
Título original: Sous
le sable
País y año de producción:
Francia, 2000
Dirección: François
Ozon
Guión: Emmanuelle
Bernheim, François Ozon, Marcia
Romano, Marina de Van
Con: Charlotte Rampling,
Bruno Cremer, Jacques Nolot
Duración: 96 minutos
Calificación:
No apta para menores de 12 años
Género: Drama
Reseña argumental:
La desaparición de un integrante
de la pareja llevará a la mujer
protagonista a replantearse varias cosas
y también a descubrir emociones
que parecían olvidadas. Mientras
tanto la tristeza, el dolor y la muerte
van penetrando en esa sociedad aburguesada
donde toma lugar el drama.
Curiosidades:
Hay una experiencia autobiográfica
en la base de su film, o más bien
un recuerdo de niñez, según
cuenta el joven director François
Ozon: "Tenía nueve o diez
años cuando fue testigo de la historia
de un matrimonio holandés y sesentón
que pasaba sus vacaciones en el mismo
balneario al cual concurrían Ozon
y su familia. Se cruzaban todos los días
con ellos en la playa hasta que un día
el hombre se fue al agua y no volvió
más. El director recuerda:
Vimos que un helicóptero sobrevolaba
el agua, y a la mujer que discutía
con los salvavidas. Ese hecho nos marcó
a mis hermanos y a mí, y perturbó
el fin de nuestras vacaciones. Nadie más
se quiso bañar. Y la imagen de
esa mujer que se quedó sola con
las cosas de su marido me dejó
obsesionado. Siempre me pregunté:
`¿qué pasó después?´.
Ese `después´ es el que imagina
el film."
DESPUÉS DEL SOL
Cuesta mucho volver a empezar y más
cuando suceden casos como el de la protagonista
de Bajo la arena (2000):
la misteriosa desaparición de su
esposo. El replanteo de la vida de esa
mujer, las cosas que pasan por su cabeza
y la percepción de su relacionamiento
con otras personas constituyen el centro
de este trabajo de François Ozon,
que parece ir y venir en el tiempo cuando
en realidad nos hace ver lo que esa profesora
de Literatura vive en la realidad y también
lo que ella misma desearía que
aconteciera a partir de una situación
que la toma por sorpresa.
Esto último se asocia más
con el hecho de negar la tragedia desde
un principio, algo inesperado para la
personalidad y sobre todo para la sensatez
de ese personaje muy bien interpretado
por Charlotte Rampling, quien parece derrumbarse,
a tal punto que niega la pérdida
de un ser querido al que extraña
horriblemente. Niega que su vida pase
a ser insegura. A partir del fallecimiento
de su marido, no hay nada que garantice
la felicidad de esa mujer. Y ella lo sabe.
También es consciente de que los
caminos no se abren, que los candidatos
a suplantar a su amado pueden tolerarse,
aunque no la satisfacen completamente.
La desgracia es como un cáncer
maligno que se expande hasta llegar a
su propia situación económica,
a cierta vergüenza ante esas comerciantes
que la tenían en un pedestal y
que, de la noche a la mañana, no
la consideran siquiera una más
del montón.
La protagonista pasa a estar en una situación
en la que no toca fondo, en la que debe
recurrir a mentiras y ficciones que la
alivien, en asociaciones y comparaciones
íntimas que hagan de su vida social
algo más llevadero. Cierta confusión
(intencional) en la narración de
la película quizá sea digna
de los anhelos y desconciertos de esta
profesora que la invaden al mismo tiempo
y que hacen que el camino que sigue en
la arena, cerca del final, sea algo eterno
(parece no llegar más) y hasta
erróneo (no va en la dirección
correcta).
Pero esta mujer no llega a ser captada
en toda su magnitud dramática.
A pesar de que se está ante un
personaje poco demostrativo, en cuanto
a emociones se refiere, la película
pudo haberse valido de recursos más
explícitos y menos sugestivos para
potenciar el dolor humano. Esto no significa
haber hecho del film algo sensacionalista
o que apuntara al golpe bajo, pero sí
descarnado. Quizá la confusión
planeada desde el libreto fue la chance
ideal para disimular las falencias a la
hora de transmitir a viva voz (y con imágenes
mucho menos calculadas y más sinceras)
el drama de esta mujer. Como que uno queda
con cierta curiosidad por conocer un poco
más a la protagonista, más
allá de esa (reiterada) sensación
de extrañeza, amor y locura que
la afecta.