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CULPABLE O INOCENTE


Título original
: The Lincoln Lawyer
País y año de producción: Estados Unidos, 2011
Dirección: Brad Furman
Guión: John Romano, basado en la novela de Michael Conelly
Con: Matthew McConaughey, Marisa Tomei, Ryan Phillippe, William H. Macy, John Leguizamo
Duración: 118 minutos
Calificación: No apta para menores de 12 años
Género: Drama / Thriller
Sitio Web: http://www.thelincolnlawyermovie.com/



Reseña argumental: Mickey Haller (Matthew McConaughey) es un joven abogado criminalista que dirige su negocio de abogacía desde el asiento trasero de su coche Lincoln, con el que recorre las calles de Los Ángeles. Entre su clientela figura gente de todo tipo. Desde motoristas a artistas, pasando por conductores borrachos o traficantes de droga.

Todo se complica cuando Haller es contratado por un playboy de Beverly Hills arrestado por atacar a una joven. Lo que al principio parece un caso en apariencia sencillo, termina por convertirse en un verdadero infierno para Haller en su búsqueda de la verdad...

El director Brad Furman había hecho Venganza sin tregua (2007), estrenada directamente en DVD en Uruguay. El guionista John Romano estuvo en el libreto de Noches de tormenta (George C. Wolfe, 2008).




JUSTICIA PARA TODOS

El inocente, título español de The Lincoln Lawyer (estrenada para el mercado latinoamericano como Culpable o inocente), es la adaptación a la gran pantalla del libro escrito en 2005 por el que está considerado como uno de los principales autores estadounidenses de novelas policiacas, Michael Connelly. Este autor nacido en Filadelfia alcanzó bastante fama con su saga de escritos que tenían como protagonista al detective del Departamento de Policía de Los Ángeles, Harry Bosch. Pues bien, en El inocente el rol principal corre a cargo de Michael Haller, abogado hermanastro de Bosch. Se trata de la segunda obra de Connelly, ya que en 2002 se estrenó Deuda de sangre, dirigida por Clint Eastwood.


El film que ahora nos ocupa es uno de esos ejemplos de cine judicial que tanto gustan al público americano. Inocentes, acusados, abogados defensores, fiscales, jueces... todos puestos en su sitio y preparados para largas escenas de juicios donde nada es lo que parece (el espíritu de Testigo de cargo parece revolotear en todas estas producciones) y la tensión acumulada se puede cortar con un cuchillo.

Aquí hay un toque de originalidad en la circunstancia de que el héroe de la función, al que da vida el cachas Matthew McConaughey, es un letrado pendenciero que sería capaz de vender a su abuela por dos reales con tal de sacar algún provecho económico en sus casos. Este personaje chulesco y farolero empatiza desde el minuto uno con el respetable. A todos nos gustaría ser el más listo de la clase y que todos nos rieran las gracias, y en eso McConaughey es un artista, licenciado en roles donde gallardía y picaresca se dan la mano (sólo hay que recordar títulos como Los fantasmas de mis exnovias, Apostando al límite/Dos por el dinero o Como locos... a por el oro/Amor y tesoro para ver la cara más sinvergonzona del actor).


Se desplaza por la ciudad de Los Ángeles en un majestuoso coche (el Lincoln que da título al film en su versión original) buscando casos entre las clases menos pudientes de la sociedad. Con chofer negro, émulo del Morgan Freeman de Paseando a Miss Daisy/Conduciendo a Miss Daisy, que le lleva y le trae e incluso le ayuda a arreglar algunos desaguisados, se convierte en el terror de los fiscales que caen rendidos antes sus evidencias y triquiñuelas. Hasta el día en que encuentra a la horma de su zapato, un joven adinerado, Louis Roulet (Ryan Philippe), al que acusan de haber dado una brutal paliza a una joven prostituta (guapísima Margarita Levieva, vista en Adventureland). Haller, que atisba la posibilidad de ganar sus buenos dinerillos con el caso, se dará cuenta de que el proceso en el que se ve inmerso no está del todo claro, y, por desgracia, tendrá la evidencia de que acaba de meterse sin querer en auténticas arenas movedizas judiciales. La película se ve con agrado y es un entretenimiento de domingo por la tarde que no defrauda.

Los giros de guión están muy bien resueltos y el juego del gato y el ratón en el que se embarcan ambos personajes se mantiene hasta el inesperado desenlace. Quizás el único pero que se pueda poner a la producción es lo desaprovechadas que están algunas figuras secundarias de relumbrón que aquí no tienen oportunidad alguna de lucir. Tanto Marisa Tomei, que interpreta a la ex-esposa del abogado, como William H. Macy, John Leguizamo o Frances Fischer han toreado en mejores plazas, y aquí son meras piezas sin abolengo en un engranaje que les discrimina en meras apariciones testimoniales.


Puede ser que el director de la cinta, Brad Furman, aún no esté preparado para manejar elencos tan notables, aunque en su haber hay que reconocerle un ritmo que no decae en ningún instante y el haber sabido rodearse de profesionales tan solventes como el guionista John Romano, quien ya había escrito libretos sumariales en series de TV como Canción triste de Hill Street o Turno de guardia, o el director de fotografía Lukas Ettlin, de quien este mismo año ya hemos podido ver la prescindible Invasión a la Tierra (Battle: Los Ángeles).


En definitiva, recomendable para los amantes de la manipulación en general y las tramas judiciales convincentes en particular.


José Luis Nieto (desde España)


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