En este portal, ya se ha reseñado
con rigurosidad el film La casa
muda, ópera prima, del
director uruguayo, Gustavo Hernández,
así que sólo se registrarán
algunas reflexiones sobre un film que
si bien incursiona en el género
de terror, es también un thriller
psicológico, con una impostación
dramática muy inquietante.
Es la primera película uruguaya
de terror, que tiene una remake en los
Estados Unidos, titulada Silent
House, ya que los realizadores
norteamericanos - Chris Kentis y Laura
Lau - quedaron fascinados "por
la manera en que la película uruguaya,
explora los acontecimientos que condujeron
a brutales asesinatos, mostrados en el
opus uruguayo, y por la forma en la cual
los espectadores sienten, como si la historia
les estuviera ocurriendo a ellos, de manera
real."
También les impactó el
hecho de que estuviese filmada con una
cámara de fotos, que graba video
de alta definición, y en una sola
toma, - en un solo plano secuencia, sin
cortes.
La historia del film se basa en la realidad,
en el encuentro de dos cadáveres
sin lengua, ni ojos, en la localidad de
Godoy, hace más de sesenta años.
Junto a ellos, se encontraron una serie
de fotografías que contribuyeron
a reconstruir el hecho, que nunca se esclareció
totalmente, según los créditos
finales.
El guionista Oscar Estévez, el
director Gustavo Hernández y el
productor, Gustavo Rojo realizaron una
honda investigación, luego de la
cual recrearon, ficcionalizaron los ominosos
hechos, antes de comenzar el rodaje que
les llevó cuatro días.
Un padre y una hija, son contratados
por el dueño de una vieja casona
campestre, con el fin de acondicionarla,
ya que hay un inminente comprador en puerta.
Padre e hija entran al espacio de la casa
abandonada, pero su interior habla, ya
que los ruidos provenientes del piso superior,
comienzan a perturbar a la hija. La oscuridad
reina en su interioridad, y sólo
algunas lámparas y velas los iluminan.
Desde este ámbito que se presenta
siniestro, no saldrá la luz, ni
la verdad soterrada.
Comienza el recorrido por la casa, una
cámara subjetiva nos muestra a
través de los ojos, de la gestualidad
de Laura (excelente performance
de Florencia Colucci) en quien recae el
mayor peso del film, el peligroso periplo
emprendido. Desde la óptica de
Laura, el espectador queda desde el vamos,
entrampado en un laberinto.
La cámara por momentos se distancia,
la observa, es testigo de lo que le ocurre,
la persigue, denota que hay angustia,
tristeza, miedo, soledad, en las imágenes
de los primeros planos de su rostro, pero
también continúa registrando
otros entornos, fuera de campo, en un
juego de tecnicismos mayor
La banda sonora anuncia sobresaltos,
o subraya a la perfección los climas
desesperantes que se van pautando en el
devenir fílmico.
El elemento humano con el cual contó
el director, - Florencia Colucci, Ariel
Tripaldi, Gustavo Alonso, María
Paz Salazar - se adentró en esta
historia de horror, de terror, de tragedia,
de insanía, con gran maestría.
Luego de la visualización del
reparto, el film continúa. Laura
se encamina a un afuera alucinante, se
dirige con su "hijita" a la
lejana casa de su madre. Aquí tal
vez esté el homenaje insinuado
por el director al universo quiroguiano.
Y así como el brazo del padre se
apoyaba en el vacío, en el relato
El hijo, en una suerte
de alucinada negación de la muerte,
pues su hijo, un adolescente cazador,
yacía muerto al sol "desde
las diez de la mañana"; una
muñequita de trapo, símbolo
tal vez de lo que debía haber quedado
oculto, es lo que terminará llevando
Laura en su mano.
El color gris que envuelve el desenlace,
deslumbra y abisma desde el punto de vista
fotográfico. No en vano, Cannes
vio la proeza realizada por este equipo
fílmico, en el cual se destaca
ampliamente el director de fotografía,
Pedro Luque.