
Título original: The Man
Who Wasn´t There
País y año de producción:
Estados Unidos, 2001
Dirección: Joel
Coen
Guión: Joel y
Ethan Coen
Con: Billy Bob Thornton,
Frances McDormand, James Gandolfini, Jon
Polito, Scarlett Johansson
Duración: 116
minutos
Calificación:
No apta para menores de 12 años
Género: Comedia
/ Drama / Misterio
Sitio Web: http://www.themanwhowasntthere.com/
Reseña argumental:
Situada en el verano de 1949, la historia
presenta a su personaje protagónico,
Ed Crance (Billy Bob Thornton), un peluquero
de hombres que vive en una pequeña
ciudad al norte de California. Insatisfecho
con su vida, la infidelidad de su esposa
Doris (Frances McDormand) presenta a Ed
la oportunidad de practicar el chantaje,
lo cual él supone que lo ayudará
a cambiar la situación. Sin embargo,
a medida que sus planes se van desplegando,
se descubren secretos cada vez más
oscuros, hasta llegar a un asesinato.
Al igual que en la obra de James M. Cain,
El hombre que nunca estuvo
ocurre en los años ’40: “Esta
película está fuertemente
influida por la obra de Cain; es el mismo
tipo de historia”, declara
Joel Coen. Y agrega su hermano: “Con
la excepción de que aquí
hay un tipo que no es precisamente un
héroe. Pero cuando se piensa en
ello, las historias de Cain casi siempre
tienen como protagonistas a estos antihéroes:
perdedores, personajes que llevan una
existencia monótona y banal. A
Cain le interesaban las vidas de gente
de trabajo, de vendedores de seguros,
de empleados de bancos, de constructores
de puentes. Esa fue la clave que nosotros
tomamos”.
Cain fue un autor de literatura amarilla
por excelencia. Sus historias de crímenes
aún son admiradas por la agudeza
de sus diálogos y de sus caracterizaciones,
así como por el estilo directo
e inmediato de su narración.
Sin embargo, la inspiración para
El hombre que nunca estuvo
no proviene de una obra en particular
de Cain sino de una película que
los hermanos Coen filmaron hace algunos
años en Carolina del Norte y que
se llamó El gran salto
(1994). Así lo recuerda Joel: “Filmamos
una escena en una peluquería, y
en la pared había un póster
donde se veían diferentes estilos
de cortes de cabello de los años
’40. Era un decorado fijo del set
y nosotros siempre lo mirábamos;
empezamos a pensar en una persona que
realizara esos cortes de cabello, y así
la historia comenzó a cobrar forma.
Realmente surgió a partir de ese
póster”.
“Escribimos sobre el personaje
de Ed Crane, un peluquero que vive en
una pequeña ciudad del norte de
California a fines de los ’40 y
que trabaja en la peluquería que
pertenece a su cuñado, que no está
conforme con su vida pero no sabe cómo
cambiarla. De lo que está seguro
es de que no desea pasar el resto de sus
días cortando el cabello. Cuando
un cliente le hace conocer que habría
una forma de enriquecerse invirtiendo
en la limpieza a seco, se siente intrigado.
Y a partir del momento en que se entera
de que su esposa tiene un affaire con
su jefe –casado-, el dueño
de una tienda, se desencadena una serie
de eventos con trágicas consecuencias
para todos los involucrados.”
“Aun cuando en la historia
hay crimen, nos interesaba mostrar lo
que el personaje realiza como peluquero”,
agrega Ethan. “Deseábamos
examinar con exactitud cómo era
estar día tras día cortando
el cabello una y otra vez, y ese fue el
telón de fondo de la historia del
crimen. La mayoría de las historias
de crímenes tienen lugar en submundos.
Son historias de gente pequeña,
mezquina, que realiza acciones repugnantes
y donde nadie termina feliz. En parte,
el film se trata de eso, y en parte no.
El hombre que nunca estuvo se trata de
gente común, americanos medios
que se ven embarcados en una espiral incontrolable.
