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A ROMA CON AMOR


Título original
: To Rome with Love
País y año de producción: España / Estados Unidos / Italia, 2012
Dirección: Woody Allen
Guión: Woody Allen
Con: WA, Alec Baldwin, Roberto Benigni, Penélope Cruz - Jesse Eisenberg
Duración: 112 minutos
Calificación: Apta para todo público
Género: Comedia
Sitio Web: http://sonyclassics.com/toromewithlove/







Reseña argumental
: Cuatro historias independientes con un escenario en común: la ciudad de Roma. En la primera, un matrimonio americano (Woody Allen y Judy Davis) viaja a Italia para conocer a la familia del prometido de su hija. En la segunda, un italiano (Roberto Benigni) es confundido con una estrella de cine. En la tercera, un arquitecto californiano (Alec Baldwin) visita Roma con sus amigos, y en la cuarta, unos recién casados (Alessandro Tiberi y Alessandra Mastronardi) se pierden en la capital italiana, a la que han ido a visitar a unos familiares.


El director neoyorquino Woody Allen es conocido por trabajos como Manhattan (1979), Broadway Danny Rose (1984) y Días de radio (1987), entre tantos otros.


LAS COSAS OCURREN

París era una fiesta en los años veinte, y la nostalgia de Woody Allen la recreaba y presentificaba a través de la mirada de su "alter ego" en Medianoche en París, que como un hechicero descubría a sus héroes de "la generación perdida" estadounidense, junto a otros mitos e hitos de la cultura del siglo XX, que iban a buscar la luz en esa capital europea, única, mágica, irreal. Después de esta dulce y melancólica postulación, de este sueño realizado y a su vez perdido, era dificultoso asediar a "la ciudad eterna" con esa suerte de brillantez, de "gracia" concedida por los dioses. Tal vez como lo hiciera con su experiencia en el Reino Unido donde plasmara la muy dramática Match Point, Scoop, El sueño de Cassandra, le era necesario volver a Nueva York, tomar contacto con sus personajes y volver a mostrar su amor verdadero por la ciudad de los rascacielos. Si la cosa funciona es producto inteligente de ese volver, para resurgir con Conocerás al hombre de tus sueños y con la magia de Medianoche en París.

A Roma con amor es un film que sigue a la surreal creación parisina, y como ser humano y creador, de pronto no se encontró con el tono más justo, a pesar de su gran admiración por el neorrealismo italiano, a la muy especial fascinación por Amarcord de Fellini, y por la grandeza de la monumentalidad artística, arquitectónica que Roma conlleva. Woody Allen tiene como un acuerdo tácito con el espectador, y año tras año les entrega un film. A los 76 años, se puede decir que Allen es el gran comediógrafo y comediante de este mundo cruel, de este "restaurante de tercera clase que es la vida, donde se nos sirven los peores platos". Nadie puede dudar de su humor culto, de su escéptica ironía, de la fragilidad del amor, de la fauna intelectual que lo atrae y lo abruma, de la banalidad de la celebridad, del desconcierto en cuanto a las relaciones humanas, del interjuego entre ficción y realidad, y un muy largo etcétera que crea y recrea. Bastaría nombrar sólo algunas de sus películas como Dos extraños amantes, Manhattan, Hannah y sus hermanas, La rosa púrpura del Cairo, la muy bergmaniana Interiores, La otra mujer - para citar algunas -, que privilegian una trayectoria cinematográfica, que se debería revisar con mucho cuidado y entusiasmo.

El realizador se trasladó a la Roma de Giovanni Boccaccio, y puso en escena cuatro historias, en un film coral, en el cual actúan agonistas de origen norteamericano e italiano. En el episodio en el cual Allen participa como actor, le expresa a su esposa además psicoanalista (encarnada por Judy Davis), que la situación de estar jubilado la vive como la antesala de la muerte. Con motivo de conocer al novio italiano de su hija, se trasladan a Roma. Es risible el diálogo que entabla con su futuro yerno, un joven abogado que asevera defender a los pobres, por lo cual Woody desconfía que su hija cayó en las manos de un comunista. Pero en ese entorno oye una magnífica voz, que resulta ser la de su consuegro (Fabio Armiliato), que bajo y durante la imprescindible ducha, canta un gran repertorio de arias operísticas.

