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La vie en rose
UN CUENTO ROSA

por Danilo S


Marion Cotillard, nominada al Oscar como Mejor Actriz




Creo que uno de los problemas al transportar al cine la vida de una personalidad es que los cineastas (el director, el guionista, el productor) consideran que esas vidas sólo son capaces de ser filmadas si son mostradas como historias, como cuentos en el sentido clásico del término, con un principio, un desarrollo y un final.



Nuestra cultura pop nos hace añorar cuentos que destilen romance y aventura, intrigas políticas, ideas revolucionarias o cualquier manojo de expectativas que nos haga oscilar entre realidad y fantasía. Partiendo de la premisa de que todo el cine logra esto, puedo afirmar que la La vie en rose supo cómo contar(me) su único cuento sobre la cantante Edith Piaf, exhibiendo el muestrario de un mundo sensiblemente quebradizo, sin que con su fantasía ampliara mi estima sobre la realidad de su personaje.


Con esta idea en mente, no sólo la realidad o su representación en pantalla se vuelve difícil de asir, sino que en éste mundo sensiblemente quebradizo, la individualidad se vuelve una particularidad. Dicha fragilidad es, según las imágenes y los diálogos en pantalla, plausible de ser capturada en el cuadro: libertades con la biografía, sustitutos, doblaje de la voz, máscaras, y cualquier otro truco que recree la ilusión. El muestrario es un sabotaje milimétricamente planificado y parece abarcar todo la gama de lo que se entiende por fragilidad: ceguera, infancia en un burdel, accidentes de autos, amores malditos, adicción a las drogas, bisexualidad, triunfo escénico, tristeza y más. ¿Puede funcionar? Dependiendo del criterio del espectador este film deviene (y otros también lo son) un ticket hacia la ilusión, por su reflejo, por su clonación.


La idea podría ser reforzada al mostrar el objeto desde dos puntos de vista, desde adentro hacia fuera, corriendo el riesgo de exhibir lo que se trata de ocultar: para el caso, la mujer o la artista, la persona con (o como) su imagen. Lo que creo es que La vie en rose no cuenta con esta instancia, no se exhibe ni la fortaleza ni la debilidad, no se escarba más allá de las dicotomías.


Así, "artista" o "mujer" son etiquetas que traban la idea de individualidad y de crecimiento, sustituyéndolas por la representación en la instancia de esa individualidad: dígase la reproducción de lo artístico (la voz) o la particularidad de una personalidad (la caracterización). En términos técnicos, lo primero se resuelve con el doblaje y la batería de canciones que hicieron a Piaf mundialmente famosa. De esta forma lo segundo es lo único a observar de cerca: la caracterización, la sustitución, la clonación. Esta instancia es una pantomima (excelente, por cierto) de Marion Cotillard, en pos de la ilusión.


Olivier Dahan la dirige colocando su cámara entre un bazar de emociones artificiosas, eludiendo alguna realidad que otra (Segunda Guerra Mundial), y detallando algunas instancias (la separación de la figura paterna, el accidente de su amante), mientras el artificio juega su juego, mientras el collage de imagen y sonido representa la realidad de lo que fue. O lo que es igual, su exageración en forma de cuento.


NOMINACIONES AL OSCAR: Mejores actriz principal, Mejor vestuario, Mejor maquillaje.


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