
Título original:
Identity
País y año de producción:
Estados Unidos, 2003
Dirección: James
Mangold
Guión: Michael
Cooney
Con: John Cusack, Ray
Liotta, Amanda Peet
Duración: 90 minutos
Calificación:
No apta para menores de 15 años
Género: Terror
Sitio Web: http://www.sonypictures.com/movies/identity/
Reseña argumental:
Un grupo de extraños, sin aparente
similitud entre ellos, terminan juntos
en un motel, esperando que una feroz tormenta
les permita continuar sus respectivos
caminos. Son personajes diferentes entre
sí: un chofer de limosina llevando
a una actriz, una pareja de recién
casados, un doctor con su esposa malherida
y su hijo, una call girl, un policía
llevando a un convicto; todos tienen características
parecidas entre sí. Cuando poco
a poco empiezan a morir en orden de su
número de habitación no
se sabe quién es el asesino, entre
ellos, y ni siquiera cuándo empieza
la realidad y cuándo la imaginación.
En uno de ellos, sin embargo, estará
la respuesta.
El director James Mangold había
hecho la horrenda Tierra de policías
(1997), Inocencia interrumpida
(1999) y Kate & Leopold (2001).
Curiosidades:
Aunque cueste creerlo la actriz que interpreta
a la primera víctima del supuesto
asesino de la película (aparece
dentro de un lavarropas) es nada menos
que Rebecca DeMornay (totalmente irreconocible).
Y el estreno de Identidad en Uruguay coincide
justamente con el día de su cumpleaños
(29 de agosto).
Gran parte del
largometraje (créase o no) fue
filmado en un gran estudio.
Ninguno de los
actores sabía cuál iba a
ser el final de la película, para
aumentar así el suspenso en el
propio set de filmación y también
en ocasionales exteriores.
DESTREZAS SIN IDEAS
Vino con algo de expectativa este ejercicio
terrorífico y la verdad que sí
tenía algunos pasajes de suma tensión
e interés, más que nada
por una cuestión de estética
y cuidado en varios aspectos técnicos
que, obviamente, daban oxígeno
a momentos que filmados de otra manera
podían haber pasado totalmente
desapercibidos y resultado, por ende,
indiferentes al espectador.
Generalmente se vienen dando casos de
buenas ideas pero llevadas a mal puerto
y que no prosperan debido a la falta de
imaginación y creatividad, tanto
en fotógrafos, guionistas, montajistas
y, por supuesto, realizadores. Pero el
caso de Identidad es al revés,
ya que hay mucho esmero visual pero la
idea, importantísima por cierto,
con la que se remata todo puede llevar
perfectamente a una división de
opiniones.
No vamos a decir en qué consiste
la vuelta de tuerca (si es que se la puede
llamar así) pero lo cierto es que
resulta muy simplona, mecanizada y poco
efectiva. Durante las primeras tres cuartas
partes todo iba bárbaro, pero luego
se tiende hacia un esquema poco claro
y confuso, una vez que se arma el rompecabezas.
El intento, de todas formas, es valedero,
se disfruta, está bien filmado
y hasta maneja un suspenso que atrapa.
Pero le faltó un poco más
de esfuerzo mental.