Título
original: Killer Elite
País y año de producción:
Australia / Estados Unidos, 2011
Dirección: Gary
McKendry
Guión: Matt Sherring,
inspirado en el libro de Ranulph Fiennes
Con: Jason Statham, Clive
Owen, Robert De Niro, Dominic Purcell,
Yvonne Strahovski
Duración: 116
minutos
Calificación:
No apta para menores de 12 años
Género: Acción
/ Thriller
Sitio Web: http://www.killerelite.com/
Reseña argumental:
Tres antiguos miembros de las fuerzas
especiales son contratados por un jeque
árabe para matar a tres miembros
del SAS (Special Air Services), culpables
de la muerte de tres de sus hijos durante
unos disturbios en Omán diez años
antes. Dos de ellos aceptan por dinero,
mientras que el tercero (Jason Statham)
lo hace para salvar la vida de un amigo.
Pero llevar a cabo tan peligrosa misión
no será nada fácil, pues,
aunque son profesionales, están
bajo el control de una organización
formada por antiguos miembros del SAS,
denominada The Feather Men.
CRIMEN Y CASTIGO
Jason Statham es un actor británico
que se ha ganado por derecho propio el
reconocimiento como uno de los iconos
del cine de acción más importantes
en lo que llevamos de siglo XXI.
Desde sus primeros pinitos -de la mano
de Guy Ritchie en Juegos, trampas
y dos armas humeantes / Lock & Stock
y Snatch: Cerdos y Diamantes-
pasando por virulentas y furiosas sagas
como Transporter, Crank
o la más reciente Los indestructibles
/ Los mercenarios (de la que
ya se rueda la segunda parte), Statham
ha sabido coger el relevo generacional
de aquellos héroes de los ´80
que se caracterizaban por dar vida en
pantalla a personajes con un marcado índice
de testosterona (los Stallone, Schwarzenegger,
Willis, Norris y compañía)
y se ha ido ganando a golpe de nudillos
un respeto por parte de la audiencia que
lo ha entronado como heredero directo
de aquéllos.
En esta Asesinos de élite
(Killer Elite, 2011) que ahora nos ocupa,
el fornido titán de la función
no viene sólo, sino que está
muy bien acompañado por otros dos
pesos pesados de la actuación viril.
Por un lado hallamos a Clive Owen, recién
estrenada entre nosotros su Intruders
de Juan Carlos Fresnadillo, y por el otro
el sempiterno Robert de Niro, quien sigue
con su tour de force frenético
codo a codo con Al Pacino para ver quien
puede participar en más trabajos
en menos tiempo (en el caso del protagonista
de Toro salvaje, después
de ésta aún tiene la friolera
de siete películas más por
estrenar).
Con un look parejo a los thrillers
setenteros que encumbraran a grandes duros
del celuloide como Steve McQueen, Lee
Marvin o Clint Eastwood, se nos presenta
una trama intrincada que es pura diversión:
Danny, un asesino a sueldo retirado de
toda acción, quien, por culpa de
un chantaje en el que su amigo y también
compañero de fatigas criminales
Hunter es encarcelado, deberá viajar
a Londres contratado por un jeque moribundo
de Omán para asesinar a unos cuantos
miembros del SAS (Special Air Services)
que hacía unos años habían
ajusticiado vilmente a los hijos del Emir.
La acción está servida.
Y Statham y compañía no
decepcionan en absoluto a su audiencia.
Ya en el prólogo del film observamos
la metódica forma de actuar de
estos aristócratas del homicidio.
Con la precisión de un reloj de
cuco, armados hasta los dientes y con
muchas ganas de armarla, van cumpliendo
uno a uno los objetivos marcados. Es cierto
que Robert de Niro ya no está para
muchas escenas de acción, pero
hasta tiene un cierto punto melancólico
verle empuñar una metralleta y
disparar a diestro y siniestro, como hiciera
hace ya más de quince años
en Fuego contra fuego / Heat,
de Michael Mann.
