
Título original: The Spy
Next Door
País y año de producción:
Estados Unidos, 2010
Dirección: Brian
Levant
Guión: Jonathan
Bernstein, James Greer, Gregory Poirier,
sobre historia de JB y JG
Con: Jackie Chan, Amber
Valletta, Lucas Till, Billy Ray Cyrus,
George López
Duración: 94 minutos
Calificación:
Apta para todo público
Género: Acción
/ Comedia
Sitio Web: http://www.thespynextdoorfilm.com/
Reseña argumental:
Bob Ho (Jackie Chan) es un súper
espía secreto de la CIA que decide
abandonar su carrera en el mundo del espionaje
para sentar la cabeza con su vecina y
novia, la bella Gillian (Amber Valletta).
Pero Bob tiene una última misión
que cumplir antes de que Gillian acepte
casarse con él: ganarse a sus tres
testarudos hijos. Cuando Gillian se ve
obligada de repente a salir de la ciudad,
Bob se ofrece voluntario para cuidar de
los niños, con intención
de ganarse la aprobación de los
mismos. Los problemas comienzan cuando
uno de los pequeños se descarga
por error una fórmula de alto secreto
en su computadora. Entonces todos se verán
amenazados por un terrorista ruso, archienemigo
de Bob, lo que fuerza a éste a
compaginar los papeles de espía
y futuro padrastro en el mayor desafío
que se ha visto obligado a afrontar en
su carrera.
El director Brian Levant había
hecho Beethoven (1992),
El regalo prometido (1996)
y Frío de perros
(2002). El aquí coguionista Gregory
Poirier estuvo en el libreto de Extraña
venganza (Fritz Kiersch, 1995),
estrenada directamente en video en Uruguay,
donde aparecía la ex estrella de
cine condicionado Ginger Lynn y también
Danny Trejo, que por ese entonces también
tenía sus roles en Fuego
contra fuego (de Michael Mann)
y La balada del pistolero
(de Robert Rodríguez), ambas de
1995.
CUALQUIER TIEMPO PASADO FUE MEJOR
No vamos a descubrir aquí quién
es Jackie Chan. Todos los que peinamos
-o todavía podemos peinar- canas
crecimos disfrutando con auténticos
clásicos del cine de kung-fu en
títulos tan improbables como El
mono borracho en el ojo del tigre
(The Drunken Master),
La serpiente a la sombra del águila
(Eagle´s Shadow)
o Meteoro inmortal (sic).
El bueno de Jackie ha ido envejeciendo
en pantalla a base de coronar sus numerosas
actuaciones con acrobacias inverosímiles,
piruetas increïbles, cabriolas impensables,
puñetazos, patadas, acción
incontrolada... y nosotros nos lo hemos
disfrutado a más no poder emulando
sus hazañas contorsionistas a la
salida del cine.
Educado, aunque no lo parezca, en la prestigiosa
Escuela de la Ópera de Pekín,
una suerte de teatro total que se nutre
de las formas más arcaicas de la
tradición china (los responsables
de la Escuela siempre han considerado
a Chan como uno de sus alumnos más
díscolos), el actor comenzó
hace ya unos cuantos años una carrera
paralela en la meca hollywoodiense que
le llevó a interpretar films mucho
menos violentos, destinados al consumo
del público adolescente y familiar
(la trilogía Rush Hour,
El Superchef, El
poder del talismán e incluso
una insulsa versión de La
vuelta al mundo en 80 días
dan fe de ello).
Mi vecino es un espía,
vendría a constituir una nueva
vuelta de tuerca en este subgénero
propio que son las "comedias de Jackie
Chan para todo público", que
se sumaría a los títulos
anteriormente citados. Nada nuevo bajo
el sol: mientras en Hong Kong Jackie parece
querer insuflar un aire más trascendente
a sus producciones -acaba de filmar el
drama de acción Shinjiku
Incident, y su último
film, aún pendiente de estreno,
Little Big Soldier, se
ha presentado nada más y nada menos
que en el prestigioso Festival de cine
de Berlín- en Estados Unidos rueda
películas descaradamente orientadas
a hacer taquilla contante y sonante.
Poco se puede salvar de una película,
cuya trama nos sabemos de memoria; rebosante
de supuestos gags graciosos que
no arrancan ni media sonrisa al más
rendido de sus admiradores, y con un elenco
de saldo que podría participar
sin rubor en cualquier telefilme de sobremesa.
Pero no nos engañemos, quien vaya
a ver una de Jackie Chan busca alucinar
con escenas de acción arriesgadas,
llevadas a cabo al filo, sin trampa ni
cartón. Y ahí nos vamos
a llevar una gran decepción porque
el bueno de Jackie ya va rondando la sesentena
y en más de la mitad de las secuencias
o bien está doblado o se apoya
en las dichosas cuerdecitas, que se puesieron
de moda a partir de películas como
El Tigre y el Dragón
o Héroe. No se
pueden pedir peras al olmo; el hombre
ya no está para muchas aventuras.
Si al menos el guión ofreciera
algo de interés, la función
podría salvarse; pero ocurre todo
lo contrario: es aburrido y plano a más
no poder (no se entiende cómo para
parir una historia tan insulsa se haya
necesitado de la participación
de cuatro guionistas distintos). Por desgracia,
las aptitudes del actor hongkonés
son bastante reducidas y, si encima su
partenaire no es otro que el
pétreo Billy Ray Cirus -más
conocido por ser el papá de Hannah
Montana- pues mejor huir del cine. Los
niños que actúan como contrapunto
infantil del protagonista son bastante
chirriantes, exceptuando a Madeline Carroll
(vista en Resident Evil: Extinción),
que destaca sobremanera; mientras que
en la parte adulta se puede destacar la
presencia de la guapa Amber Valletta (Gamer)
y la no menos estimulante Katherine Boecher
(de la serie Mad Men
de HBO, o Héroes).
Si a todo lo dicho añadimos que
el director que firma esta comedieta familiar
no es otro que Brian Levant, quien atesora
en su filmografía títulos
de tan volátil olvido como Beethoven,
Los Picapiedra, Aventuras
en Alaska, entre otras, con Ice
Cube ejerciendo a su vez labores de canguro,
ya podemos decir a ciencia cierta que
Mi vecino es un espia no
pasará precisamente a la historia
del séptimo arte por la puerta
grande.
Ni los títulos de crédito
del final de la película, tan celebrados
en otras producciones de Jackie Chan con
tomas falsas donde el actor demostraba
lo duro que había sido todo el
supuesto trabajo de preparación
de sus peligrosas proezas, están
a la altura de lo que se esperaba.
En definitiva, un producto de consumo
rápido que se olvida en cuanto
el 'The End' asoma por la pantalla. Aquí
sí que se puede aplicar sin temor
a equivocarnos aquello que decía
el poeta castellano Jorge Manrique de
que "cualquier tiempo pasado fue
mejor".