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Reseña
argumental: El telón de rosas
color salmón y grandes flecos dorados
que cubre el escenario se abre para ver
un espectáculo de Pina Bausch, Cafe
Müller. Entre los espectadores, dos
hombres están sentados juntos por
casualidad; no se conocen. Son Benigno (un
joven enfermero) y Marco (un escritor de
cuarenta y pocos años). En el escenario,
completamente lleno de sillas y mesas de
madera, dos mujeres con los ojos cerrados
y los brazos extendidos se mueven al compás
de "The Fairy Queen” de Henry
Purcell. La pieza provoca tal emoción
que Marco rompe a llorar. Benigno puede
ver el brillo de las lágrimas de
su casual compañero, en la oscuridad
del patio de butacas. Le gustaría
decirle que a él también le
emociona el espectáculo, pero no
se atreve.
Meses más
tarde, los dos hombres vuelven a encontrarse
en la Clínica “El Bosque”,
una clínica privada donde Benigno
trabaja. Lydia, la novia de Marco, torera
de profesión, ha sufrido una cogida
y está en coma. Benigno justamente
se ocupa del cuidado de otra mujer en coma,
Alicia, una joven estudiante de ballet.
Cuando Marco
pasa junto a la puerta de la habitación
de Alicia, Benigno no duda en abordarlo...
Es el inicio de una intensa amistad... tan
lineal como una montaña rusa.
Durante
el tiempo suspendido entre las paredes de
la clínica, la vida de los cuatro
personajes fluye en todas las direcciones,
pasado, presente y futuro, arrastrando a
los cuatro a un destino insospechado.
El director
español Pedro Almodóvar ha
realizado trabajos como
¿Qué he hecho yo para merecer
esto? (1984), La
ley del deseo (1987) y Carne
trémula (1997), entre otros.
Curiosidades:
Aportando música
para la banda sonora de la película
aparece el músico brasileño
Caetano Veloso. Y hablando de músicos
Cecilia Roth, ex de Fito Páez, hombre
que ha llegado a tocar con Caetano, tiene
un pequeño cameo (fugaz aparición)
en la película. Cabe acotar que la
actriz argentina ya había trabajado
para Pedro Almodóvar en
Pepi, Luci, Bom y
otras chicas del montón
(1980) y también en Todo
sobre mi madre (1999).
LA
CONFIRMACIÓN DE UN AUTOR MAYOR
Nadie va
a descubrir a Almodóvar, a esta altura
del partido, dentro de una filmografía
caracterizada últimamente por el
predominio de una tendencia algo más
seria, cinéfila y (melo) dramática.
Hay quienes prefieren mucho más aquel
tono innovador, moderno, liberal y transgresor
de sus primeros films, y como que se sorprenden
con este pequeño vuelco hacia el
drama de los sentimientos, que no gira exclusivamente
alrededor de la mujer (como en la gran mayoría
de sus antecedentes) sino que ahora también
contempla ese lado masculino que antes parecía
no importarle mucho y donde se hacían
algunas excepciones, claro (gays, travestis,
junkies y bisexuales, fuertes aliados de
sus protagonistas femeninas o "Chicas
Almodóvar").
Esa mirada
humana se ve notoriamente incrementada en
esta película, con temas de cabecera
como la búsqueda del amor y sus vivencias,
el destino incierto (a veces traicionero)
y una soledad que aparenta ser saludable
pero que pide, igual a largo plazo, otro
ser que se acerque a compartir las cosas
más lindas de uno. De las viejas
críticas sociales, políticas
e institucionales; del espíritu underground
y mucha cultura pop, el manchego transita
ahora por otra senda, siempre caracterizada
por esa forma de comunicar tan clara como
sincera, volcando una pizca de ironía
y, por otro lado, un notable poderío
visual en la composición de escenas
y, sobre todo, un ojo de lujo para algunos
planos.
Si realizar
agudos apuntes psicológicos o acercamientos
a la parte más íntima de cada
ser humano es sensiblería pues la
cosa no es así. Almodóvar
retrata la emoción humana (en este
caso el dolor es la más notoria)
de la manera más franca y seductora
posible, con delicadeza y pureza cinematográfica,
con ese sello personal que viene imponiendo
desde hace mucho tiempo, y que refleja a
un realizador sumamente capaz y maduro,
que no pierde su (ahora fino) sentido del
humor, y que, obviamente, se ha impuesto,
a base de talento, como un gran director
de cine.
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