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GOSFORD PARK: CRIMEN DE MEDIANOCHE


Título original
: Gosford Park
País y año de producción: Alemania / Estados Unidos / Inglaterra / Italia, 2001
Dirección: Robert Altman
Guión: Julian Fellowes, sobre de idea de Robert Altman y Bob Balaban
Con: Kristin Scott Thomas, Maggie Smith, Charles Dance, Jeremy Northam, Geraldine Somerville
Duración: 127 minutos
Calificación: Apta para todo público
Género: Comedia / Drama / Misterio
Sitio Web: http://www.gosfordparkmovie.com/


Reseña informativa: La historia toma lugar en la década del ´30; el título original viene del nombre de una mansión por la que desfila una serie de diversos personajes, además de un misterioso asesinato, luego de una reunión que tenía como objetivo juntar a un grupo de familiares y amigos para salir a cazar el fin de semana.

Los que conocen a Robert Altman (Del mismo barro, Las reglas del juego, Ciudad de ángeles) ya saben que no es la primera vez que utiliza historias con varios personajes entrecruzados y que, además, se puede notar en sus películas una constante preocupación por el (impredecible) comportamiento humano.

El film está nominado a siete premios Oscar de la Academia, incluyendo el de Mejor Película. Cabe acotar que Gosford Park: Crimen de medianoche se llevó el Globo de Oro a Mejor Director (Robert Altman).


Curiosidades: En los créditos finales, los personajes desfilan en tres categorías: "por encima de las escaleras", "invitados" y " bajo las escaleras", haciendo referencia, obviamente, a la condición (básicamente social) que los diferencia.

La película agradece, entre otros nombres y organismos cerca del final de los créditos, al director británico Stephen Frears (Sammy y Rosie van a la cama, Relaciones peligrosas, Ambiciones prohibidas).

DEBAJO DE LAS PIEDRAS

Una de las cosas menos trascendentes es ese crimen que anuncia el título doblado al español de Gosford Park: Crimen de medianoche (2001). Esta película de Robert Altman echa numerosas miradas a personajes y modismos, dignos de los más recordados antecedentes del maestro Luis Buñuel (El ángel exterminador, El discreto encanto de la burguesía, El fantasma de la libertad). También se inscribe dentro de numerosos apuntes sobre grupos humanos y respectivos componentes que forman parte de una muy extensa filmografía "altmaniana" y que encajarían perfectamente en la Metrópolis (1926) de Fritz Lang y hasta en el Subway (1985) de Luc Besson.

La reunión en esa lujosa mansión es tan solo un pretexto para la propia ficción (la frialdad y falta de sensibilidad es tremendamente notoria en la casona) como para los que elaboran la obra detrás de la pantalla (donde cada persona es una isla aparte). Casi toda la película se desarrolla en interiores y eso le permite a la cámara ir y venir, recorriendo lugares y encontrando faunas y subculturas, deteniénose en charlas intrascendentes y comentarios mordaces, en cenas y celebraciones con seres superiores e inferiores, valorados e ignorados, de actitudes nobles e indeseables. "Así está el mundillo, amigos", diría Altman. Pero las filtraciones son inevitables y resulta muy gracioso ver las chispas que salen cuando dos tubos de ensayo con distintos compenentes se mezclan en un tercero.

La verdadera trama se cocina abajo, donde están los sirvientes. El complemento o sustento (casi inexistente) lo hacen los anfitriones. Y los invitados son los que dan vida a un asunto que se dispara en varias direcciones y que revela hechos y formas de pensar a veces sorprendentes; tan increíbles que la ridiculez termina superando al raciocinio (como en Buñuel y con mucha ironía). Por supuesto que varias cosas no son lo que parecen y eso hará que este reino del revés vuelva a una posición (digamos) justa, un poco como lo hiciera el sospechoso de Narciso Ibañez Menta con el ogro y macho de la casa en La bestia debe morir (1953), de Román Viñoly Barreto (adaptación de una novela escrita por el padre del actor Daniel Day Lewis).

De lo que no hay dudas es que Altman parece seguir preocupado por estudiar el fenómeno humano para terminar de descifrarlo, o bien registrarlo mientras no haya más remedio. En muchas de sus películas todo comienza como flotando en el aire, con fuerte tendencia a componerse, aunque luego ocurren hechos sorpresivos que terminan transformando algunas piezas del rompecabezas (la muerte aparece en más del noventa por ciento de sus películas interrumpiendo la acción). No podría decirse de todo el rompecabezas, porque los personajes de sus trabajos parecen como destinados a algo y casi siempre terminan con asuntos parcialmente resueltos pero interiormente confusos y pocas veces definidos.

Altman es un realizador irregular que cada tanto se manda su flor de película. Intentar descifrarlo en su totalidad no es tarea fácil. Si hasta uno puede llegar a marearse si comienza a analizar algún posible factor en común dentro de sus numerosas obras (que van desde Popeye hasta Vincent & Theo). Lo cierto es que a la larga es un gran director que ha dado sobradas muestras de talento, y Gosford Park: Crimen de medianoche no es ninguna excepción.


AY


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