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PECADOS DE MI PADRE


Título original
: Pecados de mi padre
País y año de producción: Argentina / Colombia, 2009
Dirección: Nicolás Entel
Guión: NE, Pablo Farina
Duración: 94 minutos
Calificación: Apta para todo público
Género: Documental















Reseña argumental
: La historia del traficante de drogas más famoso del mundo, Pablo Escobar, desde la perspectiva de su hijo, que en los créditos utiliza un seudónimo.

EL PERDÓN COMO VALOR MORAL, EN EL CONTEXTO INFERNAL DEL NARCOTRÁFICO

El documental del mes, se abrió con la proyección en el cine Casablanca, del film documental Pecados de mi padre, una producción argentina-colombiana de 2009, cuyo director Nicolás Entel nacido en Buenos Aires, que por este su segundo opus cinematográfico, fuera seleccionado en el Festival Internacional de Cine Documental de Ámsterdam, en el de Mar del Plata y en Sundance.

Con una muy buena fotografía, excelente guión, espléndida banda sonora, y un montaje selectivo muy peculiar, el realizador se propuso reconstruir la relación del mítico, temido, poderoso narcotraficante de cocaína colombiano, Pablo Escobar Gaviria, - que tuvo en vilo a las autoridades colombianas en la guerra civil de "facto" que llevara a cabo en la década de los ochenta, y que culminara con su abatimiento por las fuerzas colombianas en 1993 -, con su hijo llamado Juan Pablo Escobar. Juan P. Escobar, tras la muerte de su padre, se vio impelido u obligado a cambiar su nombre, por el de Sebastián Marroquín, y junto a su madre fueron a vivir a Buenos Aires, preservando el anonimato.

Buscar un camino que fuera el más opuesto al elegido por su progenitor fue un lema vital; así llegará a consolidarse como profesional universitario y se empeñará tenazmente de aquí en adelante, en reencontrarse y pedirles perdón a las notorias, relevantes, emblemáticas víctimas del narcotraficante, ya que Escobar se encargó de mandar asesinar a sus padres sin piedad. Así el hijo del Ministro de Justicia, Rodrigo Lara, y los hijos del candidato liberal a la presidencia de la República, Luis Carlos Galán, tendrán gran fuerza testimonial en el devenir fílmico.

El documental está relatado desde el punto de vista de Sebastián Marroquín, en sus evocaciones y cuenta con la participación de su madre, María Isabel Santos, puesto que ambos accedieron a mostrar y poner a disposición del director argentino, el archivo familiar, compuesto de fotografías, cartas, documentos, videos, audio-cassettes grabados por el mismo "capo" del cartel de Medellín, a las que se sumaron en el film, imágenes de archivo "oficiales" de esa época de violencia total.

Sebastián evoca su infancia esplendorosa junto a su padre, en la finca o hacienda "Nápoles", que poseía un excéntrico zoológico, un helipuerto, una plaza de toros, un hotel de lujo, y en la cual hoy mismo se han realizado excavaciones que han arrojado restos de seres humanos que fueron víctimas de la corrupción y el poder ejercidos por su padre.

Los comienzos de su padre en el gran negocio de la cocaína, lo llevaron por su empatía con el pueblo, a fundar canchas de fútbol o pequeños estadios, y a construir viviendas para aquellos desamparados o indigentes, que vivían en precarios asentamientos. También a incursionar en el plano de la política, sin llegar a la presidencia. El día de su sepelio que se reitera en la filmación, la cámara se detiene en las pancartas de los más desposeídos que lo veían como un Padre-dios misericordioso.

Logró desde el Congreso, frenar la ley de extradición para facilitar su destino, en ese juego permanente con la muerte cierta, y así cuando el Ministro de Justicia, Rodrigo Lara comienza su investigación sobre sus actividades y laboratorios clandestinos ya estaba derogada. Pero el homicidio de Rodrigo Lara, será la solución encontrada para un Escobar que no se cuestiona éticamente sus actos delictivos y corporativos.

La irrupción en la escena política de Colombia, del carismático líder liberal, Luis Carlos Galán, candidato a la presidencia, a la vez que el avance de otro cartel rival de la droga, el de Cali, le llevarán al asesinato - entre otros - de Galán, en quien el pueblo había cifrado muchas esperanzas, y cuyos hijos continuarán por el sendero trazado por su padre. No es casual que sean los tres hijos de Galán, los que pospongan el encuentro tan esperado por Sebastián Marroquín. O tal vez se propusieron ser más "políticamente correctos".

Lejos de las arias de "La Traviata" que cantaba su padre, de la fastuosa cárcel, "La Catedral", que el narcotraficante se hiciese construir cuando se entregó; las elecciones de 1990, celebradas en un ambiente de gran tensión, llevaron a la presidencia al candidato liberal, César Gaviria. Escapado ya de la "cárcel", Gaviria lo fue cercando; escuchas telefónicas dan con el paradero, y tres tiros terminan con su vida.

El hijo empieza a pergeñar la carta con la finalidad de pedir perdón (que siempre estuvo en su inconsciente) por los crímenes (él les llama pecados, tal vez por poseer un sentimiento religioso), cometidos por su padre. El encuentro posterior con el hijo de Lara tiene un entrelineado más optimista. Los hermanos Galán se mostrarán más reflexivos, pero no menos soñadores con respecto a un saneamiento de la futura Colombia.

Si bien los que se podrían llamar acápites finales del film, hacen referencia a que la lucha contra la droga letal continúa, el testimonio de Sebastián Marroquín, el perdón como postura moral, el encuentro con algunas víctimas de su padre, muy representativas, hacen que el film con su "distanciamiento" casi brechtiano, deje en el espectador dudas, interrogantes para analizar con mucho cuidado.

El tema del abanico de poder que abre el narcotráfico, es una suerte de dios todopoderoso, muy difícil de derrotar. Se necesitaría ser Dios mismo para poner en marcha esta cruzada, para ir rompiendo los círculos de odio e intereses que genera. El film sólo mostrando los hechos, abre una brecha para una profunda reflexión posterior.

P. M.


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