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Reseña
argumental: Dos sistemas: la maquinaria
nazi.... El Vaticano y los diplomáticos
aliados. Dos hombres conspirando desde adentro...
De un lado, Kurt Gerstein, un químico
y oficial de las SS, que existió
en la vida real. Mientras que le suministraba
el letal Zyclon B a los campos de exterminio,
al mismo tiempo, incansablemente denunciaba
los crímenes y alertaba a los Aliados,
al Papa, a los alemanes y a sus Iglesias,
poniendo en riesgo a su familia y a sí
mismo. Por el otro, Ricardo, un joven jesuita,
personaje de ficción que representa
a todos los sacerdotes que tuvieron el valor
de oponerse al genocidio, pagando a menudo
su coraje, con la vida. Estos curas, muchísimos,
algunos conocidos, otros anónimos,
quienes simplemente no aceptaron el silencio
de su jerarquía.
¿En
qué momento de la vida de un hombre,
la ética debe imponerse a la autoconservación?
Kurt Gerstein sabía y quería
que el mundo supiera. La película
pone en tela de juicio el silencio de todos
los que sabían y guardaron silencio.
El director
de origen griego Constantin Costa-Gavras
ha realizado trabajos como
Z (1969),
Estado de sitio (1973) y Mucho
más que un crimen (1989),
entre otros.
CONSTANTIN
SIN CONSTANCIA
Ya no es
novedad que un realizador de notables películas,
con el paso de los años, vaya perdiendo
(a veces de manera inexplicable) su pulso,
ya sea por la incapacidad de salir a flote
por un guión de factura propia o
bien ajeno a su creación, o directamente
porque intenta meterse nuevamente en la
maquinaria industrial, descuidando la sustancia
de un sello autoral característico
y obrando en favor de una incursión
que permita el ingreso de dólares
a las arcas (porque de algo hay que vivir).
¿A qué viene realmente todo
esto? A que Costa-Gavras decidió
tocar un tema (el espantoso holocausto del
pueblo judío) que es premio en casi
cualquier festival de cine europeo o norteamericano,
algo que da para largo, claro; ya se sabe
que en Hollywood, por ejemplo, están
con las orejas paradas para luego importar
guionistas y directores que, entre otras
cosas, hayan tocado la cobarde masacre nazi
durante la Segunda Guerra Mundial. Es decir;
hay trabajo asegurado para ocasiones venideras.
Pero, dejando
de lado esto último más la
fama que puedan acarrearle los premios en
festivales, y suponiendo que Gavras no haya
querido lucrar con algo ya visto en innumerables
películas (y que sería una
enorme falta de respeto para la memoria
de los judíos) sino que realmente
sintiera el deseo de comunicar sus impresiones
sobre una arista tan escabrosa del asunto
en cuestión pues habría que
preguntarse qué otra cosa hay, aparte
de los enfrentamientos entre un oficial
de la SS, shockeado al enterarse de que
su trabajo se usa para el exterminio de
hombres, mujeres y niños, y las autoridades
de la Iglesia, el poder de los nazis, el
pueblo alemán y la indiferencia de
otros países (algunos ni enterados
del horror diario que tenía lugar
en los campos de concentración).
Nada; absolutamente
nada. Si al menos se la hubiera jugado a
hacer un documental todavía. Pero
esto pretende ser un drama y no llega siquiera
a levantar vuelo. Como que la mesa queda
servida pero nadie viene a comer. Todo está
presentado correctamente pero no hay interacción
creíble alguna. Tan solo un par de
efectismos (asesinatos de enfermos mentales,
disparos sin piedad contra dos jóvenes
prisioneros judíos) y conversaciones
que lo único que hacen es ratificar
las posiciones de uno y otro bando, y la
información que ya se sabe de antemano.
Los personajes se mantienen casi inalterados,
moviéndose para todos lados pero
sin un desarrollo que permita a ambos salir
un poco de esa narración trivial
y que sólo se alimenta de hechos
en lugar de reflexiones a partir de los
mismos, como lo hiciera con un tema parecido
en Mucho más que un crimen,
con Jessica Lange defiendo a su padre húngaro,
acusado de crímenes de guerra y en
donde la rutina y el oficio laboral se mezclan
inevitablemente con las emociones.
La carrera
de Costa-Gavras nos muestra ciertas irregularidades
(el drama racista de Traicionados)
y muchos puntos altos (Z,
Estado de sitio,
Desaparecido). En Amén
ha hecho uno de sus peores trabajos,
lo que no implica que este hombre haya perdido
su talento; tan solo tuvo un nuevo y considerable
tropezón que se contradice con un
cine valiente, poderoso y sin reservas,
al que nos tenía acostumbrado.
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