
Título original: The Tree
of Life
País y año de producción:
Estados Unidos, 2011
Dirección: Terrence
Malick
Guión: Terrence
Malick
Con: Brad Pitt, Sean
Penn, Jessica Chastain, Hunter McCracken,
Laramie Eppler
Duración: 139
minutos
Calificación:
Apta para todo público
Género: Drama
Sitio Web: http://www.foxsearchlight.com/thetreeoflife/
Reseña argumental: Jack
(Hunter McCracken) es un niño que
vive con sus hermanos y sus padres en
Estados Unidos, en la década del
´50. Mientras que su madre (Jessica
Chastain) encarna el amor y la ternura
en el seno familiar, su padre (Brad Pitt)
representa la severidad, pues se cree
obligado a enseñarle a enfrentarse
a un mundo hostil. Así, este viaje
que comienza con la pérdida de
la inocencia llegará hasta nuestros
días, con Jack ya adulto (Sean
Penn) recordando ciertos momentos trascendentes
de su infancia, y la influencia de éstos
en lo que él es ahora, y en lo
que representa en su vida espiritual el
recuerdo de su familia.
El director norteamericano Terrence Malick
es conocido por trabajos como Mala
tierra (1973), La delgada
línea roja (1998) y El
nuevo mundo (2005).
BÚSQUEDA Y CUESTIONAMIENTOS
Malick se la jugó por completo
en El árbol de la vida
(2011). Una película sumamente
ambiciosa (en el buen sentido de la palabra),
un verdadero desafío cinematográfico
que decidió llevar a cabo, siendo
consciente de que tenía herramientas
de sobra para sortearlo pero que al final
terminó regodeándose en
él.
Un matrimonio sufre la pérdida
de uno de sus tres hijos en la década
del ´50, evocado en tiempo actual
a partir de los recuerdos infantiles del
mayor de ellos, quien reflexiona sobre
la codicia del ser humano, sobre cómo
todo podría ir en peor camino aún,
y que le sirve a Malick no solo de conexión
para ampliar el retrato de esa familia
norteamericana de mediados de siglo XX
sino también para remontarse nada
menos que a los orígenes del universo;
animales, seres humanos, la naturaleza
toda y en especial varios cuestionamientos
(por no decir reproches) a Dios, al creador
de todo, a partir de frases del Antiguo
Testamento.
La muerte del niño lleva al personaje
interpretado por Sean Penn a preguntarse
por qué pasan esas desgracias,
mientras Malick descarga, complementariamente
al juego de preguntas sin respuestas,
toda su batería audiovisual sobre
los ciclos de la vida, los que se terminan
y dejan paso a otros, trazando un paralelismo
con la evolución del grupo familiar
(al cual nunca descuida), jugando con
simbolismos que representan el nacimiento
y el transcurso de la existencia misma,
con conexiones metafóricas que
pasan por el tiempo, el espacio, el mar
y la tierra (el árbol y sus numerosas
ramificaciones como elemento recurrente
e imponente ya se ha visto en películas
de su autoría) y que aquí
terminan formando un círculo que
lleva a uno de sus protagonistas (Penn)
literalmente a sus orígenes, no
sin antes plantearle varios desafíos
como parte de la vida en sí.
La por momentos extensa interpretación
que Malick realiza sobre los orígenes
del universo por parte de un ser superior
que no le responde todo lo que quiere
saber a sus personajes, también
encierra cierta ambigüedad que obviamente
la asimila a 2001: Odisea del
espacio (1968) de Stanley Kubrick,
a autores como Tarkovsky o Wenders, e
incluso, en otro nivel, distinto, a la
trilogía experimental de Godfrey
Reggio, integrada por Koyaanisqatsi
(1982), Powaqqatsi (1988)
y Naqoyqatsi (2002),
cuya exploración era de todas formas
mucho más sencilla y menos pretenciosa,
enfocándose en el medio ambiente
(al igual que Baraka,
de Ron Fricke) y la incidencia de la modernización
y las nuevas tecnologías en el
hombre.
El árbol de la vida
se sale abruptamente de contexto, hace
que Malick termine imponiéndose
demasiado como verdadero protagonista
por sobre sus propios personajes, que
también caiga presa de un juego
donde el espectador puede sentirse algo
saturado, y no precisamente por su abstracta
forma de comunicar inquietudes sino por
la insistencia con que recurre a las mismas.
Se la podría ver como una obra
maestra fallida, o un viaje donde habría
que dejarse llevar, sin pedir tantas explicaciones
o una historia en sí. Es tan sólo
una imaginativa experiencia que merece
su rédito, aunque no tanto como
otros brillantes trabajos de su realizador.