Las imágenes van mostrando al espectador, que su oficio está relacionado con la muerte, puesto que es el dueño de una funeraria, de aquí la hilaridad que provoca el contraste. A Woody-Jerry, que en su pasado ha sido coreógrafo y ha llevado a la escena varias óperas, se le despierta el deseo de trabajar y también la de rescatar de las sombras esa voz maravillosa para el "bel canto". Y así logra que bajo la ducha, cante "Pagliacci" de Leoncavallo - un sueño de toda su vida - con un éxito total de público y crítica para el tenor. Pero luego viene el desencanto, el tenor quiere seguir enterrando cuerpos y almas, y Allen tendrá que regresar a su presente de incertezas.

Quizás la historia, más "alleniana" tenga que ver con la presencia del actor Alec Baldwin, un arquitecto que está de paseo por Roma, en la cual vivió su juventud. El azar lo hace conocer a un joven estudiante y futuro colega - interpretado por el ascendente actor Jesse Eisenberg -, quien está en pareja con otra estudiante, - Greta Gerwig -. Pero la apacible convivencia, se verá distorsionada por la inesperada llegada de una amiga de su prometida - Ellen Page -, una actriz estadounidense, que desplegará su aparente, frívolo arsenal intelectual para enamorar al joven.

Baldwin aparece como el "super-yo" de Eisenberg, que irá alertándolo sobre la fugacidad de esa relación, sobre la falsedad de la sofisticación de ese romance. De aquí que el desenlace sea una revelación de lo ya anticipado. El director se juega, una vez más por las cosas verdaderas y es crítico de los culturosos fuegos fatuos.

Otro episodio toma como eje protagónico a un oscuro oficinista (interpretado por Roberto Benigni), y lo transforma en el centro de la escena mediática de los paparazzi, sin saberse el motivo. Aquí el director devela sus ideas acerca de los sinsabores que plantea la fama, y lo efímero, absurdo de la misma. De forma imprevisible será abandonado por la prensa que continúa con el asedio de otro agonista desconocido. Es conmovedora la escena en la cual marido y mujer se reencuentran en lo esencial humano, seguidos por una cámara subjetiva que habla por sí misma. Tiene una entonación chaplinesca.

La otra historia muestra a una pareja del norte italiano de recién casados, que llegan a Roma para conocer a sus parientes, que les ayudarán a encontrar mejores condiciones de trabajo. Pero la esposa sale por un momento, y se pierde real y metafóricamente. La infidelidad para la actriz, Alessandra Mastronardi, se le presenta con ribetes actorales en la figura de la estrella Luca Salta, interpretada por Antonio Albanese. El esposo (Alessandro Tiberi) caerá por error en la voluptuosidad de la agonista Penélope Cruz, una dama de compañía que desplegará un manual de amor que no se lo esperaba. Si hay un personaje poco "alleniano" es el de la muy aclamada, oscarizada actriz española, quien ya actuara en el film de Allen ambientado en Barcelona y Oviedo, Vicky Cristina Barcelona.

Los jóvenes lograrán encontrarse, luego de sus desencuentros y aventuras. Deciden volver a Pordenone, pero no se confiesan sus infidelidades. Ya no podrán ser los de antes, han perdido la inocencia y la frescura. Melancólico desenlace, en el cual aflora el escepticismo del realizador en relación al amor.

La capital italiana está fotografiada con la utilización de una distintiva paleta cromática, pero a Allen le faltó el fervor que ese escenario se merecía. La inspiración mayor, volverá a emerger. Disfrutemos entonces la comedia en su nonsense, en sus humoradas, en sus desengaños, en su cuota de poesía callejera, en el notable elenco que le sigue el juego con admiración y en los muy significativos interjuegos con el mundo del espectáculo.

P. M.


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