
Título original: Goya
en Burdeos
País y año de producción:
España / Italia, 1999
Dirección: Carlos
Saura
Guión: Carlos
Saura
Con: Francisco Rabal,
José Colorado, Maribel Verdú,
Eulalia Ramón, Dafne Fernández
Duración: 106
minutos
Calificación:
Apta para todo público
Género: Biográfico
/ Drama
Sitio Web: http://www.spe.sony.com/classics/goyainbordeaux/
Reseña informativa:
Un repaso a la vida del célebre
pintor aragonés Francisco de Goya
(aquí interpretado por Francisco
Rabal, actor recientemente fallecido y
a quien se homenajeó en la reciente
Muestra de Cine de Punta del Este), en
especial a las distintas y numerosas vivencias
y recuerdos (su juventud, sus conflictos
políticos, sus amores, etc.) que
compartió con su hija Rosario,
durante su retiro en la ciudad de Burdeos.
A los 82 años, a punto de morir
y tras haber escapado de una España
inmersa en la corrupción y el caos
político, reconstruye para ella
los acontecimientos que marcaron su vida,
sin dejar de preocuparse por el futuro
de su país, entre algunas pinceladas
imaginarias.
El director Carlos Saura es conocido
por trabajos como Criacuervos
(1976), ¡Ay, Carmela!
(1990) y Flamenco (1995).
DEL CINE Y OTRAS ARTES
Se sabe que Carlos Saura es un director
al que talento le sobra y eso lo ha demostrado
dirigiendo obras que iban desde historias
de ficción muy emotivas, pasando
por otras comprometidas con la difícil
situación política y social
que alguna vez ha atravesado su país
natal, hasta emprendimientos que usaban
distintas artes como la danza y la música
para ser destiladas por la estética
de imágenes y sonidos tan prolija,
cuidadosa y cautivante, que incluso llegaba
a codearse con lo puramente surrealista
y experimental. La pintura aquí
es el eje central del film, con Francisco
de Goya respirando el presente y retrocediendo
hacia otras épocas, evocando y
analizando, entre lo real y lo imaginario,
entre sus lamentos, miedos, anhelos, pensamientos
y una extensa y riquísima obra
pictórica que cobra vida propia.
Los recursos que Saura utiliza en Goya
en Burdeos (1999) son similiares
a los de otros antecedentes suyos, con
la diferencia de que este es su trabajo
más refinado, dentro de todos los
que ha hecho, lo que no significa que
sea el mejor de todos.
Rubros como el vestuario, la dirección
artística, el maquillaje, la fotografía
y la discreta banda sonora pesan más
que nunca en esta ocasión. No es
tarea fácil decodificar la compleja
mente de este pintor aragonés,
brillantemente interpretado por Paco Rabal
en sus últimos años de vida.
Tanto los colores, sombras, paisajes,
seres humanos y animales cobran forma
y significado, dentro de este laberinto
de celuloide pintado. También la
influencia de otros autores ("Velázquez,
Rembrandt y la naturaleza")
y, por supuesto, el gran ojo de Carlos
Saura para narrar sin perderse en pedanterías
intelectuales incide como motor fundamental
de su obra.
La intención del director por
fusionar de la mejor manera posible las
distintas artes que lo motivan es más
que evidente. El que ya conoce la vida
y obra de Goya puede sentirse regocijado
ante tanto esplendor visual, sonoro y
conceptual que lo reafirma (casi) en todo
sentido, mientras que el que no estaba
tan al tanto del pintor aragonés
ahora lo conocerá con mayor amplitud
y profundidad. Escenas simbólicas
y conmovedoras, conflictos psicológicos
y existenciales; lo ambiguo y lo complejo,
lo claustrofóbico y hasta lo demencial.
La película es sumamente original,
en su particular acercamiento a la figura
de este gran artista español, que
ratifica la creatividad y capacidad de
otro gran creador, un cineasta que a punto
de cumplir siete décadas de vida
sigue maravillando con trabajos que ya
están (y seguirán estando)
en la mejor historia del cine español.
AY