
Título original: Lugares
comunes
País y año de producción:
Argentina / España, 2002
Dirección: Adolfo
Aristarain
Guión: Kathy Saavedra,
Adolfo Aristarain, basado en la novela
de Lorenzo F. Aristarain
Con: Federico Luppi,
Mercedes Sampietro, Arturo Puig, Carlos
Santamaría, Valentina Bassi
Duración: 115
minutos
Calificación:
Apta para todo público
Género: Drama
Reseña argumental:
Fernando Robles (Federico Luppi) es porteño,
ya ha cumplido los sesenta y es profesor
de pedagogía en la universidad.
Enseña a enseñar. Lleva
toda la vida casado con Liliana Rovira
(Mercedes Sampietro), española,
hija de catalanes, que trabaja como asistente
social en barrios marginales de Buenos
Aires. Se quieren, se respetan, son leales.
Nunca se aburren estando juntos, les gusta
estar solos. Se conocen profundamente,
se aceptan, se pelean sin odio, se divierten.
Son amantes, socios, amigos, cómplices.
Ninguno de ellos concibe la vida sin el
otro. Tienen un hijo, Pedro (Pablo Rago),
casado y con dos hijos, que tiene un buen
trabajo en Madrid, donde vive en una urbanización
de clase media acomodada. Fernando y Liliana
sobrellevan con esfuerzo y resignación
las ausencias, las privaciones, la incertidumbre
del futuro, la falta de proyectos, la
desesperanza. Pero el mundo plácido
y reflexivo de Fernando se ve profundamente
alterado cuando recibe sin previo aviso
la comunicación oficial en la que
le informan de su jubilación forzosa,
un hecho que va a cambiarle la vida...
El argentino Adolfo Aristarain había
dirigido Tiempo de revancha
(1981), Los últimos días
de la víctima (1982) y
Un lugar en el mundo
(1992), entre otras.
Curiosidades:
El autor de la novela en que se basa Lugares
comunes es el propio hermano
del realizador Aristarain.
La película
ganó el Goya (algo así como
el Oscar español) al Mejor Guión
Adaptado.
EL SENTIR, AFECTADO
No es difícil apreciar (apenas
comienza el film) que la cantidad de voz
en off volcada en el relato de
este drama de Aristarain proviene de la
obra literaria escrita por su hermano
y que, aparte de la cantidad de temas
enriquecedores que se tratan como a vuelo
de pájaro en la adaptación,
se pudo haber hecho un esfuerzo mayor
a la hora de transformar dichas palabras
en imágenes precisas, poderosas,
que hablaran por sí solas y que
descansaran en el notable dúo protagónico
(Luppi-Sampietro).
Por supuesto que esto no es excusa para
invalidar el talento de Adolfo Aristarain,
aquí en la que podría ser
considerada su labor más sensible
y madura, después de haber intentado
desenvolverse entre los sentimientos con
muy buenos resultados (Un lugar
en el mundo) y con otros que
dejaron algo que desear (Martín
- Hache), apartando a un costado
sus clásicos thrillers de acción
y aventuras, derivados de su querido (e
insistentemente homenajeado) cine norteamericano.
Lugares comunes (2002)
vuelve a reiterar su predilección
por el diálogo, a veces constructivo
y enriquecedor, entre padre e hijo (una
vez más) filtrado por ideas que
chocan con las posturas de otros pero
con las que hay que aprender a convivir.
En medio de eso están los problemas
económicos y el hecho de sentirse
vivo, útil, sin preocuparse demasiado
por el qué dirán y sí
por el esfuerzo que a uno lo haga sentir
orgulloso, reconociendo, a la larga, esos
defectos que en general lo convierten
a uno en terco y caprichoso.
Un hecho curioso es que en este drama
no hay ningún personaje malo. Todos
tratan de aportar lo suyo, de darse a
conocer ante el espectador y también
de girar con efectividad alrededor de
un hombre devastado por la noticia (y
las consecuencias) de su inminente jubilación.
La historia no es la octava maravilla
pero tanto varias de las conversaciones
que se dan como también el ocasional
tratamiento visual empleado por Aristarain,
para los momentos más dramáticos,
hacen de su realizador un hombre muy en
forma y a tono con problemas reales de
hoy en día, pero sobre todo con
el sentir de ese ser humano golpeado en
sus fibras más íntimas,
al que casi nada detiene, y que deja semillas
en la tierra pero también de las
intangibles, en lo más profundo
de sus seres queridos.