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MUNDIALITO


Título original
: Mundialito
País y año de producción: Brasil / Uruguay, 2010
Dirección: Sebastián Bednarik
Duración: 75 minutos
Calificación: Apta para todo público
Género: Documental
Sitio Web: http://www.mundialitolapelicula.com/



Reseña argumental: Uruguay, 1980. La dictadura militar, en el poder desde 1973, se siente firme para legitimarse a través de un Plebiscito Constitucional. La Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) desea contrarrestar la amargura de la eliminación de la selección para el Mundial de Argentina ´78. Casualidad o causalidad, tanto los dictadores como las autoridades de la AUF, estos últimos con el apoyo expreso de la FIFA, coinciden en jugarse todo su prestigio durante los meses finales de ese año.

Los resultados de ambos emprendimientos son diferentes. La Constitución que promueven los militares es rechazada por la ciudadanía. En cambio, el apócrifo torneo mundial del que sólo participan, además del dueño de casa, los campeones mundiales Argentina, Brasil, Alemania e Italia, más el dos veces vicecampeón Holanda en sustitución de la renunciante Inglaterra, se convierte en un éxito doble o triple.

En la cancha, Uruguay obtiene el trofeo. Fuera de ella, tanto el gobierno como la silenciosa y silenciada oposición encuentran méritos para apropiárselo. ¿Quién tiene razón?

Estructurada en base a jugosas entrevistas y a inéditas y reveladoras piezas de archivo, la película Mundialito propone una reflexión aguda que se apoya en el más perdurable de los adagios: "allá cada uno con sus razones".


El director uruguayo Sebastián Bednarik había hecho los documentales La Matinée (2006) y Cachila (2007).

LA HISTORIA RECIENTE

A principios de este año, el espectador uruguayo tuvo la posibilidad de ver un film del maestro norteamericano, Clint Eastwood, Invictus, en el cual el ya electo presidente de todos los sudafricanos, Nelson Mandela, supo orquestar una jugada política, humana, con la finalidad de lograr la unidad de la nación del "arco iris", haciendo lo imposible para que triunfase en el Campeonato Mundial de Rugby de 1995, el equipo que de algún modo tenía su talón de Aquiles, en el sistema segregacionista del "apartheid", de quien Mandela era un opositor incansable. El triunfo esperado se logró en aras de la unidad de todos los sudafricanos.

El film del director y guionista uruguayo, Sebastián Bednarik, Mundialito, es un film documental, que da para polemizar, cuyo productor también guionista, Andrés Varela, se jugó en cuerpo y alma por este trabajo, que apela a inéditas imágenes de archivo proporcionadas por Cinemateca Uruguaya, por el Archivo Nacional de la Imagen (SODRE), por "Estadio Uno", por la televisión brasileña, por particulares, por fragmentos de un film, A los ganadores no se les ponen condiciones, por la AUF (Asociación Uruguaya de Fútbol) - entre otras - y por titulares de los periódicos de la época.

Se basa en la rigurosa investigación llevada a cabo por el historiador y ex futbolista, Gerardo Caetano, que además es un narrador omnisciente y un entrevistado más, en un film que sobrepasa el número de más de 20 entrevistados, para así ir mostrando las diferentes posiciones de políticos proscritos, periodistas deportivos, entrenadores exiliados, empresarios, presos políticos liberados, jugadores de fútbol, familiares de gente encarcelada, miembros de la AUF, de la FIFA, representantes sindicales del Partido Comunista en la clandestinidad, militares retirados, con la finalidad de que el espectador reflexione y saque sus propias conclusiones.

No en vano, la ciudad de Montevideo, está empapelada por el afiche de la mascota del Mundialito, que ahora patea la urna del plebiscito de 1980, con frases antagónicas, explicitadas también en el documental, como las del actual Presidente don José Mujica, en ese momento rehén de la dictadura, en un cuartel de Treinta y Tres - "Fue una pequeña fiesta compensatoria" -, o las palabras del líder colorado, otrora proscrito, el Dr. Jorge Batlle -"Yo estaba en contra del Mundialito" -, o las del ex presidente histórico de la FIFA, Joao Havelange - "Yo no hago política. Hago deporte" -.

El film comienza con la audición del Himno Nacional, la visión por el espectador del Estadio Centenario, y la figura del Dr. Aparicio Méndez, presidente civil del gobierno de "facto", instaurado en Uruguay desde 1973.

Gerardo Caetano expresa desde el vamos, que el fútbol en Uruguay es "el gran escenario de construcción de mitos", así fue claramente en 1930, con un Estadio Centenario recién inaugurado, y en 1950, la epopeya celeste de Maracaná, en la cual el capitán Obdulio Varela tuvo un papel fundamental; un tiempo mítico que reaparecerá en el documental. Caetano agrega, que los grandes eventos futbolísticos tuvieron que ver con regímenes democráticos en el gobierno. El tan mentado "Mundialito" de 1980, es otra cosa; los militares según algunos, lo organizaron al estilo del Mundial de 1978 en Argentina en pequeño formato, o al menos contó con la aprobación del gobierno cívico-militar que regía en nuestro país, por más que se temiera la presencia de los 1200 periodistas extranjeros que se acreditarían para el torneo - en la opinión de algunas voces.