Tanto el director de la cinta, Gary McKendry,
como el guionista de la misma, Matt Sherring,
son neófitos en estas lides, así
que de entrada hay que perdonarles algunos
errores conceptuales (tramas demasiado
enrevesadas, persecuciones rodadas de
forma poco meritoria...) y celebrar que
estamos ante un film tan entretenido como
adrenalítico, trufado además
con algunas de las peleas cuerpo a cuerpo
más demoledoras vistas en los últimos
años, sobretodo la que concierne
al encontronazo final entre los personajes
de Statham (maniatado a una silla, aunque
eso al final será tan solo pecata
minuta) y Owen, todo un alarde de acrobacias
abrasivas que harán las delicias
del espectador más forofo de este
tipo de propuestas de guante duro.
Statham lleva todo el peso de la película
por su cuenta: sus diálogos son
de distancia corta, lapidarios; a fin
de cuentas el héroe demuestra su
movimiento andando y no esgrimiendo el
noble arte de la oratoria, aunque eso
no es excusa para que de vez en cuando
suelte perlas del tipo: "La muerte
es fácil, vivir con ella es difícil".
Aunque no se trate de un intérprete
del método, precisamente, su constante
cara de mosqueo y su mirada felina a punto
de saltar a la yugular de cualquiera que
se encuentre a menos de cinco metros nos
gusta, y esperamos expectantes a que nos
vuelva a demostrar su óptimo estado
de forma (o el de sus dobles cuando los
necesite) saltando y dando brincos por
los desgastados tejados londinenses (algo
que ya le habíamos visto hacer
el año pasado en la infravalorada
Blitz) o dándose
de mamporros con todo tipo de guardias
y ejércitos orientales u occidentales.
Si decimos que hay que destacar las peleas
cuerpo a cuerpo, es de recibo reconocer
la labor de montaje de John Gilbert, un
habitual en las películas de acción
de Statham (le acompañó
en Blitz y El
gran golpe / The Bank Job). Sus
planos están colocados de manera
que el actor británico luce en
todo su esplendor atlético, y así
consigue que el ritmo no decaiga en ningún
momento.
En el debe de la propuesta sí
hay que hacer notar la fragilidad de la
subtrama romántica que aparece
hacia la mitad del film. El descanso del
guerrero no llega nunca, y allí
en los lejanos páramos australianos
espera cual Penélope su vecina
que le corresponda. Los flashbacks
en los que Danny recuerda lo bien que
se lo pasaba con ella son lo más
flojo del film; Yvonne Strahovsky, la
actriz que da vida a Anne, apunta muy
buenas maneras, aunque el guión
la relegue a una mera actitud de comparsa
(sin embargo pronto la veremos de protagonista
junto a Seth Rogen en la comedia My
Mother's Curse, de Anne Fletcher).
Del resto del elenco actoral, destacar
la presencia de algunos secundarios de
prestigio como Dominic Purcell (archiconocido
por su rol de Lincoln Burrows en la famosa
serie de televisión Prison
Break) y Adewale Akinnuoye-Agbaje
(visto recientemente en el remake de
El enigma de otro mundo / La cosa
y en Sed de venganza / Faster).
Lo curioso de esta Asesinos de
élite es que no se produzca
en ningún momento de una manera
nítida la típica dualidad
inocente-malvado. Ambas partes son chicos
malos que actúan esencialmente
por un sentido cuestionable de lo que
es correcto; todos los personajes tienen
razones más que suficientes para
comportarse de la manera que lo hacen,
unos por despecho y otros por camaradería,
unos por dinero y otros por amor, lo que
se traduce en que el conjunto gane, y
de qué manera, en verosimilitud.
En definitiva, un cóctel de acción
trepidante que gana empaque en su tramo
final, con unos actores solventes que
elevan el tono de un libreto que peca
de bastante trillado.