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Reseña
argumental: En la familia Portokalos
todo el mundo se preocupa por Toula. Soltera,
con 30 años de edad, Toula trabaja
en el Dancing Zorba’s, el restaurante
griego que pertenece a sus padres, Gus y
Maria, y que huele a pan de ajo. Jurando
que preferiría clavarse un puñal
al rojo vivo en un ojo antes que trabajar
en el restaurante por el resto de su vida,
Toula se considera preparada para el cambio.
Desafortunadamente, el resto de su familia
no coincide en su apreciación. Tras
tomar un trabajo en la agencia de viajes
de la tía, se enamora de Ian Miller,
un profesor de secundaria alto, apuesto
y definitivamente no griego. Toula no está
segura de qué será más
perturbador para su padre chapado a la antigua:
que Ian sea un xeno (extranjero) o que sea
vegetariano. Pero nada de eso importará
una vez que él haya pedido su mano.
Toula sabe que si Ian logra ser aceptado
por su desquiciada parentela, su gran, enorme,
desproporcionado casamiento griego–
el cual incluye una limusina azul, dos esculturas
de hielo y diez damas de honor con vestidos
color turquesa – va a ser pan comido.
Pan de torta, una torta de cinco pisos con
una escalera de plástico y una fuente
con champagne.
Curiosidades:
La película
se filmó en Toronto, Canadá,
país del cual es oriunda la actriz
y guionista Nia Vardalos. Su verdadero nombre
es Antonia Eugenia Vardalos. Nia vino por
la coincidencia en la terminación
de sus dos nombres de pila, puestos por
sus abuelas.
Vardalos
fue descubierta por Rita Wilson cuando Nia
estaba haciendo un unipersonal con esta
misma historia que aparece en la película.
Wilson es la esposa de Tom Hanks y también
la que motivó a su marido a producir
Mi gran casamiento
griego.
HUMOR
CON DISTINCIÓN
Es evidente
que rastreando en el pasado los ejemplos
de buenas comedias en el cine abundan pero
en los últimos tiempos han sido escasas
las que mantuvieron una línea de
buen nivel narrativo, personajes trabajados
y un toque de humor fino, sano, chispeante
y gracioso, que arrancara incluso hasta
la carcajada del espectador más reservado.
No solo por la novedad de poder empaparse
un poco más con algunas tradiciones
griegas sino también por la historia
en sí, condimentada con algunos toques
románticos, irónicos y hasta
de ese humor simpáticamente grosero
y que no recurre a las clásicas ordinarieces
gratuitas (vistas en comedias casi insoportables
como American
Pie, Scary Movie o Shrek,
entre tantas otras) que a cada rato aparecen
en la cartelera comercial.
Cuando uno
no está terminando de reírse,
disfrutando alguna escena, enseguida aparece
otra que la sustituye y todavía con
creces. Es una historia, obviamente, muy
personal de Vardalos y también un
reflejo real de muchas familias inmigrantes
que tratan de mantener las tradiciones a
través del tiempo y de las generaciones
que van llegando. Hay apuntes por demás
buenos en cuanto a actitudes y comportamientos
que abarcan a casi todos los integrantes
del grupo familiar.
Eso sí;
es muy difícil que una película
con tantas cruces de Cristo en pechos de
numerosos actores y actrices pueda ser nominada
al Oscar a Mejor Película (ya se
sabe lo que allí impera). De todas
maneras Mi gran casamiento griego
constituye uno de los mejores estrenos en
lo que va de este 2003.
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