
Título original: Training
Day
País y año de producción:
Estados Unidos, 2001
Dirección: Antoine
Fuqua
Guión: David Ayer
Con: Denzel Washington,
Ethan Hawke, Scott Glenn, Tom Berenger
Duración: 120
minutos
Calificación:
No apta para menores de 12 años
Género: Acción
/ Policial
Sitio Web: http://www.trainingday.net/
Reseña argumental:
La violencia, el crimen, las drogas y
la corrupción están a la
orden del día en las zonas urbanas
de Estados Unidos. Y ahí es donde
aparece un experiente agente de narcóticos
cuyos métodos para con los ilegales
pueden ser algo discutibles, ya que la
línea que separa su ética
del no cumplimiento de la ley a veces
se torna bastante difusa. Aquí
se unirá a un joven novato que
lo acompaña y que se va impregnando
de su particular estilo a la hora de imponer
justicia. El problema es que tan solo
tiene un día para demostrar que
es útil y así quedar trabajando
junto a su supuesto mentor.
El director Antoine Fuqua viene del videoclip
y también de dirigir Asesinos
sustitutos (1998).
ALGO DIFERENTE
No se intentó hacer de Denzel
Washington un héroe urbano ni tampoco
de Ethan Hawke alguien ingenuo o siempre
listo para los chistes de ocasión.
Tampoco hay un villano principal a seguir
ni una pareja protagonista simpática
y efectiva a la hora de poner el orden.
En Día de entrenamiento
(2001) no hay (por suerte) elementos chotos
de comedia. Es un policial de ribetes
duros cuyo mapa urbano se nutre directamente
de componentes vinculados a zonas peligrosas
de Los Ángeles. Apenas se dejan
ver agentes "serios" y civiles
"normales" durante el transcurso
del film. La jornada del título
se da de lleno en una zona donde los honestos
y corruptos se mezclan tanto a nivel de
grupos policiales como de residentes del
lugar. Y ahí es donde la fauna
comienza a ser registrada. Con un pulso
narrativo bastante aceptable e imágenes
que toman muy de cerca a los personajes,
las tensiones propias de hechos a veces
impredecibles son las que se adueñan
de un asunto que también guarda
sorpresivamente un espacio para que los
personajes salgan de un estereotipo que
parecía cantado al ver la sinopsis.
Esto último fue algo notorio en
la pasada década, donde directores
como Spike Lee (Haz lo correcto
y varias películas suyas posteriores),
Mario Van Peebles (New Jack City)
y John Singleton (Los dueños
de la calle), por ejemplo, no
sólo se preocupaban por la situación
de la gente de color, sino también
por el grado de violencia, corrupción
y vicio reinante en distintas zonas urbanas,
además de la pérdida de
valores humanos que llevaban a que la
vida valiera menos que una bolsita con
droga.
El caso de Día de entrenamiento
no es tan general, concentrándose
más en el dúo principal,
compuesto por una persona de ley (el novato)
y otra totalmente opuesta que, sin embargo,
había empezado (moralmente) como
la anterior. La diferencia es que el primero
trata de mantenerse firme en su postura
y el segundo se ha dejado influir por
las circunstancias, amoldándose
al contexto y haciendo valer su placa
con fines netamente personales e ilegales.
Esa intimidación que causa le hace
ganar enemigos, y esa forma de ser tan
soberbia, a su vez, lo enceguece sin dejarlo
ver hacia dentro de sí mismo.
Los conflictos que surgen de la relación
de estas dos personas opaca notoriamente
el resto de las acciones, que se dan tan
solo en un día y son bastante bien
llevadas a través de la dupla Washington-Hawke.
Ambos actúan satisfactoriamente,
aunque uno duda en esas nominaciones al
Oscar y sobre todo en el premio que se
le otorgó al actor moreno; no era
para tanto, pero ya se sabe que los votantes
de la Academia son trabajadores de la
industria, no especialistas en cine, y
que la estatuilla a Washington igual es
merecida por otras labores sobresalientes
que ha hecho a lo largo de su prolífica
carrera.
Ojo que ser diferente de los clásicos
productos en la materia no es sinónimo
de algo para destacar con bombos y platillos.
El policial no es ambicioso ni aspira
a algo sobresaliente; tampoco quiere quedarse
estancado en lo de siempre. Se apoya,
sí, en sus actores (la química
entre ambos es efectiva, aunque pudo ser
mejor entre ellos o con otra dupla que
implicara un estudio más riguroso
de casting) y en la filmación inquieta
de personajes y sobre todo de ambientes,
gentileza de un guionista que hizo de
este largometraje de Antoine Fuqua algo
mucho más digno de lo que había
sido aquel flojito antecedente suyo que
se llamó Asesinos sustitutos
(1998).