrientas y violentas de
los últimos años. Y por
supuesto que acá no hay que buscar
mensajes ni historia elaborada alguna;
solamente hay un ninja, entrenado de huérfano
por un clan, que se rebela, huye y ahora
es perseguido a muerte, aunque a la vez
este ninja también tiene cuentas
pendientes con ese clan, donde había
sido asesinada una joven mujer a la que
quería y que tuvo que pagar con
su vida el hecho de querer escapar de
un maestro (Sho Kosugi) tan exigente como
implacable, cuando sus discípulos
fallaban.
Se sabe que los ninjas siempre fueron
mercenarios, de origen muy humilde, y
que estaban dispuestos a cumplir misiones
donde no importaba la ética ni
el honor, a diferencia de los samuráis,
sino la más neta efectividad en
base a los múltiples recursos aprendidos
y para cualquier tipo de trabajo. El film
de James McTeigue nos presenta a un ninja
bueno que se enfrenta a un enemigo temible
y numeroso, mientras se nutre abundantemente
de efectos digitales (incluyendo la propia
sangre que se ve en las peleas) que por
momentos complementan coreografías
muy buenas y que a veces saturan, restándole
un poco la mística a ese juego
al que uno siempre debía entrar
para mantenerse en vilo en las viejas
épocas, producto, además,
de una historia simple pero necesaria
al fin de cuentas, donde los combates,
la destreza física, el misterio
y el factor "sorpresa" eran
los verdaderos protagonistas.
Aquí la abundancia de sangre y
los desmembramientos parecen formar parte,
en ocasiones, de un videogame, de un relato
que intenta ponerse a tono con esa ola
de ultraviolencia que ha venido acaparando
el cine industrial de la última
década. Si bien no hay bombas de
humo e hipnotismo, sí hay apariciones
fantasmales, sombras en la noche que se
desplazan con una eficacia y rapidez absolutamente
implacable y letal, y por supuesto las
infaltables estrellas, cadenas y katanas.
En esta lucha de uno contra todos, al
fin de cuentas, igual pueden perdonarse
algunos excesos, en pos del regreso de
un subgénero que bastante se extrañaba
por estas latitudes, más allá
de los resultados finales, que podían
haber sido mucho mejores.