
Título original: Selkirk:
El verdadero Robinson Crusoe
País y año de producción:
Argentina / Chile / Uruguay, 2012
Dirección: Walter
Tournier
Guión: WT, Mario
Jacob, Enrique Cortés, sobre idea
original de Fernando Acuña
Duración: 80 minutos
Calificación:
Apta para todo público
Género: Animación
Sitio Web: http://www.selkirklapelicula.com/
Reseña argumental:
Selkirk, pirata rebelde y egoísta,
es el piloto del Esperanza, galeón
inglés que surca los mares del
sur en busca de tesoros.
A falta de buques enemigos, los corsarios
se entretienen apostando, y en poco tiempo
Selkirk ha desplumado sus ahorros presentes
y futuros, ganándose le enemistad
de la tripulación y sobre todo
del capitán Bullock, quien decide
abandonarlo en una isla desierta.
Allí debe sepultar sus deseos
de venganza y desmedida ambición,
y encarar una nueva manera de ver el mundo.
El director Walter Tournier es conocido
por trabajos como Los cuentos
de Don Verídico (1985),
Navidad caribeña
(2001) y Tonky y otros amigos
(2008). El coguionista Mario Jacob había
dirigido el documental Idea
(1997), sobre la poeta y ensayista uruguaya
Idea Vilariño.
Curiosidades:
Cabe señalar la participación
en la producción del premiado y
reconocido cineasta uruguayo Esteban Schroeder
(El viñedo, Matar
a todos).
MUNDO TOURNIER
Más que una variante de Robinson
Crusoe, de Daniel Defoe, en el
primer largometraje de animación
stop-motion uruguayo (en realidad
es una coproducción junto a Argentina
y Chile) se decidió ir directamente
a la vida real que inspirara dicho clásico,
la del pirata escocés Alexander
Selkirk. Por supuesto que con las variantes
necesarias (y nada menos que con el reconocido
documentalista Mario Jacob participando
en el libreto) como para sintonizar con
los trabajos de un animador del cual tendríamos
que sentirnos mucho más orgullosos
de lo que estamos. Walter Tournier cuenta
con estudios en arquitectura y arqueología,
estuvo exiliado, viviendo en Perú,
lleva prácticamente 40 años
trabajando en la animación, y recién
ahora pudo ver la luz su primer largometraje,
Selkirk: El verdadero Robinson
Crusoe.
El circuito cultural, algún VHS
para alquilar (como el mediometraje Los
cuentos de Don Verídico)
y hasta recopilaciones de sus cortos que
pudieron exhibirse en circuito comercial
(Navidad caribeña,
no hace mucho Tonky y otros amigos)
han sido las vías para darlo a
conocer a la crítica y aficionados.
Sin embargo, su llegada al gran público
se había dado gracias a los famosos
"Tatitos", a fines de los ´90,
bastantes años después de
haber iniciado sus actividades como animador.
Esa misma televisión fue la que
también le venía negando
el apoyo que mereció tener desde
mucho antes inclusive, un tema sobre el
que él se venía quejando
y con total razón en algunas entrevistas.
Por ese entonces, su labor tampoco pasaba
inadvertida en campañas publicitarias
y documentales de carácter social
y ecológico, donde no faltaron
videoclips que pregonaban por los derechos
básicos de cada niño y que
fueron dados a conocer en numerosos países
de América Latina. De hecho Tournier
ya había sido premiado en festivales
de Uruguay, Argentina, Brasil, Estados
Unidos, Reino Unido, Holanda, Japón
y hasta en la India; Discovery Latinoamérica,
a su vez, había emitido su sensacional
corto El jefe y el carpintero
(2000), mientras que en Francia la genial
parodia a la televisión Nuestro
pequeño paraíso
(1983) era distinguida como una de las
mejores películas animadas del
siglo XX por el Festival de Annecy, en
2000, y en Cuba era premiado por un corto
magistral, uno de los mejores de su carrera,
A pesar de todo (2003).
En Selkirk, finalmente,
Tournier y sus colaboradores llevaron
a buen puerto un trabajo que les tomó
mucho tiempo y sacrificio, a partir de
una adaptación que él venía
pensando desde hacía más
de una década; una aventura infantil
cuya buena historia no es lo único
a destacar; conceptualmente no hay mucho
de novedoso para quien haya visto los
cortos previos de su realizador, aunque
es fascinante ver todos los detalles de
la animación, el cuidado y esmero
en lo que respecta al diseño de
personajes, objetos, escenarios, y paisajes
(el mar sí requirió del
uso de la computadora); el repertorio
de manualidades y artesanías es
tan amplio que esos 80 minutos de película
ameritan una nueva mirada para disfrutarlos,
incluyendo una banda sonora en la que
no falta la murga.
Selkirk es presentado como un jugador
que hace ostentación de la suerte
que tiene en las apuestas y cuyos importantes
dilemas dependen de cómo cae un
doblón. En su valerosa travesía
en busca del tesoro lo acompañará
una enérgica cocinera, dispuesta
a ir en busca de su enamorado, y por supuesto
el terco capitán del barco, Bullock,
que siendo el villano principal de la
historia termina siendo el más
gracioso de todos los personajes. No faltará
una insólita carrera de gansos,
otras muy ingeniosas ocurrencias, una
versión muy sutil del kraken
(para este caso, una planta asesina que
toma todo el barco y que hasta da pelea
con espadas), y una espectacular escena
en la que se intenta atravesar el temible
Cabo de Hornos.
La llegada de Selkirk a la isla desierta
y los recursos de los que se vale para
sobrevivir comienzan a mostrar una transformación
en él, donde la destreza y el razonamiento
importan mucho más que la riqueza
que se pueda obtener. Hay otra escena
muy bien resuelta, donde se dan varios
hechos en muy pocos segundos, que es la
de otro grupo de piratas que decide enterrar
un tesoro, mientras Selkirk los observa
de lejos. De ahí en más
Tournier empieza a volcar su historia
hacia un costado más humano, ese
que, por encima del humor y la aventura,
potencia aún más sus relatos,
lejos de formulismos y demagogia, y diferenciándolo
abiertamente de las animaciones adocenadas
norteamericanas que suelen copar la cartelera.
Las emociones que se desprenden de las
obras de Tournier siempre han sido genuinas
y Selkirk es un ejemplo
más de esto. Promediando las dos
terceras partes de metraje, la búsqueda
de la armonía del hombre con los
animales y la naturaleza, el trabajo en
equipo, y los valores del protagonista
son los que comienzan a aflorar, los que
se convierten en el verdadero tesoro.
Y es que Selkirk es
una ampliación de lo que ha sido
permanentemente la obra de Walter Tournier,
un artista siempre dispuesto a entretener
con mucha clase, dedicación y calidad,
sin descuidar el espíritu de sus
protagonistas y apostando siempre a un
humor sano, a mensajes que despierten
la reflexión de chicos y grandes.
Es también la confirmación
del trabajo de un auténtico maestro
de la animación.