El crimen es una especie de circunstancia
involuntaria y el héroe tropieza
con ello”.
Los hermanos Coen son conocidos por grandes
trabajos como Educando a Arizona
(1986), Barton Fink (1991)
y ¿Dónde estás
hermano? (2000), entre otros.
Curiosidades:
La actriz principal del film, Frances
McDormand, es pareja en la vida real del
director Joel Coen.
El talentoso Carter
Burwell es el compositor musical fetiche
de los hermanos Coen, al igual que Roger
Deakins pero en la fotografía.
En los créditos
finales se agradece a la actriz Jennifer
Jason Leigh e hija de Vic Morrov, fallecido
durante el rodaje de Dimensión
Desconocida: La película
(John Landis, Steven Spielberg, Joe Dante,
George Miller, 1983).
La película
está filmada en blanco y negro.
Respecto a esto Joel Coen afirma que "por
muchas razones intangibles que no son
fáciles de explicar, parecía
que lo más apropiado para la historia
era el blanco y negro. Es una película
de época y el blanco y negro contribuye
al sentimiento de esa época, es
más evocativo que el color en una
historia de esta naturaleza. Es desafortunado
que hoy en día esto llame la atención
por inusual. Creo que es una vergüenza
que hoy no se filme en blanco y negro,
o que no constituya una elección
natural de acuerdo con el tema: Ahora
casi todo se filma en color. La fotografía
en blanco y negro es completamente diferente,
y cuando alguien la utiliza, existe la
posibilidad de quedar estigmatizado como
‘artístico’ y se convierte
en un tema. La mayoría de los filmes
de Hollywood realizados en blanco y negro
estaban iluminados con luz directa, por
lo que las sombras resultaban muy duras.
En Europa, el tratamiento del blanco y
negro fue diferente. Jean-Luc Godard utilizó
una luz más suave en sus filmes
en blanco y negro, y ese es el abordaje
que yo elegí en este caso. La calidad
de la película en blanco y negro
no ha variado en cuarenta años,
mientras que en el negativo color el granulado
es muy fino, de modo que uno puede lograr
una enorme belleza en ese negativo color
y luego imprimirlo en blanco y negro”.
No obstante, Deakins
admite el peso del pasado: “El
pasado siempre influye en todo lo que
realizamos, seamos o no conscientes de
ello. Durante el período de investigación
previa, miré filmes de esa época".
CAPACIDAD REVITALIZADA
A esta altura, lo de los hermanos Coen,
sobre todo para aquellos que siempre los
cuestionaban por el hecho de que las buenas
ideas de sus trabajos eran en realidad
reciclaje de numerosas películas
que habían visto, es algo tan meritorio
como innegable; son verdaderos autores
y desde hace ya unos cuantos años,
gracias a obras que no dejan indiferente
a nadie, dueñas de un oficio y
calidad pocas veces vista en el cine norteamericano
de las últimas dos décadas,
y con una fusión artística
tan armoniosa entre el despliegue técnico
y conceptual que desarrollan en sus diferentes
trabajos que no debe extrañar el
calificativo de maestros que de un momento
a otro pueda llegar a atribuírseles.
El hombre que nunca estuvo
(2001) constituye una perla descollante,
dentro de una rica y vasta filmografía
en la que ya han recurrido a elementos
que aquí reaparecen, pero absolutamente
tonificados.
No hay que negar, por supuesto, influencias
de varios antecedentes de los años
´40 (que ya se habían visto
en Simplemente sangre
y De paseo a la muerte)
ni tampoco que El hombre...
es un producto todavía mucho más
refinado, inteligente y melancólico
que numerosos ejercicios de film noir.
