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Título original: London
River
País y año de producción:
Argelia / Francia / Inglaterra, 2009
Dirección: Rachid
Bouchareb
Guión: RB, Zoé
Galeron, Olivier Lorelle
Con: Brenda Blethyn,
Sotigui Kouyaté, Sami Bouajila,
Francis Magee, Roschdy Zem
Duración: 87 minutos
Calificación:
No determinada a la fecha de preestreno
Género: Drama
Sitio Web: http://www.londonrivermovie.com/
Reseña argumental:
La acción se ubica en Londres tras
los atentados del 7 de julio de 2005.
Una madre viaja a la capital a buscar
a su hija desaparecida y descubre la relación
sentimental que la unía con un
inmigrante negro y musulmán cuyo
padre, a su vez, también busca
a su hijo. La negación y los prejuicios
(de clase, de raza, de religión,
de cultura, de familia) se interponen
entre ambos progenitores. Lo que menos
necesita una madre desesperada en medio
de una nación en shock es descubrir
que no conocía totalmente a su
hija.
El aquí coguionista Olivier Lorelle
estuvo en el libreto de Home/Hogar
(Ursula Meier, 2008).
DIALOGAR CON EL DOLOR
En los films estrenados durante el transcurso
de 2010, se vieron algunas postulaciones
que tocan el tema de los enfrentamientos
político-sociales, que derivan en
una muy posterior reconciliación,
o que de algún modo se juegan alrededor
de dichas temáticas.
En el film Cinco minutos de gloria,
del director alemán Oliver Hirschbiegel,
se apuntaba a la posible reconciliación
de una víctima, hermano menor de
un joven católico, republicano, que
fuera asesinado por un joven activista pro-británico,
protestante, su victimario; en Irlanda del
Norte, durante el año 1975. El encuentro
de estos dos seres, propiciado por un medio
televisivo, en una suerte de reality
show, realizado treinta y tres años
después de los hechos trágicos,
no llega a resolverse ante las cámaras,
y es trascendido por una más humana
lucha y redención, en aras de superar
los sentimientos de culpa, de odio, de venganza,
de remordimiento con los cuales los protagonistas
han vivido hasta entonces. El realizador
plasma una brillante postulación
fílmica, que tiene dos magistrales
actuaciones actorales, la de Liam Neeson
y la de James Nesbitt.
En el opus London River,
del realizador Rachid Bouchareb, hijo de
inmigrantes argelinos, nacido en Francia,
una madre y un padre pertenecientes a culturas
diferentes y enfrentadas abismalmente, -Europa
y África-, se trasladarán
a Londres, luego de los atentados terroristas,
acaecidos el 7 de julio de 2005, con la
finalidad de saber si sus hijos están
vivos.
Las dificultosas relaciones de los dos contrastantes
progenitores, será el eje temático
de un film, en el cual son notables las
performances de la actriz británica
Brenda Blethyn, y la del actor burkinés
Sotigui Kouyaté,
que fuera laureado con el Oso de Plata en
el Festival de Berlín, que también
le otorgara a la película el Premio
Ecuménico.
Bouchareb comienza su film, mostrando, elaborando
un sutil retrato de la Sra. Sommers, una
granjera británica, solitaria que
"dialoga" con su marido muerto
en la guerra de las Malvinas, junto a su
tumba, que asiste a los oficios religiosos
llevados a cabo por la iglesia protestante
de su comunidad, que se entera de los atentados
ocurridos en el Metro de Londres, y desea
comunicarse con su hija Jane, residente
en la capital, sin conseguirlo. A su vez,
el realizador presenta al Sr. Ousmane, de
origen africano, practicante de la religión
musulmana, que ha tenido que emigrar a Francia
- donde se desempeña como guardia
forestal -, para ayudar a su familia, cuya
madre le ha pedido que fuera a buscar a
su hijo, a quien ha dejado de ver desde
los seis años.
El bosque, una especie de olmos en extinción
es el paisaje que acompaña al firme,
paciente, entrañable Sr. Ousmane;
el río y los peligrosos acantilados,
enmarcan a la figura más desafiante
y a su vez desolada de Elizabeth Sommers,
tal vez correlatos de sus diferentes interioridades
psicológicas, muy bien exploradas
por Bouchareb. Sommers será quien
llegue primero al barrio londinense en el
cual reside su hija, y cuyos habitantes
en su gran mayoría, para su asombro,
son musulmanes.
Es un tema vivencial para el realizador;
de ahí la grean solvencia de su tratamiento
fílmico. En ese contexto se encontrará
con el Sr. Ousmane, quien también
con su aparente fragilidad exterior, busca
a su hijo. Los prejuicios de clase, de nacionalidad,
de raza, de religión, de cultura
se pondrán de manifiesto inmediatamente,
y más aún en el entorno de
una ciudad terriblemente conmocionada.
El director con mano maestra no cae en el
melodrama, y paso a paso logra plasmar en
imágenes un lirismo asordinado, en
un drama humanista, magníficamente
resuelto. La gestualidad de la Sra. Sommers
y los primeros planos de su rostro, explicitan
todos los matices del dolor, en la medida
en que el transcurso del tiempo, le ratifica
la inminencia de la desaparición
de su hija.
Los progenitores descubren que sus hijos
habían entablado una relación
sentimental, muy difícil de aceptar
para Sommers, que ironiza acerca del aprendizaje
de su hija del idioma árabe. La distancia
entre Sommers y Ousmane, comienza a acortarse,
en la mutua necesidad de apoyarse por una
causa común, la del amor por sus
hijos. Un instante de alegría que
pronto se frustrará, se vuelve una
escena antológica, por el hecho solidario
de compartir una fruta, que les permite
reconocerse y descubrir sus manos lastimadas
por sus diarios y respectivos quehaceres,
ya lejos del emblemático banco del
parque público, donde la distanciada
"contra figura en blanco y negro",
se presentificaba.
Imágenes significativas por demás,
mostrarán la soledad de los duelos,
que esta "extraña pareja"
deberá elaborar, con impotencia,
con rabia, con dolor. Bouchareb ha mostrado
con gran magisterio, el sufrimiento de dos
seres que han crecido y madurado en el dolor,
y en cierto modo, elípticamente el
de dos mundos (cristiano - musulmán),
que como los agonistas, deberían
comenzar a dialogar.
P.M.
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