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Mientras transcurren los títulos
iniciales de Match Point
(las tradicionales letras blancas sobre
fondo negro), genial creación de
un renovado Woody Allen, se escucha ópera
italiana en una vieja grabación del
legendario Enrico Caruso.
Allí está la clave de un film
que tendrá en la ópera italiana
decimonónica su "leit motiv"
sonoro y argumental. Melodías que
irrumpen ya sea porque los protagonistas
concurren a la ópera, ya por preferencia
de Woody Allen para una banda sonora donde
ha excluido sus tradicionales inclinaciones
jazzísticas. La ópera dice
presente y reiteradamente es la voz de Caruso
la que surge desde antiguas grabaciones.
Ese desfile incluye principalmente, y entre
otras, a Rigoletto, Macbeth,
Traviata, Il Trovatore,
Othello, Guillermo
Tell y L'elisir d'amore;
de Verdi, Rossini y Donizetti. Y nada de
esto es casual o caprichoso.
Desde el arranque, Allen presenta con deliberada
definición a los personajes centrales
de este relato ambientado en la Inglaterra
actual: un ambicioso joven irlandés
de humilde origen ennoviado con la hija
de un poderosísimo empresario británico;
una sensual joven norteamericana deseosa
de convertirse en actriz y en esposa del
superficial hijo del empresario; el empresario
en cuestión y su esposa; y en torno
a ellos múltiples personajes más
o menos secundarios.
Esa relación abre paso a un melodrama,
un operático melodrama donde, como
en las obras que ilustran al film musicalmente,
se entrecruzan los amores posibles con los
imposibles, los romances legales con los
ilegales, la ambición sin moral con
los sentimientos nobles aunque ingenuos;
y desde luego el crimen pasional. Indisimuladas
constantes de una auténtica ópera
peninsular decimonónica. Porque de
eso se ocupa Woody Allen en Match
Point: de contarnos un melodrama
escapado del siglo XIX pero aún hoy
vigente (Traviata es representada
en el teatro con ropas modernas).
No es difícil hallar en el empresario
británico poderoso (y bufonesco),
empecinado en construir la felicidad de
su hija, una versión caricatural
y extrapolada de Rigoletto y su hija Gilda.
Los "brindis" y el vino, que tan
destacado lugar ocupan en la ópera
italiana, aquí también están
presentes para celebrar instantes cruciales.
Incluso en algún momento parece filtrarse
el brindis de Cavallería
Rusticana, ópera que sin
embargo no aparece aquí musicalmente.
Mientras en la obra de Mascagni uno de los
protagonistas exclama que sus pensamientos
se los ha sugerido el vino, aquí
es la bebida la que suelta la lengua a una
madre sobreprotectora (deformada Lady Macbeth)
dispuesta enfrentar a la novia de su hijo;
y es la bebida la que destrozara a la madre
de esa joven que oscilando entre la pasión
desatada y los intereses materiales es rechazada
por su probable suegra.
La presunción de que esa madre castradora
es una deformada Lady Macbeth (¿según
Verdi y su libretista Francesco Maria Piave
o según Shakesapeare?) no es caprichosa:
el "O filgi, o figli miei" del
Macbeth de Verdi también
se incluye en la banda sonora.
Nada de esto impide que Match Point
posea una historia muy creíble que
más allá del melodrama recrea
pautas de comportamiento reiteradas a lo
largo de los siglos, llegando a este presente
en que se ubica el relato.
Los desbordes están a la orden del
día y Allen no desea disimularlos.
Sin embargo restringir este título
a un juego acerca de la ópera es
limitar los propósitos del autor.
Allen juega con la ópera italiana
pero también lo hace con la literatura
y podría realizarse otro análisis
de la realización desde esa óptica.
Las referencias a Crimen y Castigo
de Dostoievsky son claras, hasta subrayadas
para que ningún espectador las obvie.
Y otro tanto hace con varios autores y especialmente
con la escritora Patricia Highsmith, cuyo
Pacto siniestro según
Hitchcock integra el "referente fílmico"
habitual en Allen.
Allen "lleva" a sus personajes
un par de veces al cine. En una oportunidad
dos de ellos irán a ver un film que
no vemos pero cuya banda sonora escuchamos
(Rififi, de Jules Dassin),
enfatizándose así la componente
"culta" de la pareja; y en otra
ocasión varios protagonistas irán
a ver un film que tampoco vemos pero se
anuncia en la marquesina de una sala: Diarios
de motocicleta (seleccionado por
un personaje femenino cuya presunta "vulgaridad"
se desea destacar). La "filmofagia"
alleniana no es obviada, aflorando otro
de los filones a explorar en Match
Point.
Allen empero gusta desafiar la moral del
espectador. Mientras en la evocada obra
de Highsmith/Hitchcock el espectador condena
moralmente al asesino porque el film le
ofrece un personaje positivo con el cual
identificarse, Allen no deja esa opción.
Con magistral perversidad nos conduce a
identificarnos con el asesino y desear que
no falle en sus propósitos.
Decididamente Allen gusta hacer alarde de
su erudición, sin por ello circunscribir,
minimizar ni soslayar la posibilidad de
lograr plenamente el disfrute de este film
por parte de quien permanezca ajeno a ese
alud referencial. Despojando de eruditas
resonancias a Match Point,
la realización vale por si misma:
como historia de amor, film policial, reflexión
sobre las casualidades que modifican nuestro
destino y, muy particularmente, mirada crítica
acerca de los débiles y los poderosos
que conforman la existencia cotidiana, en
evocación de su también descomunal
Crímenes y pecados.
La componente autobiográfica igualmente
puede rastrearse aquí, lo cual implica
el que tal vez sea un guiño muy personal
de humor negro. El personaje central de
este film es un hombre humilde que con habilidades
diversas y un matrimonio adecuado logra
introducirse en esferas sociales a las que
admiraba a la distancia, sin poder incorporarse
a las mismas. Y ese quizás sea el
Woody Allen que en su infancia y juventud
admiró a unos "dioses"
hollywoodianos con los que llega a codearse
cuando se convierte en el genial e iracundo
neoyorkino que modifica al cine norteamericano
y especialmente cuando se incorpora al "jet
set" de la pantalla en pleno, a través
de su casamiento con Mia Farrow, algo que
reconocería personalmente.
Match Point es un título
de Woody Allen absolutamente diferente dentro
de su filmografía. No es "cine
americano" por su ambientación
pero no lo es tampoco por su formulación
peculiar: mixtura entre ópera italiana
y cine británico que arranca como
retrato social y culmina con un asunto criminal;
con encantadora y anciana "lady"
de clase media baja incluida. Personaje
este último que en otra época
hubiera exigido la ineludible presencia
de Margareth Rutherford, a la que acaso
se homenajea implícitamente.
Estas características hacen que Match
Point pueda desdoblarse en infinitas
lecturas de acuerdo a la percepción
de cada espectador y la perspectiva que
guste situarse. Solamente la genialidad
de un creador sin par puede ofrecer tales
opciones.
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