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Reseña
argumental: Ciudad de Nueva York,
1863. Antes que fuera la ciudad que hoy
conocemos, la ciudad de las riquezas, de
poder y de sueños infinitos, Nueva
York fue un lugar muy diferente, una recién
nacida ciudad donde el deseo por tener una
mejor vida llenó de furia las calles
regidas por el crimen. Aquí, mientras
la supervivencia de la nación se
ponía a prueba con la Guerra Civil,
un vasto y peligroso bajo mundo nacía
en las calles. Estas eran las "Pandillas
de Nueva York", cuyas estafas, robos,
timos, apuestas y asesinatos se volverían
legendarios – y cuya cultura de corrupción
amenazaba la supervivencia de la gente trabajadora
de Norteamérica.
En la joven
e inacabada ciudad, hubo una época
de crueldad, intolerancia y miedo. Pero
también fue una época de extraordinario
valor por parte de todos aquellos que se
vieron empujados a pelear por la libertad
de las futuras generaciones.
El director
Martin Scorsese trae a la pantalla grande
la película épica sobre la
naciente Norteamérica en una dramática
historia acerca de una época cuyos
conflictos ayudaron a definir quién
y qué hace a uno norteamericano.
Detrás del escenario de este bravo
nuevo mundo, se desarrolla la historia de
un huérfano en busca del honor, la
venganza y el coraje para rehacer su vida.
Scorsese
es conocido por haber realizado films como
Alicia ya no
vive aquí (1974), Taxi
Driver (1976) y Buenos
muchachos (1990), entre tantas otras.
RESPIRAR
CINE
Un proyecto
que se viene gestando en la mente de Scorsese
desde hace mucho tiempo, un hombre del que
nadie puede dudar, un trabajador que ha
luchado como pocos por rescatar rollos de
película que se creían perdidos
o echados a perder, un artista que nos ha
brindado algunos verdaderos clásicos
de la historia del cine, y un director que
otra vez se lanza a rescatar algo, pero
de manera distinta; valiéndose del
poder y su propia visión de la imagen,
con el objetivo de captar en toda su magnitud
ese período neoyorquino que muy poco
se conoce; nada menos que su gestación.
El resultado es por demás admirable
y se titula Pandillas
de Nueva York.
Con reminiscencias
épicas, filtradas dentro de un cine
valiente y sin anestesia, crudo, descarnado,
que se impone majestuosamente ante una historia
que no era lo que se esperaba, para ser
un trabajo del director de Calles
salvajes (1973), algo alargada, eso
sí, con cierto exceso de violencia
y hasta con algunos rasgos bastante alejados
de situaciones reales, esta obra de Scorsese
logra momentos sublimes, espectaculares
y que hasta se codean con su mejor material
de gángsters. Es evidente que el
hombre no ha perdido el pulso en absoluto,
que es capaz de manejarse entre grandes
despliegues de producción y que,
como realizador, debe ser considerado un
referente obligatorio dentro de lo que su
manejo del séptimo arte.
Otra vez
Leonardo DiCaprio vuelve a sorprender en
un rol protagónico, aunque si hay
un actor realmente descollante en todo este
asunto pues ese es Daniel Day-Lewis, todo
un show que hasta por momentos escapa de
su villanía para convertirse en algo
caricaturesco, negrísimo.
Pandillas...
quizá es la única película
que le pueda restar algún premio
importante a la inminente ganadora de la
próxima entrega de los premios Oscar,
Chicago
(Rob Marshall, 2002), y ese debería
ser dentro de la categoría a Mejor
Realizador.
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