Y es que esta película es muy probablemente
la mejor que han hecho los hermanos Coen
hasta el momento. Volver a insistir con
que a veces son cinéfilos calculadores,
y en otras mentes prodigiosas del séptimo
arte estaría de más. Claro
que decir esto implica que para esta ocasión
habría que dejar de lado todo lo
relacionado, ni más ni menos, a
(excelente) narración y realización,
montaje (magistral en el manejo de los
tiempos), fotografía (perfecta,
enalteciendo aún más a Roger
Deakins), música (a tono y muy
oportuna, deslizándose entre inserciones
de Carter Burwell y maestrías de
Beethoven) y dirección artística
(finamente inspirada y a la vez creativa,
con nominación al Oscar incluida).
Los Coen aplican una cuota de humanismo
tan grande que finalmente termina haciendo
la diferencia, a través de emociones
tan bien sugeridas que hasta se las puede,
paradójicamente, tocar. Un rasgo
distintivo que se desparrama por todo
el largometraje, acompañado de
una actuación enorme de Billy Bob
Thornton, por lejos la mejor de todas
las que se le han visto. Con su cara de
"no pasa nada", su personaje
parece no decir mucho, aunque con el paso
de los minutos se puede leer hasta su
pensamiento, con tan solo mirar sus pequeños
gestos y expresiones, la manera en que
va consumiendo su cigarrillo. Mantiene
una parsimonia acorde con la lúgubre
atmósfera de la película,
además de movimientos lentos, seguros
físicamente pero muy inestables
desde el punto de vista psicológico.
Ese aspecto de hombre bueno que quiere
mejorar su triste panorama (y que lo termina
empeorando) se torna cada vez más
compasivo para el espectador, a medida
que van desarrollándose hechos
que se debaten entre lo normal, lo casual
y lo revelador.
El hombre que nunca estuvo
es en realidad el hombre que siempre está,
pero bajo la especial lupa y tratamiento
de los Coen. La supuesta insignificancia
de ese sujeto protagonista es en realidad
el motor de todo este universo vigorizado
por los trabajadores (mejor dicho, artistas)
detrás de cámaras. Este
peluquero con dudas existenciales no es
nada ante esas personas que lo rodean
y que supuestamente saben qué quieren
y hacia donde apuntan. Ellas parecen no
tener ningún sentimiento, salvo
la chica pianista de la cual el propio
protagonista llega a pensar en una relación
y en la que incluso se afirma para hacer
algo que lo haga sentir útil y
feliz.
Hay una fuerte crisis de identidad entre
este personaje de Billy Bob Thornton y
aquel de Gabriel Byrne (brillante en De
paseo a la muerte) y John Turturro
(sobresaliente en Barton Fink).
Y también un gran factor común,
que es la gran sensibilidad manejada en
estas películas. Los tres personajes
principales son muy parecidos entre sí
(igual que casi todos los secundarios
que forman parte de estas obras); ambos
quedan desorientados ante las circunstancias
provocadas por gente egoísta, ventajera,
engañosa e indeseable. Las relaciones
de pareja nunca llegan a buen puerto y
eso hace que los hombres se sientan más
solos, impactando aún más
en ellos los problemas que sorpresivamente
les surgen. Claro que aquí existe
un toque un poco más optimista
y no tan trágico. Hay geniales
pasajes de humor y fantasía (ya
manejados en otro estilo de película
de los Coen como el aplicado en El
gran Lebowski) que le permiten
a ese protagonista cascoteado tener, por
ejemplo, una esperanza con los extraterrestres
o en otro mundo. El hombre escéptico
pasa a creer, podría decirse a
fuerza de las increíbles circunstancias,
en hechos sobrenaturales.
Sabido es que los Coen tienen más
reconocimiento en Europa que en Estados
Unidos (como ocurre, por ejemplo, con
John Carpenter) y eso tendría que
ser algo cada vez más preocupante
para lo que es el público norteamericano,
aunque es muy factible que algún
día los pondrá en el lugar
que realmente se merecen (por encima del
éxito y la repercusión que
tuvo Fargo), gracias
al desbordante talento que en futuros
trabajos estos hermanos continúen
volcando.