Los militares estaban seguros de que iban a ganar el plebiscito de noviembre de 1980, y así elaboraron un proyecto de reforma constitucional que asegurara "una transición muy lenta hacia una democracia `tutelada´". Pero en las urnas, la ciudadanía dijo NO. Las imágenes muestran a la periodista Cristina Morán, autocensurándose, cuando ve que la papeleta del NO es la que se está imponiendo.

También se asiste en el film al debate televisado, que permitiera el gobierno dictatorial - Eduardo Pons Etcheverry y Enrique Tarigo - por el NO - se oponen al general Bolentini y al Consejero de Estado, Viana Reyes. Pons Etcheverry trata de "rinocerontes" a los civiles que colaboraban con la dictadura, expresión tomada de una obra de Ionesco. La dialéctica tuvo un papel fundamental "para el triunfo del `NO´".

Los militares y civiles implicados no pudieron legitimarse, y el silencio en las calles fue la situación del después. El testimonio del tupamaro Marcelo Estafanell, refiriéndose a la fiesta temerosa que se realizara en el Penal de Libertad, luego del recuento de votos, es emocionante. Este hito al mes, continuará con la organización de la Copa de Oro, del Mundialito, que ya no será el broche de oro para presentarse frente al mundo civilizado.

El realizador de Cachila y La Matinée, utiliza muy inteligentemente el montaje, en cuanto a las expresiones que deslizan los doctores Jorge Batlle y Julio María Sanguinetti respecto de la Copa. Luego de ser avalado este pequeño campeonato por Washington Cataldi (organizador), por la FIFA en la figura de Havelange y por la AUF que tenía como presidente al capitán de navío, Yamandú Flangini, se apeló a un singular personaje, el "empresario" Angelopoulos Voulgaris, que no tenía capital, pero sí deseos de ganarse unos dólares.

Es antológica la entrevista del griego, que termina vendiendo a Silvio Berlusconi los derechos de televisación a color del Mundialito, cosa de poder financiarlo, que aprovechó esta ocasión para romper con el monopolio de la RAI. En Uruguay el torneo se vio en blanco y negro, salvo en los cines, en los cuales se pasaba la filmación a color de la DINARP.

Uruguay se impuso en la Copa, a 5 selecciones internacionales de primer orden: Argentina, Italia, Brasil, Alemania, y Holanda. La banda sonora registra gritos de goles, la canción de Beto Triunfo, "Uruguay, te queremos ver campeón…" Así se llega al enfrentamiento con Brasil, al que Uruguay se impone ganando 2 a 1. Waldemar Victorino era el héroe de ese mundialito, en el cual según el jugador brasileño, Sócrates, se coló el mito de Maracaná, a quien alude el periodista Víctor Hugo Morales.

Todos festejaban; el dictador en el palco oficial junto a Cataldi, Havelange - entre varios más. Las marchas militares no pueden silenciar el estallido de las tribunas con el "se va a acabar, la dictadura militar" que inunda el estadio y la principal avenida. El pueblo se largó a la calle a festejar. Según la evocación de Marcelo Estefanell, la cárcel vibraba de emoción, y era la primera vez que presos y carceleros festejaban juntos, un acontecimiento que muchos decían era solo "pan y circo".

La tónica de los jugadores es que ellos "entrenaban" sin tener una real idea de lo que ocurría en el país, salvo el arquero Fernando Álvez que vio que "eran payasos de lujo". El capitán expresa en el documental su extrañeza de que nunca se los haya reconocido como equipo, que ni siquiera fueran invitados a comer un asado luego de levantar la Copa de Oro.

Este triunfo según Caetano, genera cierta conflictividad, puesto que está asociado a la dictadura, hay como una nebulosa respecto del mismo para muchos uruguayos. Son notables las declaraciones del jugador brasileño Sócrates, que apunta a que los jugadores debieran interesarse más por la política, la economía, la cultura, puesto que cumplen una función social y son mirados como importantes referentes por los que están afuera.

Aquí el realizador alude al reciente mundial de 2010, y se cuelan algunas figuras del seleccionado uruguayo en su ejemplaridad. En los créditos se registra el nombre del Dr. Tabaré Vázquez que ocupara como presidente de Progreso, la Comisión de Contabilidad de la Copa, pero que no accedió a ser entrevistado.

La postulación que nos convoca, no exenta de drama, miedo, humor, celebración, forma parte de la historia reciente, con sus luces y sus sombras. Es buena cosa revisar el pasado en sus alternativas formas vicarias, y aún con su subyacente conflictividad. Bednarik y su equipo fílmico se cuestionan y nos cuestionan.

P. M.


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